Diques a la violencia

Dice un refrán chino que aun el más largo de los caminos se inicia con los primeros pasos. La imagen nos viene que ni mandada a hacer ante los males que nos aquejan. Por algún lado tenemos que empezar a levantar diques a la corrupción, a los fraudes, a las mentiras colectivas, a nuestra pobreza, a nuestro desorden. De manera especial se impone discutir sobre nuestra violencia: hechos de sangre, feminicidios, secuestros, masacres, desapariciones forzadas, las burdas represiones; nuestra necrofilia desatada pues.

Casi no hay rincón de la patria de la que no salten denuncias sobre estos desaguisados de la descomposición generalizada que padecemos. No pasa un día sin que se registren números rojos en este renglón. Las diferencias son sólo cuantitativas. Las notas dan cuenta de la crueldad, la sevicia, la insania, la alevosía, la venganza, la protervia, las peores características instintivas y no más refrenadas de nuestra animalidad. Muchos otros pueblos han cruzado estas dolorosas etapas.

Nuestro país conoció ya momentos históricos traumáticos semejantes al actual. Tres, cuatro algaradas, llamadas revoluciones, donde la sangre de hermanos corrió a raudales. Sea de otros rincones del planeta o venga de nuestras experiencias pasadas, sólo se puede decir que no aprendemos, pues repetimos los mismos errores, tropezamos de nuevo con las mismas piedras.

Sin embargo, no hay peor lucha que la que no se hace. Levantar el espejo y mirar nuestros propios rostros airados, descompuestos, abotagados de cólera, mirarnos a la cara unos a otros sin tapujos, sin mentiras, es un ejercicio de introspección necesario, urgente. Es un paso. Puede ser el primero o de los primeros. Pero es una tarea no más perentoria, no más aplazable.

Aquí en Jalisco, los filósofos locales celebran congresos estatales. En ellos se sientan a dirimir reflexivamente los asuntos que siempre les trae ocupado el magín. Pero para este 2016 decidieron dedicar su jornada anual a inquirir sobre esta perversión enconosa que nos está destruyendo lentamente. Su tema central lo resume claramente: “Nuestras violencias, presente y pasado: ¿laberinto sin salida?”.

Su evento tendrá lugar los días 18, 19 y 20 de febrero. Será anfitrión de lujo el seminario mayor de Guadalajara, que abrirá sus espaciosas instalaciones al público en general dispuesto a sumergirse en estas meditaciones, tan actuales y lacerantes. Lo organizan los filósofos del seminario mayor, como anfitriones, pero también los del ITESO, del IFFIM, del Departamento de Filosofía de la UdeG, los del Colegio Jalisciense de Filosofía y la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Jalisco.

La oferta de los temas resulta variada. La primera mesa, que será la de apertura, versará sobre “Violencia de género”’. María Guadalupe Ramos Ponce, Rocío Salcido Serrano y Pedro Antonio Reyes Linares disertarán sobre el tema. Tras ella se montará la que tocará uno de los flancos más candentes de esta problemática, nuestra “Violencia política”. Para reflexionar sobre asunto peliagudo los invitados serán el presbítero Tomás de Hijar Ornelas, a Esteban Garaiz Izarra y a Jaime Torres Guillén. Tras escuchar a los invitados, se dará paso a las ponencias registradas para cada tema. La exposición de estos materiales y su interacción con el público darán cerrojo a los trabajos, que ocuparán toda la tarde del jueves 18, el primer día.

El viernes 19, también por la tarde, se montarán tres mesas. Será el día más nutrido de las sesiones del congreso. Primero vendrá la de “‘Violencia y religión”. Se invitó a participar en ella a los especialistas Héctor Javier Franco Vázquez, Óscar Valencia Magallón y Carlos Mongardi Domeniceli. Tras ella se instalará la llamada “Violencia en el imaginario mexicano” en la que participarán Juan Ignacio Mancilla Torres, Luis Fernando Suárez Cázares y Alfonso Alfaro Barreto. La tercera versará sobre “Economía y violencia”. La componen los peritos Felipe Zermeño López, Luis Ignacio Román Morales y Dante Haro Reyes.

Siguiendo la misma mecánica del día anterior, tras ventilarse las exposiciones de los especialistas, vendrá la exposición y discusión de las ponencias que se registraron para cada tema, dando lugar en estas sesiones a la interacción del público asistente con los peritos y los ponentes. Por motivo de tiempos, las sesiones de los invitados serán plenarias, pero las exposiciones de las ponencias se realizarán de manera simultánea en diversas aulas. El público tendrá que discriminar a cuál de ellas asistir, salvo quienes posean el don de la ubicuidad, que sí podrán estar en dos o hasta en tres de las sesiones.

Finalmente, sábado 20 por la mañana se instalará la mesa de “Antropología y violencia”, en la que disertarán Pedro de Velasco y Rivero, Luis Armando Aguilar Sahagún y Fernando Carlos Vevia Romero. Tras sus exposiciones se abrirá la sesión de las ponencias que se ventilará en dos sesiones debido a la buena cantidad de trabajos registrados para este tema.

Estos congresos locales de filosofía se han propuesto rescatar cada vez la figura de un pensador del terruño. El primero se centró en la figura y obra del entrañable Arturo Rivas Sáinz. El segundo se dedicó a la estampa del recién fallecido Jorge Manzano Vargas. Para esta ocasión se escogió la señera imagen del maestro Carlos Eduardo González Durán (1924-2012). La mesa sobre el homenajeado la componen Eunice Michel Díaz, Francisco José Zamora Preciado, Juan M. Negrete y Arturo González Macías, hijo del homenajeado.

Como se informa en la publicidad que ya corre sobre el evento, el maestro González Durán es un personaje clave del pensamiento crítico en el occidente de México. Destacado jurista, compartió su tiempo como docente en la antigua Facultad de Filosofía y Letras de la UdeG, desentrañando entre otras minucias de la exquisitez intelectual el complejo pensamiento de Heidegger.

Siendo magistrado presidente de la segunda sala en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco, su pasión jurídica lo llevó a liberar a perseguidos políticos en plena “guerra sucia”. Por este asunto tan impactante perdió su plaza de magistrado y fue expulsado de su cátedra universitaria. Sin embargo, continuó enarbolando las causas de la lucha social hasta sus últimos días. Se merece entonces el homenaje que a su trayectoria le rinde este tercer congreso jalisciense de filosofía. Un ramalazo de luz reflexiva en medio de tantas tinieblas demagógicas, sobre la violencia que nos envuelve.  l