“No perderé mi mexicanidad”:G. Iñárritu

Tras tres premios Oscar el año pasado con Birdman (Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Original), y las 12 nominaciones que alcanzó este 2016 para esa misma estatuilla con El renacido, su sexto filme –primer lugar en la taquilla de Estados Unidos y el país–, el mexicano Alejandro G. Iñárritu asegura que no ha contado con tiempo para reflexionar al respecto:

“Llevo tres años sin parar, alejado de mi vida ordinaria. Ésta sí ha tenido un impacto, y siento esa melancolía de la vida ordinaria, de una rutina, de una vida ordenada. No he tenido la oportunidad de ver qué tanto se ha transformado, quizá en un año pueda responder eso.

“Yo creo que he aprendido mucho con El renacido. Creo que soy un eterno estudiante de arte y cine, y aún me falta mucho por aprender. Creo que aprendí mucho aquí; pero por otro lado cuando me levanto, me sigo sintiendo el mismo ignorante de siempre. Quizá eso es un buen síntoma. En realidad sigo con las mismas curiosidades, las mismas limitaciones, las mismas fortalezas, y en ese sentido me gusta porque me llena de serenidad.”

–¿Cómo ayuda un Oscar? ¿Abre más las oportunidades para filmar?

–No sé. Tampoco lo puedo decir porque todo ha sido tan aglutinado, tan apretado…

“Cuando gané el Oscar con Birdman ya estaba filmando El renacido, de hecho iba a la mitad. Los Oscar me sumergieron dentro de la producción de  El renacido, y no me ha dado tiempo ni siquiera de reflexionar.”

–¿Y qué significa para usted que su sexto largometraje, protagonizado por Leonardo DiCaprio, tenga 12 nominaciones para la presea de Hollywood?

–Eso me hace sentir muy contento y con mucho orgullo, porque es una película que tomó riesgos infinitos: del rigor diario, las bajas temperaturas durante la filmación, de las alturas a las que filmamos también, de las decisiones financieras y creativas, de las formas y las gramáticas visuales que tomé. Que haya salido adelante la película por sí misma es la gran recompensa de algo que tú crees y que te enfrentas contra todas las posibilidades como artista, y como ser humano.

–Se resalta que es un mexicano conquistando Hollywood, y lo están reconociendo allí; pero se critica que no realiza cine mexicano, y eso a algunos no les gusta. ¿Qué puede decir al respecto?

–Creo que el arte en general, como expresión humana, es un punto de vista universal y suena como una frase hecha, pero es universal. El arte o la expresión artística individual de una persona, quien sea, no tiene que ver con una cuestión geográfica. Es decir, la geografía no puede determinar la integridad, la congruencia o la honestidad que tenga la visión de ese individuo.

“Los grandes escritores, pintores, músicos de diferentes partes del mundo, han hecho sus más grandes obras en el exilio o cuando por cualquier otro motivo estaban fuera de su país. Salir implica no estar en tu zona de confort y se ve uno a sí mismo, de donde uno nació, y se analiza dónde está uno en ese momento. Ese impacto, esa línea de ausencia o de orfanato geográfico siempre propulsa una creación porque hay una incomodidad, porque hay una inquietud, porque genera una serie de sentimientos encontrados. Entonces, me parece que es una posición a nivel creativo salirte de tu zona de confort, dejar de ser el rey de tu ranchito. De hecho, eso es un gran estimulador creativo porque te pone en una posición distinta.”

Argumenta el también realizador de Amores perros (2000), 21 gramos (2003), Babel (2006) y Biutiful (2010):

“Mi mexicanidad está en todos mis trazos, ¡en todos! Ahora sí que como decía el escritor francés Voltaire: ‘La infancia es la patria’. Yo no perderé jamás mi mexicanidad. No tengo un problema de identidad. Así que en cada trazo cinematográfico está mi mexicanidad.

“Como artista, creo que la única responsabilidad es la de ser honesto y verdadero con tu realidad, y tus circunstancias como persona. Mis circunstancias han sido el radicar ya casi quince años fuera de mi país. Soy un hombre de piel oscura, con dos hijos mexicanos en un país que ha tenido recientemente un crecimiento xenofóbico importante, en un debate de prejuicios contra mis hermanos mexicanos y latinoamericanos que tanto han aportado a esta cultura, y estar en medio de esta situación y esta realidad me llena de un incentivo.”

El también productor pone como ejemplo El renacido:

“Cuando reescribí esta historia leyendo el contexto histórico de los Estados Unidos en los inicios de su nación, en un país multimestizo, la historia del hijo de DiCaprio (un niño mestizo con piel morena, de un padre navegando dentro de un país con tantos prejuicios donde la esclavitud era legal) me parece una extensión de los temas que hoy a mí como padre, como mexicano dentro de esta misma nación, tienen un espejo y una resonancia. Y esa es mi realidad, con la que yo tengo que ser congruente.

“Ahí está quien soy yo. Quizá este largometraje no lo hubiera nadie escrito si fuera sueco, suizo o estadunidense, esto es algo que me interesa a mí, que es el corazón de la película. Repito, el arte no puede estar supeditado por la geografía o por el lenguaje, eso es lo menos importante; tiene que ver con el trazo interno de la obra, y en cada una de mis películas no me puedo escapar de esa mexicanidad que nadie puede supeditar con lo que yo llamo nacionalismos chatos.”

Y finaliza:

“Esos nacionalismos chatos sí me parece que reducen todo a una especie de demagogia politicoide de una baja estirpe, ¡y yo no podría ser tentado jamás por eso!”  l