En este mes de enero en que se ha llevado a muchos nombres importantes en la comunidad artística mundial, la tristeza se hizo mayor cuando tocó a un personaje cercano al público y la comunidad rocanrolera mexicana: a Everardo Mujica, mejor conocido como Lalo Tex, compositor, guitarrista y cantante de la banda Tex Tex.
Cuando muchos apenas hablábamos de la repentina muerte de David Bowie, el gran ícono del rock mundial, de su importancia artística y social, nos enteramos de la muerte de Lalo, el Muñeco Mayor, uno de los músicos más queridos y admirados en nuestro país.
A punto de celebrar sus 30 años de carrera al frente de Tex Tex, todavía el día anterior pisó un escenario del cual se retiró lentamente y con claros signos de debilitamiento.
Su muerte no pasó desapercibida para nadie: público, colegas y medios de comunicación lamentaron su partida y las anécdotas a su lado comenzaron a circular por todos lados.
Esas demostraciones de admiración y respeto no sucedían en el medio rocanrolero nacional tal vez desde la muerte de Rita Guerrero, cantante de Santa Sabina, hace casi 5 años.
El blues fluía por sus dedos y tocaba su Fender Stratocaster como muy pocos en México, así directo al amplificador sin un solo efecto adicional. El blues también estaba en su voz, poseía el don de la melodía además de un sentido del humor excepcional, el cual dejaba latente en sus letras.
Será difícil olvidar el gran front man que era; con las tablas de un actor experimentado, cualquier micrófono que tomaba lo hacía suyo e involucraba al público con su música a través del humor y el rocanrol.
Llamaba a su música “Rock agrario”, haciendo mofa de sus orígenes en Ixtenco, Tlaxcala, muy cerca del estado de Puebla, y su vida en Texcoco. Acostumbraba reírse de sí mismo, y dada su tez morena solía decir que “la gente a veces se confunde y creen que venimos de Bélgica, pero no, somos mexicanos”, y también decía: “cuando nací mi mamá me dejó en obra negra”.
Cronista urbano, critico social, poeta del barrio Lalo era de esos pocos que tienen facilidad con el lenguaje, que saben acomodar las palabras en una melodía, de esos que lamentablemente ya no se escuchan mucho en el rock nacional.
En una misma canción podía hacer reír y reflexionar con voz ríspida, bluesera, ranchera, acompañándola con solos de guitarras cargados de blues.
Nos vamos a acordar de él, de eso no hay duda, también recordaremos que lo más importante para él y lo que hizo hasta su muerte fue tocar “pa’ la banda”.








