La entrevista y su historia

Cuando el presidente Enrique Peña Nieto festejaba la recaptura del Chapo Guzmán, la página electrónica de la revista estadunidense Rolling Stone reveló que los actores Sean Penn y Kate del Castillo se habían reunido con el famoso narcotraficante desde octubre pasado. Ahora, Penn acusa a las autoridades mexicanas de poner en riesgo su vida al decir que su encuentro con el capo fue decisivo para la reaprehensión. Este es un repaso del artículo que trae de cabeza a las autoridades mexicanas y a los abogados del sinaloense.

WASHINGTON.- En su extenso texto “El Chapo habla”, que publicó la revista estadunidense Rolling Stone, el actor Sean Penn narra su encuentro del 2 de octubre pasado con Joaquín El Chapo Guzmán Loera.

Los detalles de la reunión, acordada gracias al contacto facilitado por la actriz Kate del Castillo, se difundieron en el sitio web de la revista el sábado 9, al día siguiente de que el presidente Enrique Peña Nieto proclamara que la recaptura del capo era “misión cumplida”. Penn le arruinó el triunfalismo.

“Información importante”, advierten los editores de Rolling Stone en un sumario: “Algunos nombres han sido cambiados, algunas ubicaciones no se han nombrado, y se negoció con el sujeto (El Chapo) que esta entrevista se presentaría para su aprobación antes de su publicación. El sujeto no pidió ningún cambio”.

En las primeras páginas, Penn admite que se sintió nervioso al enterarse por Del Castillo de que El Chapo aceptaba recibirlo. Relata cómo se puso de acuerdo en Nueva York con dos personas, a quienes llama “Espinoza” y “El Alto García”, para viajar y reunirse con Guzmán en algún lugar de México.

La conversación con ellos dos se efectuó el 28 de septiembre de 2015 en el Hotel Saint Regis, donde Penn se hospedaba. Ese día –el actor lo considera “una paradoja”– Peña Nieto estaba en aquella ciudad para participar en las reuniones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y durmió en el mismo hotel.

“Lo llaman El Chapo. Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el mismo Chapo Guzmán que tan sólo dos meses antes había humillado al gobierno de Peña Nieto y sorprendido al mundo con su extraordinaria fuga”, señala Penn. Por lo mismo, el actor conoce las implicaciones del encuentro:

“La confianza que El Chapo había depositado en nosotros no era algo para chingárselo así como así. Esta será la primera entrevista jamás concedida por El Chapo fuera de una sala de interrogatorios, lo cual me dejaba sin precedente para medir los riesgos que asumíamos… Yo era muy consciente del compromiso de la DEA y otros policías y militares, tanto mexicanos como estadunidenses, que habían perdido la vida ejecutando las políticas de la guerra contra las drogas. Las familias diezmadas y las instituciones corrompidas.”

Pese a estas reflexiones, el actor justifica: “A diferencia de sus colegas que se dedican al secuestro gratuito y al asesinato al azar, El Chapo es antes que nada un hombre de negocios, que sólo recurre a la violencia cuando lo considera ventajoso para sí mismo o sus intereses comerciales”.

A fin de comprobar la autenticidad del encuentro, el sitio web de Rolling Stone­ acompaña la publicación con una foto de Penn estrechando la mano de Guzmán y un video de 17 minutos con el narcotraficante respondiendo a las preguntas que Penn le planteó por escrito.

Se destaca el papel del “principal punto de contacto” entre ambos: Kate del Castillo, que se encontraba en Los Ángeles, California.

Penn anota que en enero de 2012, con valentía, la protagonista de la serie de televisión La Reina del Sur publicó un tuit en el que indicó que confiaba más en El Chapo Guzmán que en el gobierno de México. Eso, dice el actor, motivó al narcotraficante para contactar por medio de uno de sus abogados a la actriz, que obtuvo la ciudadanía estadunidense a finales de septiembre de 2015.

Cuando aún estaba en el penal del Altiplano, Guzmán le hizo saber a Del Castillo que “estaba interesado en que se hiciera una película de su vida, pero sólo le confiaría el guión a Kate. El mismo abogado volvió a localizarla, esta vez a través del equivalente mexicano del Sindicato de Actores de Cine de Estados Unidos, y el narcotraficante encarcelado y la actriz empezaron a enviarse cartas manuscritas y mensajes a través de BBM (el sistema de mensajes electrónicos de Black Berry)”.

Aunque no revela la identidad de Espinoza ni del Alto García, Penn dice que son productores con dinero e influencia en Hollywood.

Fue Espinoza quien le informó a Penn que Del Castillo se comunicaba con El Chapo aun después de su fuga del Altiplano, y al actor se le ocurrió la idea de escribir el artículo y contactar a Rolling Stone para publicarlo. Así que Espinoza arregló una plática entre Penn y la actriz en un restaurante de Santa Mónica, California.

Ahí, dice el actor, “le hablé a Kate de los planes que tenía en mente… y ella acordó hacer de emisaria y enviar nuestros nombres para que fueran aprobados al otro lado de la frontera. Cuando, más o menos una semana después, tuvimos conocimiento de que El Chapo había aceptado vernos, llamé a Jann Wenner de Rolling Stone”, explica Penn.

El pasado domingo 10, en su página de internet, el periódico neoyorquino publicó una breve entrevista con Wenner, fundador y director de Rolling Stone, quien explicó la forma en que Penn se puso en contacto con él, y cómo usaron comunicaciones encriptadas para planear la elaboración y publicación del artículo de 10 mil palabras con la entrevista con El Chapo, cuya publicación “sacudió a México y Estados Unidos”.

The New York Times destaca que el texto provoca serias dudas sobre “ética periodística” al permitir que un sujeto acusado de narcotráfico, asesinato y otros delitos en dos países revisara y “aprobara lo que al final se publicaría sobre él”.

Wenner respondió al cuestionamiento: “Ellos (las autoridades mexicanas) ya tienen a su hombre… ¿Entonces qué quieren de nosotros? No hay nada que podamos agregar”.

Después de recibir el borrador del artículo, se encargaron de editarlo el abogado de la revista y el jefe de edición, Jason Fine. “Tenía la preocupación de no proporcionar un solo detalle que fuera responsable de la captura” (del entrevistado), dijo Wenner.

Agrega que a finales de octubre pasado Penn le notificó que las autoridades mexicanas ya estaban muy cerca de Guzmán. En caso de que les hubieran requerido su material o los hubieran interrogado, afirma Wenner, “hubiésemos hecho todo lo que implica una tradicional operación periodística, en términos de protección de nuestras fuentes”.

De todas maneras, la procuradora general de México, Arely Gómez, reveló los contactos del abogado del Chapo con Kate que les ayudaron a ubicar al fugitivo para recapturarlo.

El día de la reunión

“El 2 de octubre, El Alto, Espinoza, Kate y yo abordamos un vuelo charter autofinanciado en un aeropuerto de la zona de Los Ángeles para viajar a una ciudad en el centro de México. Tras aterrizar, un conductor del hotel nos recoge en el aeropuerto y nos lleva al hotel en el que debíamos reservar. Sospechando de todo ser vivo o inanimado, empiezo a auscultar con la vista automóviles y conductores, madres con niños, abuelos, transeúntes, terrazas de edificios y cortinas de ventanas. Busco helicópteros en el cielo. No tengo duda de que la DEA y el gobierno mexicano están siguiendo el rastro de nuestros movimientos.

“Desde el momento en que Kate se había expuesto con su tuit de enero de 2012 hasta el inicio de nuestras negociaciones cifradas para ver al Chapo, me había sentido desconcertado intentando determinar por qué El Chapo se estaba arriesgando así con nuestra visita. Si Kate estaba siendo vigilada, también debían estar siendo vigilados quienes figurasen en cualquier lista de pasajeros compartida. Si bien no veo un ojo espía, doy por sentado que sí los hay”, escribió Penn.

En el hotel vio a “Alonzo”, quien estaba armado y parecía coordinar la logística. Este hombre y un grupo de subordinados pidieron a los actores y sus acompañantes que entregaran sus celulares. Entonces Penn aclaró que él dejó su teléfono en Los Ángeles. Les permitieron entregar su equipaje en la recepción del hotel, pero antes de que llegaran a sus habitaciones se los llevaron a otros automóviles.

“Alonzo viaja como guardia armado, mis colegas y yo vamos sentados atrás”, explica Penn. Tras hora y media de viaje llegaron a una “pista aérea de tierra”, donde estaban dos avionetas de un solo motor, cada una con lugar para seis pasajeros.

“Hasta que abordamos una de las avionetas me di cuenta de que nuestro conductor había sido el hijo, de 29 años, del Chapo, Alfredo Guzmán. Se sentó a mi lado, habiendo sido designado como uno de nuestros escoltas personales para ver a su padre. Es un tipo bien parecido, delgado y bien vestido, con un reloj de pulsera que podría tener más valor que todo el dinero que albergan los bancos centrales de la mayoría de las naciones. Tiene un reloj espectacular.”

El vuelo en las avionetas sobre “una jungla montañosa” duró un par de horas. A Penn le llamó la atención que no les vendaran los ojos y que sus escoltas no parecieran preocupados.

“Le pregunto a Alfredo cómo podemos estar seguros de que no nos están siguiendo o vigilando. Sonríe (cabe señalar que no pestañeó mucho) y apunta a un codificador rojo debajo de los controles de la cabina del piloto. ‘Ese conmutador bloquea el radar terrestre’, señala. Agrega que tienen un infiltrado que les avisa cuando va a despegar el avión militar de vigilancia a gran altitud.”

Según Penn, las avionetas no aterrizaron en la pista que les habían asignado, sino en otro claro de la sierra, donde ya los esperaban dos camionetas. Comenta que para reponerse del efecto de las turbulencias del aire, bebieron el tequila Honor, que produce la empresa de Del Castillo y el cual llevaron para el viaje.

El posterior recorrido en dos camionetas por caminos de terracería duró unas siete horas. Penn indica que en un vehícu­lo viajaban Espinoza, El Alto García y el conductor; los seguían, en el otro, Del Castillo, Alonzo, Alfredo Guzmán y Penn.

“Llegamos a un control militar. Dos soldados uniformados, armas en mano, se acercan al vehículo. Alfredo baja la ventanilla del pasajero; los soldados se retiran pareciendo avergonzados y nos hacen señales con la mano para que pasemos. ¡Ah! Ese es el poder de la cara de Guzmán. Y la corrupción de una institución. ¿Significaba esto que nos estábamos acercando al hombre?”, cuestiona Penn.

Aunque no lo hace explícitamente, el testimonio del actor fortalece las versiones de que los militares que vigilan la sierra están coludidos con el Cártel de Sinaloa.

Luego del pesado trayecto terrestre, llegaron al claro de un cerro, donde encontraron varias camionetas estacionadas, guardias armados y “unos búngalos deteriorados”. Al bajar de la camioneta, Penn fue a recoger su mochila de la cajuela y descubrió la presencia del Chapo.

“El fugitivo más famoso del mundo. No hay duda alguna, es él. Lleva puesta una camisa de seda con diseño informal, tejanos negros planchados, y parece estar sorprendentemente bien arreglado y sano para ser un hombre que se esconde.”

El narcotraficante le abrió la puerta de la camioneta a Del Castillo y le dio una bienvenida emotiva, “como si fuera una hija que regresa de la universidad”, dice Penn.

Enseguida se reunieron El Chapo y sus visitantes junto a los búngalos, donde les sirvieron de cenar tacos, arroz, frijoles, pollo, salsa fresca, enchiladas y carne asada. Penn calcula que había 30 o 35 guardias, quienes más bien parecían estudiantes “de la Universidad de la Ciudad de México. Limpios, bien vestidos y respetuosos”.

Durante la comilona, Penn descubrió que Alonzo era uno de los abogados del narcotraficante. También estaban ahí Rodrigo, padrino de las gemelas que Guzmán procreó con su esposa Emma Coronel, así como Alfredo e Iván (Archivaldo), el otro hijo del Chapo y presunto heredero del control de la fracción de su padre en el Cártel de Sinaloa.

Ya en la sobremesa y con Del Castillo como traductora, Penn le propuso a Guzmán la entrevista para Rolling Stone. La plática duró unas siete horas, y Penn le preguntó cuál era “su dinámica (o relación) con el gobierno mexicano”. La respuesta del Chapo fue cautelosa:

“Hace una pausa: ‘Cuando se trata de políticos, me guardo mi opinión para mí mismo. Ellos se encargan de lo suyo, yo de lo mío’.”

En cierto momento, un mesero llevó una botella de tequila y Guzmán les sirvió un trago para cada uno: “Hace un brindis dirigiéndose a Kate. ‘Normalmente no tomo’, dice, ‘pero quiero brindar contigo’”, cuenta Penn.

Negocios y dilema editorial

En la versión de Penn, la noche del 2 y la madrugada del 3 de octubre del año pasado “comimos, tomamos, y hablamos por horas. Él está interesado en el negocio de las películas y en cómo funciona. No está impresionado por su rendimiento económico. El lado de la cuenta de pérdidas y ganancias no cuadra con el riesgo de pérdida para él. Nos sugiere que consideremos cambiar de carrera profesional y nos metamos en el negocio del petróleo. Dice que le gustaría entrar en el sector energético, pero que dado que el origen de sus fondos es ilícito, sus oportunidades de inversión están restringidas. Cita (aunque me pide que no las nombre por escrito) varias corporaciones importantes corruptas, tanto en México como en el extranjero. Señala, con un desdén encantado, varias a través de las cuales se ha lavado su dinero, y que toman su propio pedazo cínico del pastel de la droga”.

Para el autor del artículo, El Chapo es un hombre tranquilo, que ama mucho a sus hijos y a su madre; que sólo se defiende cuando lo atacan, dejó de consumir drogas hace muchos años y pertenece a una familia muy unida, y que se hizo narcotraficante por la falta de oportunidades en México.

Aunque esa descripción del capo es muy favorable, los editores de Rolling Stone no consideran que sea una apología del capo, sino que cumple los criterios de un reportaje.

Poco antes de que terminara la velada, el actor le pidió a su anfitrión un par de días para realizar la entrevista, que sería grabada en audio y video. El Chapo aceptó dársela, pero en “ocho días”. Y entonces Penn le pidió que se tomaran una fotografía juntos. Es la imagen del encuentro que más ha publicado la prensa internacional.

Poco más tarde, Del Castillo se excusó porque tenía sueño. El Chapo la acompañó hasta el búngalo que le había asignado y volvió a la mesa con Penn. El actor le preguntó si conoció a Pablo Escobar, el famoso capo colombiano.

“Sí, lo vi una vez en su casa. Una casa grande”, dijo el sinaloense. Y entonces le cuenta que él hubiera preferido reunirse con Penn y Del Castillo en su rancho para que conocieran a su madre, “pero surgió algo y tuvimos que cambiar de planes”.

Casi enseguida todos se retiraron a descansar.

“No han pasado ni siquiera dos horas –continúa Penn–, cuando somos despertados abruptamente por Alonzo. ‘¡Viene una tormenta!’, afirma. ‘¡Tenemos que movernos! Los sucios caminos de la jungla son difíciles de transitar cuando las lluvias del ‘monzón’ los saturan.”

En otra camioneta, los actores y sus acompañantes viajaron otras ocho horas hasta el hotel donde habían dejado su equipaje. Cada quien tomó su rumbo. Del Castillo y Penn volvieron juntos a Los Ángeles.

Poco después de la entrevista, Penn se enteró de los operativos que las fuerzas federales mexicanas desplegaban para capturar a Guzmán. Incluso, mediante Del Castillo, el capo les hizo saber que el 6 de octubre hubo una refriega en la que “derribaron dos helicópteros, y seis Black­Hawks iniciaron un enfrentamiento tras llegar a la zona”.

Para cumplir su palabra de realizar en ocho días la entrevista con El Chapo, Penn regresó el 11 de octubre “a una ciudad próxima” al lugar donde vio por primera vez al narcotraficante. Le envió a Alonzo el mensaje de que esperaría en la terminal aérea.

“Me siento en el aeropuerto hasta entrada la noche, esperando que un extraño me dé un golpecito en el hombro y me diga que es un amigo de Alonzo y que debía ir con él. Se me vuelve a pasar por la cabeza que cabía la posibilidad de que el servicio de inteligencia mexicano o la DEA me estuvieran vigilando. En cualquier caso, no se produce ningún tipo de contacto. De manera que tomo un vuelo yo solo por la noche y regreso a Los Ángeles”, escribe Penn.

Tuvo que recurrir nuevamente a Del Castillo, quien convenció al capo de videograbar sus respuestas a un cuestionario elaborado por Penn que se le haría llegar. El Chapo aceptó hacerlo. Un video de 17 minutos, que la revista estadunidense subió a su página de internet, contiene las respuestas que dio Guzmán a las 35 preguntas.

Cuestionada por aspectos éticos, la entrevista no revela grandes novedades, aunque contiene un punto delicado jurídicamente para Guzmán: El Chapo declara que es narcotraficante, cuando antes afirmaba que era “agricultor”. En el material grabado se confiesa como el principal exportador de drogas a Estados Unidos, dueño de avionetas, submarinos y barcos.

Esto motivó que Juan Pablo Badillo, abogado de Guzmán, amenazara con llamar a declarar a Penn por las “mentiras que escribió en su artículo”, pero esto no tiene relevancia ante los tribunales de Estados Unidos. En los juicios de ese país prevalece siempre la “presunción de la justicia” hasta que se demuestre lo contrario, y se aplica aunque el acusado se declare culpable.

La presión mexicana

El pasado viernes 15, en su programa matutino This Morning, la cadena de televisión CBS dio a conocer fragmentos de una entrevista que Penn concedió a Charlie Rose para el programa 60 Minutes.

En ella, el actor señala que el gobierno mexicano cree que el encuentro de los actores con Guzmán puso en ridículo sus esfuerzos por localizarlo. Además, dijo, pone en riesgo su vida y la de Del Castillo al difundir que su encuentro fue clave para recapturar al Chapo.

–¿Consideras que el gobierno de México dio a conocer esto en parte porque querían que a ti se te culpara y ponerte en riesgo? –preguntó Rose al actor.

–Sí.

–¿Querían (las autoridades mexicanas) encausar al Cártel (de Sinaloa) para ponerte en esa encrucijada?

–Sí.

–¿Temes por tu vida?

–No.

En los fragmentos de la entrevista que se transmitirá completa la noche del domingo 17, el actor niega la versión de la procuradora Arely Gómez en el sentido de que la entrevista al capo fue esencial para recapturarlo.

“Hay este mito sobre la visita que hicimos mis colegas y yo al Chapo, que es como lo pinta la procuradora de México, que fue esencial para su captura. Nos reu­nimos con él muchas semanas antes de su recaptura, el 2 de octubre, en un lugar lejos de donde fue aprehendido (Los Mochis, Sinaloa).”

Y aclara: “Sabemos que el gobierno mexicano claramente fue humillado por la noción de que alguien lo localizó antes que ellos. Bueno, nadie lo encontró antes que ellos. Nosotros no somos más inteligentes que la DEA o los servicios de inteligencia de México. Tuvimos un contacto sobre el cual se facilitó una invitación para verlo”. l