Así, efectivamente, Toledo-Monsiváis, se titula el libro que acaba de aparecer como catálogo de la exposición homónima presentada de noviembre de 2012 a marzo de 2013 en el Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis. En entrevista, el historiador por la UNAM Francisco Vidargas, quien coordinó el volumen coeditado por Galería Arvil, Ediciones Era, el gobierno de la Ciudad de México y el Estanquillo, asegura que el cronista Carlos Monsiváis fue el crítico más cercano a la obra del artista Francisco Toledo.
Entre los críticos y estudiosos que han abordado la obra y vida de Francisco Toledo (Oaxaca, 1940), el más cercano ha sido –sin duda– el cronista y escritor Carlos Monsiváis (1938-2010), a quien el artista juchiteco dedicó y entregó parte de sus obras y realizó incluso su urna funeraria.
Ambos trabajaron juntos varios proyectos artísticos.
Así lo relata Francisco Vidargas, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), curador y coordinador de exposiciones, exdirector de la Pinacoteca Diego Rivera en Xalapa, exdirector del Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante” en San Miguel de Allende, y actualmente subdirector del Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
A decir suyo, Monsiváis hizo una revisión realmente esencial del trabajo de Toledo como artista y promotor cultural. Parte de ese quehacer se reúne en el libro Toledo-Monsiváis, coordinado por Vidargas y publicado por Ediciones Era, la Galería Arvil, el gobierno de la Ciudad de México y el Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis, y que recién apareció como catálogo “tardío” de la exposición homónima presentada en dicho recinto de noviembre de 2012 a marzo de 2013.
El volumen, de 227 páginas, será presentado el 21 de febrero a las 13:00 horas en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, con la participación de la escritora Elena Poniatowska, el monero Rafael Barajas El Fisgón –curador de la muestra–, el secretario de Cultura del gobierno de la Ciudad de México Eduardo Vázquez Martín, y el propio Vidargas.
En entrevista con Proceso, el historiador explica que el Museo del Estanquillo comenzó a preparar el catálogo hace tiempo. El jefe de colecciones, Evelio Álvarez, ya tenía todo el registro fotográfico de las obras que habían formado parte de la exposición, buena parte de ellas pertenecientes a ese recinto. Destaca:
“Déjame decirte que ésta es una de las colecciones más importantes que hay de Toledo en un museo mexicano. Es un dato importante porque demuestra la cercanía, la afinidad y la complicidad que había entre los dos. No vayamos muy lejos, la urna funeraria y los tapetes que están en la Biblioteca de México, en la colección (bibliográfica) de Carlos Monsiváis (adquirida en su momento por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) también los trabajó Toledo.”
La propia Galería Arvil, dice, propició varios proyectos entre Carlos Monsiváis y Francisco Toledo, “el más significativo fue el Nuevo Catecismo para Indios Remisos (editado por la galería en 1981 y por Siglo XXI en 1982).
A Vidargas lo invitan para darle una orientación al catálogo. Recuerda que conoció a Toledo en los años ochenta precisamente en la Galería Arvil, a la cual asistía frecuentemente para adquirir libros y la revista Guchachi’Reza (“Iguana rajada”) que el artista hacía en Juchitán con el poeta recién fallecido Víctor de la Cruz y Víctor Terán.
Así que cuando lo convocaron no lo pensó dos veces. Había visto la exposición en más de una ocasión y junto con Barajas decidió el perfil: Recopilar los textos que Monsiváis dedicó a Toledo. Arvil propuso a su vez que fuesen en concreto los que habían sido resultado de la colaboración entre ambos creadores.
Se reúnen así los textos del cronista: “Nuevo Catecismo para Indios Remisos”; “Que le corten la cabeza a Toledo, dijo la iguana rajada”; “Lo que el viento a Juárez”; “Toledo y Borges: las zoologías complementarias”; “Francisco Toledo: Ni igual, ni semejante, ni distinto”; y “Toledo y su libreta de apuntes”.
La selección se complementa con otros ensayos: “Para fijar la atención del lector”, del propio Vidargas; “Dos tipos de cuidado”, de El Fisgón; “Monsi/Arvil: 50 años de amistad”, de Armando Colina y Víctor Acuña; “Monsiváis catequista”, de Sergio Pitol; y las entrevistas “Los pecados de Carlos Monsiváis y Francisco Toledo”, hechas por Elena Poniatowska.
De tiempo atrás
Cuando se le pregunta a Vidargas desde cuándo comenzó la relación entre Monsiváis y Toledo, en qué momento de sus vidas y cómo fue interesándose el escritor en su obra, refiere que ninguno de los dos habló en público de su amistad e incluso él tuvo ciertas dificultades para rastrear sus orígenes, aunque hay dos videos realizados por el entonces Conaculta (ahora Secretaría de Cultura) donde ambos hablan de su relación.
En su texto, Vidargas menciona la respuesta que Monsiváis dio en alguna ocasión a El Fisgón, respecto del inicio de su amistad con Toledo:
“Ni me acuerdo de cuando no lo conocía.”
Refiere luego que Monsiváis escribió en 2008 que su relación con el artista plástico venía desde los años sesenta:
“1962 o 1963, cuando él vino alguna vez de Francia, donde estudiaba y, también, donde recorría París y distintas ciudades italianas, visitando museos y paisajes. Desde entonces sostengo una amistad que tiene mucho que ver con las empresas culturales de Toledo.”
El vínculo se reafirmó, agrega el coordinador del volumen, cuando el movimiento obrero, campesino y estudiantil en su pueblo, en los años ochenta. Cita ahora a Toledo:
“Recuerdo que conocí a Carlos a partir de su apoyo a la Casa de la Cultura de Juchitán y al movimiento que encabezó junto con Fernando Benítez y Elena Poniatowska, en protesta por la represión en contra de la COCEI.”
Y es que fue el momento en el cual se reafirmó su relación. Monsiváis, Benítez y Poniatowska apoyan no sólo a la Casa de la Cultura, sino al ayuntamiento de Juchitán –por primera vez no priista—“y Toledo está muy metido con el tema de Leopoldo de Gyves (presidente municipal), está el fotógrafo Rafael Doniz con él, Víctor de la Cruz… están en ese trabajo de defender un ayuntamiento democrático en México”.
Se da posteriormente su vínculo a partir del arte. Cuenta Monsiváis que Toledo descubre en Oaxaca un Catecismo para indios remisos, esto es, aquellos que no quieren aceptar la “verdadera religión”. Los grabados, pertenecientes a los siglos XVIII y XIX, fueron adquiridos por Armando Colina y Víctor Acuña y se los entregaron a Toledo, quien trabajó con ellos “uniéndolos a su mitología juchiteca”. A su serie la tituló “Nuevo Catecismo para Indios Remisos” y es cuando pide a Monsiváis escribir los textos.
Ése es el inicio, afirma Vidargas, de una relación a partir del arte propiciada por la Galería Arvil. Posteriormente llevaron a cabo Lo que el viento a Juárez, un conjunto de obras realizadas con técnicas mixtas sobre fósil, amate y papel y esculturas en cera coloreada. Monsiváis hizo también la presentación explicando cómo ya no hay modo de desmitificar al prócer de “semblante protocolario”:
“Toledo elige una fórmula donde la admiración requiere de la ironía y la ironía se funda en la admiración. Se declaran abolidos los panoramas de la historia de bronce y las rencillas de la antihistoria… es ya hora de ver en Juárez al símbolo no sólo de la historia sino de la cultura popular, y en esta recreación, Toledo se diversifica y acude al gouache, al grabado, a la litografía a los experimentos con piedra fósil, al collage…”
Una rica colección
Vidargas considera que Monsiváis siempre reconoció el genio creativo de Toledo, disfrutaba mucho de su trabajo. De hecho, dice, esta serie artística es la que nutre más la colección del Museo del Estanquillo. El cronista y escritor apreció también su labor como promotor cultural. Y a decir del historiador, si bien también los unió en un momento el apoyo a la COCEI (y en algún momento en la protesta contra el entonces gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz), el cronista se ocupó menos de la faceta de defensor social y del patrimonio cultural del pintor, escultor y grabador.
Sin embargo, cita el texto publicado en la Revista de la Universidad de México por Monsiváis, en el cual el escritor le reconoce:
“Ha defendido a indígenas injustamente presos, a las víctimas de la represión salvaje de los últimos meses, a los estudiantes, a los profesores, a los heridos, a los golpeados. Por supuesto, ha sido difamado por los esbirros periodísticos y por los sectarios de la ultraizquierda, pero él persevera y continúa con su obra notable, con su promoción cultural y artística y con su defensa de los derechos humanos (…) Toledo nos hace ver mientras defiende el derecho a la cultura y a la civilización.”
–¿Hubo entre ellos coincidencia en sus gustos? ¿Literarios, poéticos, quizá ideológicos?
–Estaban en los dos extremos. Toledo se involucra con la COCEI y a final de cuentas le salió el tiro por la culata, se fue de Juchitán y jamás ha vuelto. Su hija Natalia vive allá, pero él no ha vuelto. Le regalé uno de estos carteles (muestra uno con un dibujo de José Luis Cuevas sobre la organización) porque tengo varios de diferentes artistas, y se extrañó: ‘¿Por qué me das algo de la COCEI? Esos temas no me interesan’. Le dije: ‘Para que lo tengan en el acervo del IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca)’.
“Y Carlos también tuvo una militancia, pero siento que a veces no llegaron a coincidir en temas. Las afinidades eran con la promoción cultural. Eso Carlos se lo reconocía por todos lados, la gran generosidad de Toledo para donar sus colecciones y hacerlas museo.”
Para Vidargas la mejor muestra de la “entrañable amistad” entre Monsiváis y Toledo son las 68 obras del pintor que resguarda el Museo del Estanquillo “y que van de puntas secas, tintas chinas, gouaches, impresiones fotográficas y técnicas mixtas, hasta grabados, litografías, aguatintas, xilografías, dibujos a lápiz, tallas en madera, bronces, cerámica, carpetas y cuadernos fabricados en el Centro de las Artes de San Agustín Etla”.
Las obras fueron un obsequio del propio Toledo. Se le pregunta al historiador qué clase de obra, pues se dice en ocasiones que los artistas no suelen regalar lo mejor de su trabajo.
“Le regalaba a Carlos piezas que fueran significativas para los dos. No eran obsequios como tú dices. Inclusive Rafael Barajas desliza la idea de que Toledo también lo podría haber hecho con intención.”
La intención de que ese museo tuviera una colección importante de su obra. Hay obra muy personal, que difícilmente se encuentra en otras colecciones, dice.
–¿Quiso garantizar su permanencia?, se le pregunta:
–Exactamente. Aparte de lo que él ha dado al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) y al IAGO.
Rafael Barajas El Fisgón también habla en su texto de cómo inició la relación entre los dos creadores, y cómo se estrecha este vínculo a partir de su apoyo a la COCEI. Luego de la especie de complicidad para la creación del Nuevo Catecismo… Y se avoca justamente a describir la colección. Dice en un momento al hablar del gusto de Monsiváis por la lucha libre:
“Toledo le regaló a su amigo dos gouaches de gran tamaño y una litografía con el tema de los luchadores, que son –hasta donde sabemos (o hasta donde sabía Monsi)– de las pocas piezas hechas por el pintor con este tema.”
Pasa más adelante a describir que entre los “toledos” del Estanquillo se encuentra, “en el pináculo de la pinacoteca”, el conjunto de piezas con el tema de Benito Juárez.
La exposición Toledo-Monsiváis estuvo conformada por 228 obras. A las pertenecientes al Museo del Estanquillo, exhibidas por primera vez, se sumaron de la colección Arvil y de la carpeta del Nuevo Catecismo para Indios Remisos. El libro-catálogo viene lujosamente ilustrado con imágenes de las obras presentadas y se incluye al final una lista detallada de ellas. l








