El gobierno de Aristóteles Sandoval minimiza la importancia de instaurar la alerta de violencia de género en el estado, pues argumenta que ésta debe ir acompañada de otras medidas. Sin embargo, no avanza en una ni en las otras, mientras siguen reportándose casos de agresiones contra las mujeres y feminicidios.
“Me dio 15 puñaladas. Los doctores dicen que las más graves fueron ocho, que entraron profundo en mi abdomen, una atrás de la oreja y otra en el cuello. Yo sólo recuerdo haber visto sangre por todo el piso. En la ambulancia entendí que me podía morir, pero aún no estaba lista para dejar huérfanos a mis hijos”, dice la joven, a quien se le cambia el nombre por el de Alpha por precaución, pues fue atacada con saña por su expareja.
Ella es una de las cientos de mujeres que han sido víctimas de sus novios, maridos o concubinos; según reportes de la Fiscalía General del Estado (FGE), en 2015 se registraron 7 mil 382 casos, más del doble que hace cinco años.
El año pasado fue el más violento, pues de acuerdo con el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) 151 mujeres fueron asesinadas en la entidad, 16 más que en 2014.
La más reciente Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), de 2011, señala que Jalisco ocupa el cuarto lugar en violencia contra las mujeres, sólo por debajo del Distrito Federal, el Estado de México y Baja California.
El estudio revela que 44 de cada 100 mujeres han sido víctimas de algún tipo de violencia en su relación de pareja, de las cuales 91.2% no lo denunció formalmente. También indica que las jóvenes entre 15 y 29 años son las más susceptibles de padecer violencia física y psicológica, mientras que 17.9% de las mujeres son maltratadas en sus hogares.
También las cifras de la FGE muestran un incremento: en 2010 se reportaron 3 mil 622 denuncias, mientras que para 2015 dicha cifra se disparó a 7 mil 382.
El 15 de diciembre pasado venció el plazo para que el gobierno del estado activara la alerta de género. Sin embargo, el miércoles 20 el gobernador, Aristóteles Sandoval Díaz, señaló en entrevista con Radio Metrópoli que la violencia de género no va a cesar sólo con la declaratoria de alerta de género, sino que tiene que ir de la mano con acciones y compromisos concretos que involucren también a otras dependencias estatales, como las secretarías de Salud, Educación y Cultura.
El crimen
Alpha, de 22 años, desconocía que existe ese mecanismo de protección a las mujeres y no supo adónde pedir ayuda. Tiene cicatrices en brazos, cara y cuello. Una camisa gris y holgada cubre el vendaje de su abdomen. Le gusta la repostería y quiere volver a trabajar pronto.
Tiene dos hijos: uno de tres años y otro de uno. Su agresor es el padre del más pequeño.
Tras un largo silencio, sus expresivos ojos se abren más al mencionar su nombre: “Ricardo y yo nos conocimos en el trabajo. Al principio a él no le molestaba que yo también trabajara. En realidad nunca pensé que fuera un tipo agresivo, al contrario, hasta era cariñoso conmigo. A mi hijo el más grande le pedía que lo llamara papá. Me junté con él porque era muy detallista; nos llevaba siempre al parque y me ayudaba con los pañales y hasta con la leche de mi bebé. Pero a los tres meses de que nos fuimos a vivir juntos, comprendí que yo para él era peor que su esclava”.
Alpha se embarazó por primera vez a los 18 años. No pudo terminar la preparatoria porque su pareja de entonces la abandonó. Le dijo que el embarazo “era bronca suya”.
Ella pidió ayuda a sus padres y hasta el final de su embarazo trabajó a tiempo completo. Cuando su hijo cumplía seis meses conoció a Ricardo Hernández Rojas. Él tenía 28 años y ella 21. Ambos trabajaban en una fábrica de calzado. Durante el año de su noviazgo, Alpha resultó embarazada y la pareja decidió buscar su propio hogar. Encontraron un departamento dúplex cuya renta cubrían con el sueldo de Ricardo.
“Las broncas empezaron por el dinero –recuerda–. Como él ya no me dejaba ir a trabajar, pretendía que con los 50 pesos que me daba al día le preparara la comida y cubriera los gastos del hogar. Yo me las ingeniaba y trataba de hacer rendir el dinero, comíamos sopas y a veces hasta bistec. Pero a él no le gustaba ni siquiera que fuera a la tienda, porque en la calle me saludaban mis amigos y eso le molestaba mucho. Las mujeres son para estar en la casa, me decía.”
Los insultos se hicieron cotidianos. Ricardo le prohibió a Alpha visitar a sus padres. Sólo a escondidas podía hablarles por celular a sus amigas y familiares, pero tenía que borrar el registro de llamadas. El maquillaje no estaba permitido fuera de la casa. Y si los niños lloraban ella debía callarlos de inmediato. El silencio era su mejor refugio.
Sobre la familia de él, Alpha sabe poco; por ejemplo, que la madre también sufrió violencia intrafamiliar y en su casa no se habla del padre biológico. Su hermana pelea frecuentemente con el novio, y cuando beben en reuniones familiares discuten y forcejean. Una vez, dice Alpha, esa pareja se enfrentó a golpes, rompió un cristal y los dos sangraron.
“Esa fue la última vez que quise ir a su casa. No quería que mis hijos crecieran en un ambiente de violencia, y mira…
“Mis hijos comenzaron a tenerle miedo a Ricardo, y cada que él me golpeaba mi hijo mayor intentaba intervenir para que parara. Incluso en esta ocasión que salí del hospital me preguntó si su papi me había querido matar. No supe qué decirle.”
El 27 de diciembre pasado Ricardo intentó asesinarla. Se habían separado seis meses antes y Alpha trabajaba en una pastelería. Llevaba meses ignorando las tentativas de su expareja por acercarse y le pidió a sus compañeros que no le dieran información sobre ella.
Ricardo comenzó a vigilarla día y noche. Se enteró de que los domingos salía más tarde y la puerta trasera permanecía cerrada. La única manera de entrar era como cliente.
Cuando un encapuchado entró y se dirigió al mostrador y, navaja en mano, le dijo a Alpha: “Abre la caja”, ella reconoció su voz y lo llamó por su nombre. El intruso no tocó el dinero de la caja, acorraló a la joven en una esquina y la apuñaló 15 veces.
Mientras la familia de la joven buscaba 15 donadores por la abundante pérdida de sangre, Ricardo cambió de celular y abandonó su empleo. Alpha tenía perforado el pulmón derecho y estuvo en terapia intensiva hasta la primera semana de este mes.
Al presentar la denuncia penal contra el agresor (averiguación 796/2015), la joven se enteró en el Ministerio Público que él ya tenía abierta otra averiguación por violencia intrafamiliar hacia su anterior pareja, de la que él no le habló nunca.
Violencia cotidiana
Personal del área de urgencias de la Cruz Verde Guadalajara informa a este semanario que tan sólo el fin de semana en que Alpha fue atendida allí, cuatro de cada cinco casos correspondían a mujeres atacadas por sus parejas.
Al respecto, la diputada federal por Jalisco del partido Movimiento Ciudadano, Candelaria Ochoa, recuerda el caso de Alpha y los de otras mujeres. Dice que un estudio en el que ella participó como académica de la Universidad de Guadalajara hace aproximadamente cinco años reveló que 58% de los delitos contra mujeres ocurren dentro del hogar. El mismo porcentaje que ocurre en la calle contra hombres.
“Creo que somos una sociedad que ha incrementado la violencia contra las mujeres, básicamente por dos fenómenos: el alto nivel de impunidad que existe y la cultura de desvalorización de las mujeres”, explica.
Menciona que, según la FGE, en 2015 se cometieron 151 asesinatos de mujeres en el estado, 40 de ellos en la zona metropolitana de Guadalajara. Sin embargo, señala que como en toda estadística hay un subregistro de muertes que no se denuncian.
“Hace tres semanas una chica de Amatitán me informó por Facebook el dato de que a su hermana su marido la había matado, y no estaba considerado feminicidio”, comenta.
Apunta que los informes disponibles hasta ahora indican que no hay bandas delictivas involucradas específicamente en asesinatos de mujeres ni lugares más peligrosos que otros, sino relaciones de sometimiento y violencia:
Los culpables, afirma, “son sus propios compañeros y no podemos ubicar una zona, sino distintos barrios de la ciudad, desde Providencia a Oblatos, desde Cruz del Sur y El Sauz a Huentitán; entonces tenemos que hacer un estudio más específico, y yo digo que también un programa cultural”.
En la Cámara de Diputados, Ochoa pertenece a las comisiones de Derechos Humanos, Igualdad de Género, Transparencia y Anticorrupción. Desde esas instancias se ha pronunciado porque el Ejecutivo federal aplique un programa de prevención de la violencia hacia la mujer que incluya un banco del feminicidio, pues si bien existe uno nacional contra la violencia hacia las mujeres, las procuradurías estatales de justicia no lo alimentan.
Añade que ya platicó con los diputados de la Comisión de Igualdad de Género para convencerlos de aprobar una modificación al mecanismo de alerta de género, a fin de agilizarla en cada estado que lo requiera.
“Propuse una modificación a la alerta de género –detalla– porque como está es muy complejo hacerla operativa: primero se constituye el grupo especializado, luego éste hace el estudio en muy poco tiempo y luego se lo presenta al Instituto Nacional de las Mujeres. Luego el Inmujeres se lo manda a la Secretaría de Gobernación, allá lo estudian y ven si es pertinente implantar la alerta de género.”
Explica que esa larga ruta burocrática ha ocasionado que la alerta de género no se haya emitido en Morelos ni el Estado de México, pese a que ya fue aprobada. En ambas entidades, organizaciones civiles han cuestionado a los gobiernos locales por no contar con mapas delictivos.
Explica que durante su cabildeo para convencer a sus colegas de la comisión de Igualdad de Género de modificar la declaratoria de alerta, un legislador le hizo una sugerencia:
“Me dice un diputado del Partido Verde: ‘Pero no digan las ciudades porque las desprestigian’. Le digo: ‘No, las ciudades se desprestigian cuando no se previene la seguridad de las mujeres y se hace caso omiso de los asesinatos’.”
En su opinión, los gobiernos deben crear una policía especializada para prevenir los feminicidios y sensibilizar a los agentes, pues suelen acudir a un llamado de auxilio y después dejar sola a la víctima, que posteriormente es golpeada o incluso asesinada.
En lo que va del año la FGE tiene solamente el reporte de dos agresiones contra mujeres, que ponen en evidencia que este delito sigue cometiéndose sin que se adopten medidas especiales, pues no se ha emitido en Jalisco la alerta de violencia de género.
El primero de esos casos fue el de una mujer de 23 años a quien un hombre golpeó e hirió en el rostro con arma blanca. El ataque se perpetró en el domicilio de ella, en la colonia Las Bóvedas, municipio de Zapopan, porque la joven se negó a tener relaciones sexuales con el agresor.
El segundo reporte corresponde al rancho Los Desmonte, en el municipio de San Marcos, Región Valles, donde una mujer de 35 años fue gravemente lesionada por su marido, Paulo Loza Álvarez, de 52 años, porque éste la vio saludar de beso a un amigo.
El pasado jueves 14 se localizó el cuerpo de otra mujer, de 29 años, en su domicilio en el fraccionamiento Colinas del Roble. La FGE señaló que su pareja, Gustavo Rodríguez Morales, de 22 años, la golpeó y estranguló con una prenda luego de que discutieran porque ella no le preparó el desayuno. l








