El apagón analógico trajo para todos señales antes exclusivas de quienes poseían una pantalla digital. Es el caso de Canal Once Niños. Si bien desde agosto del 2015 inició sus transmisiones con una programación de 24 horas dirigida a los infantes, hoy ya se sintoniza en todos los aparatos en el 11.2 del dial. Ello se debe a la multiprogramación, posible gracias a la amplitud mayor –4 por 1– de un canal digital con respecto al análogo.
La mayor parte de los títulos propios fueron estrenados en los meses anteriores en Canal Once, tal es el caso de Kin, de Sofía Luna, agente especial y de Mi lugar, que están entre las producciones generadas para la barra infantil por la exdirectora Enriqueta Cabrera. Fue una recuperación de un proyecto que se hizo a un lado durante la gestión de Fernando Sariñana, quien apostó por los jóvenes de clase media para ampliar la audiencia del canal.
La carta programática de éste, que podemos llamar un nuevo canal, incluye realizaciones como El diván de Valentina de la autoría de Patricia Arriaga, quien también hizo Kin o El mundo de Beakman –una serie extranjera con adecuaciones y conductor nacional.
Alan y Staff son dos muñecos de tela que hablan, a su cargo está darle continuidad a la programación. Conducen con soltura, son simpáticos y se entiende que están detrás de cámaras, protagonizan así mismo breves videos educativos. Recuerdan a los personajes del programa Plaza Sésamo.
Hay una selección de obras foráneas. Esta es quizá la parte más sencilla de armar por cuanto abundan canales especializados con catálogos de piezas de alta calidad, por ejemplo en Inglaterra de dónde se toman Timmy y sus amigos, Charlie y Lola, Shaun el cordero e Historias horribles. Francia produce igualmente excelentes materiales como Los cuentos de la calle Broca, que resaltan por los relatos pero especialmente por la maestría de los dibujos. También se agregan programas de América Latina como Horacio y los plasticines, coproducida entre Argentina y Chile. Y de Corea Yoohoo y sus amigos, animación divertida. No faltan las producciones de Disney, tanto en animados como a cargo de un conductor que enseña a los pequeños a elaborar juguetes con materiales de desecho. Aprender a reciclar la basura inorgánica siembra en la mente de los niños la conciencia de que es necesario dejar el desperdicio, reutilizar los materiales y no hacer tanta basura.
Canal Once Niños se singulariza por no incluir anuncios comerciales, aunque si inserta la propaganda que distintas instancias gubernamentales elaboran. ¿Tiene algún sentido que los pequeños vean los spots del Tribunal Federal Electoral, del Senado de la República o de la Marina y el Ejército? Como tantas otras inconsistencias de la televisión mexicana, esos cortes están ahí porque no hay criterios ni razonamiento, se aplica la norma a rajatabla, especialmente si el canal no protesta.








