Homenaje a Sergio Berlioz

A Sergio Berlioz (CDM 1963) director orquestal, compositor y conferencista, quien en el Conservatorio de Música destacaba como un joven culto y distinguido, recibió hace unos días en la sede del Instituto Cultural México Israel A. C. (ICMI) un homenaje por sus veinte años como conferencista sobre música, arte y humanidades.

Su primera conferencia en ese instituto hace dos décadas fue El judaísmo de Franz Kafka, y desde entonces es uno de los pilares del ICMI. En el homenaje participó el Cuarteto de Cuerdas Fundamental, que interpretó Darkei jaim (Sendas de vida), obra suya. El dúo de violín y piano estuvo integrado por Adrián Justus y María Antonieta Tello, quienes tocaron el estreno mundial de la sonata Emuná, y Juan Carlos Villaseñor a su vez Sendas de una ciudad perdida, fantasía para fagot solo de este mismo.

A lo largo de 28 años Sergio Berlioz ha impartido cerca de dos mil conferencias en universidades y centros culturales de la República, y ha publicado centenares de artículos y ensayos en países como Argentina, Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Grecia, Hungría, Israel, Marruecos y Perú.

En una época donde pareciera que todo está dicho ya en materia de composición musical, donde proliferan las voces y estilos compositivos que enmarcan la llamada música de vanguardia o música nueva, surge la voz de Sergio Berlioz para demostrarnos que al margen de técnicas –algunas ya caducas– hay aún mucho qué decir con un acento fresco y revitalizante. El acierto del maestro, a nuestro entender, es que no pretendió nunca crear un nuevo lenguaje musical sino que, al igual que en sus conferencias, valiéndose del ya existente, se expresó, enriqueciéndolo tal vez, aportando y modificándolo como todo compositor o escritor de valía, imprimiendo su sello personal pero sin cancelar, como otros, toda posible comunicación con el público.

Su catálogo de composiciones musicales es ya extenso; destacan innumerables canciones para piano y canto, cuartetos, sonatas, sinfonías, un Réquiem y obras para instrumentos solos. De sus seis sinfonías (la sexta aún sin estrenar), tuvimos oportunidad de escuchar la quinta, La luz de mayo, dedicada a la Batalla de Puebla: Exigente obra para tenor solista, orquesta sinfónica y coro mixto. Fue comisionada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla para conmemorar los 150 años del 5 de mayo, y está integrada por cuatro movimientos que se ejecutan ininterrumpidamente. En el primero describe la desazón de los poblanos ante la inminente invasión de los franceses en 1862. En el segundo el tenor solista y el coro prestan sus voces para interpretar la carta de Víctor Hugo a Juárez. El tercero describe los preparativos de la batalla y en el cuatro el coro resurge con las palabras de Guillermo Prieto que culminan con “los libres no conocen rivales”.

El compositor Venus Rey Jr, quien tiempo después escribió una obra sinfónica sobre el mismo tema, la calificó de maravillosa pues “enriquece, ennoblece y engrandece el repertorio sinfónico mexicano” y lamentó su poca difusión. Ojalá que la nueva Secretaría de Cultura y el INBA volteen sus ojos a este valioso músico mexicano.