“Una bala por día” para los periodistas

Para los yihadistas la prensa es muy importante, sea que critique sus acciones, sea que las divulgue. Así, atacaron letalmente a la revista Charlie Hebdo –el atentado en su contra cumplió un año el pasado jueves 7– y han ejecutado públicamente a varios corresponsales de guerra.  Pero, por otro lado, conocen el poder de la comunicación, y en su “califato” han tejido una red de estaciones de radio y televisión, algunas publicaciones, y usan intensivamente la red para dar a conocer al mundo “el paraíso” que han construido.

París.- “El yihadismo se ha convertido en uno de los peores depredadores de la libertad de prensa en el mundo”, denunció Christophe Deloire, secretario general de Reporteros Sin Fronteras (RSF) en la introducción de La yihad contra los periodistas, informe publicado por esa organización en vísperas del primer aniversario del atentado perpetrado por Al Qaeda contra Charlie Hebdo que mató a 11 personas, entre ellas ocho periodistas y caricaturistas.

“A diferencia de los regímenes dictatoriales o autoritarios que consideran a los periodistas como testigos molestos que es preciso callar, los yihadistas ven a los profesionales de la prensa como objetivos militares cuya eliminación es prioritaria”, insisten los autores del informe.

Precisan: “Fue lo que enfatizaron sus teóricos en 2012 en la edición número 9 de la revista Inspire, órgano oficial de AQPA (Al Qaeda en la Península Arábica) al publicar la lista de sus principales objetivos: dirigentes políticos, infraestructura económica, instalaciones militares, personal y sedes de los medios masivos de comunicación involucrados en la guerra contra los musulmanes o que justifican los ataques en su contra. Con semejante esquema ideológico, el periodista se convierte en beligerante que hay que matar”.

En 2013 la misma Inspire desplegó en su décima edición la fotografía de Stéphane Charbonnier, Charb, director de Charlie Hebdo, junto con las de otros “objetivos”, como Salman Rushdie, autor de los Versículos satánicos, y Flemming Rose, jefe de redacción del diario danés Jyllands-Posten, que publicó en septiembre de 2005 las 12 caricaturas de Mahoma. El 8 de febrero de 2006 Charlie Hebdo reprodujo a su vez esas caricaturas, que hasta la fecha siguen causando ira entre muchos musulmanes.

Los retratos publicados por Inspire venían con una amenaza: “Si podemos. Una bala por día aparta a los infieles”. Al Qaeda cumplió esa amenaza el 7 de enero de 2015 con el asesinato de casi toda la plana mayor de la redacción de Charlie Hebdo.

Y fue otra vez en Inspire donde los mismos teóricos de la yihad expusieron su análisis del sangriento atentado, presentándolo como “el 11 de septiembre de Francia”.

“Es obvio que para Al Qaeda el ataque a Charlie Hebdo rebasó el estricto marco de la venganza por las caricaturas de Mahoma. La eliminación de sus caricaturistas se inscribió en la continuidad del atentado contra las torres gemelas de Nueva York y fue reivindicada como un acto de guerra contra Occidente”, afirma RSF.

Trabajo letal

Los periodistas que pagan el precio más alto de esa yihad contra la prensa son los reporteros de Irak y Siria.

Según denuncias del Observatorio de la Libertad de Prensa, ONG iraquí que colabora con RSF, la toma de Mosul por las tropas del Estado Islámico (EI) en junio de 2014 le costó la vida a 13 reporteros.

Destacan los casos de Maysaloon Al Jawadi, periodista y presentadora de la cadena de televisión Mosuliya, secuestrada, torturada y ejecutada el 29 de junio de 2014, y de Fadel Al-Hadidi, editorialista de la prensa local, quien también sufrió torturas antes de ser eliminado el 3 de julio de ese año.

La hecatombe siguió en 2015 en Mosul. Qais Talal, reportero de 27 años, quien colaboraba con distintos medios iraquíes, fue acusado de espionaje y asesinado de un balazo en la cabeza en el centro de la ciudad el 8 de febrero. El fotorreportero Omar Younis Al-Gaafiqi fue ejecutado el 15 de marzo por “haber violado las leyes de la Sharia y haber comunicado información a la prensa local e internacional”.

Bajo la misma acusación “de colaboración con medios de comunicación hostiles con el Estado Islámico”, el 26 de abril esta organización eliminó a Thaer Al-Ali, director del periódico local Rai’al Nas. Los yihadistas lo balearon en un café de Mosul mientras transmitía información por celular. A la una de la mañana del 17 de mayo el EI pidió a la familia de Firas Al-Bahr, colaborador de varias cadenas de televisión por satélite, que recogiera el cuerpo del periodista condenado y ejecutado por “alta traición”.

La suerte de los periodistas y blogueros que buscan informar sobre regiones sirias conquistadas en 2013 por el EI es igualmente trágica. La labor de los “reporteros ciudadanos” de la red electrónica Raqa es Masacrada en Silencio (RBSS), es tan admirable como mortífera.

RBSS está integrada por una veintena de colaboradores que describen la vida diaria en la autoproclamada capital del EI en Siria. Denuncian los secuestros perpetrados por los yihadistas y ahora también las consecuencias de los bombardeos aéreos de Rusia, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Única fuente independiente de noticias sobre lo que pasa en esa zona herméticamente cerrada a la prensa internacional, RBSS es considerada “enemiga de Dios” por el EI. En mayo de 2014 uno de sus miembros, Bellah Ibrahim al-Moutaz, fue ejecutado en público después de haber sufrido torturas en la cárcel durante tres semanas.

Varios “periodistas ciudadanos” tuvieron que dejar Raqa para esconderse en otras ciudades de Siria o en Turquía. Esa huida no protegió a Ibrahim Abdelkader ni a Fares Hammadi, decapitados por los yihadistas en octubre pasado en un departamento de la ciudad de Urfa, sur de Turquía, donde se habían refugiado.

Dos meses más tarde, a mediados de diciembre, le tocó el turno a Ahmad Mohamed al-Moussa. Fue abatido en Idlib, Siria, por hombres encapuchados.

Los enviados especiales de la prensa internacional llevan también años en la mira del yihadismo. Como sus colegas locales, fueron y son todavía perseguidos en Somalia por los Shebab, afiliados a Al Qaeda; en Nigeria por Boko Haram, que selló una alianza con el EI en marzo de 2015; en Pakistán y Afganistán por los talibanes; en Malí por Al Qaeda del Magreb Islámico y en Libia por todo tipo de grupos islámicos y delictivos.

Aún se recuerdan las decapitaciones de los periodistas estadunidenses James Foley, del Global Post, el 19 de agosto de 2014, y de Steven Sotloff, colaborador de la revista Time, tres semanas después, el 2 de septiembre, así como la del periodista independiente japonés Kenji Goto, el 31 de enero de 2015.

Los videos –escenificados con sumo cuidado– de estas tres ejecuciones  dieron la vuelta al mundo, asegurando al EI una visibilidad internacional mucho más amplia que la que tuvo Al Qaeda en su “apogeo”.

Ejército mediático

En sus feudos de Siria e Irak, el EI aplica una estrategia mediática rigurosa y coercitiva.

Los autores de La yihad contra los periodistas recalcan que en los últimos años el EI construyó un emporio mediático que depende directamente del autonombrado califa Abu Bakr al Bagdadi, y actúa en coordinación con los jerarcas militares y de los aparatos de seguridad del EI.

Encabezado por el Centro de Mando de los Medios Masivos de Comunicación del EI –también mencionado como “Fondation Base” en documentos internos del EI publicados por el diario británico The Guardian el pasado 7 de diciembre–, ese emporio cuenta con siete ramas, cada una de las cuales coordina una actividad distinta: video, prensa escrita, radio, televisión, medios digitales…

Se supone que su sede se encuentra en los alrededores de Raqa y se sabe que está dirigido por Abu Mohamed al Adnani, un sirio de 38 años, vocero oficial del EI, considerado posible cerebro y coordinador de los atentados que enlutaron a París el pasado 13 de noviembre.

Dispone el EI de tres cadenas de televisión y una estación de radio en Mosul, y de dos cadenas de televisión en Raqa. Su revista mensual en línea, Dabiq, publicada en árabe, inglés, francés, ruso y turco, entre otros idiomas, impresiona por la calidad de su diseño y de su maqueta y compite en presentación con las mejores publicaciones occidentales.

Según RSF, la mayor parte de los comunicados de guerra del EI pasan por la web. La organización abrió centenares de páginas en internet y decenas de miles de cuentas en las redes sociales. Todas están en manos de “brigadas mediáticas” cada vez más eficientes y consideradas por el alto mando yihadista como elementos claves del funcionamiento y del impacto mundial del califato.

Yihadistas arrepentidos revelaron que integrantes de las “brigadas mediáticas” tenían ya experiencia como periodistas, videoastas, fotógrafos o animadores de foros electrónicos y de páginas web cuando se integraron al EI. Los demás se capacitan sobre la marcha.

Todos reciben un entrenamiento militar intensivo y son considerados combatientes. Gozan, además, de numerosos privilegios materiales: su salario puede ser siete veces superior al del simple “soldado de Alá”; muchos disponen de vehículos, no pagan impuestos y sus cuadros más destacados viven con sus familias en casas cómodas.

Abu Hajer, un desertor marroquí entrevistado por The Washington Post, confirmó que el EI ha creado un auténtico “ejército mediático”, disciplinado y organizado, con un sistema muy jerarquizado y compartimentado.

Los camarógrafos y fotógrafos son los “obreros” de ese cuerpo de elite. Se les encarga recoger “la materia prima” de la propaganda yihadista. Cada mañana reciben una hoja de papel escrita a mano por el emir que está al mando de su grupo. Sólo se les indica a qué lugar tienen que ir. Emprenden camino sin saber si van a filmar una decapitación, un operativo de represión, una boda o una puesta de sol en el desierto.

Luego entregan su material a unidades de producción. Son las máximas autoridades las que elaboran los comentarios, escogen el formato y la fecha de difusión de los “reportajes”. Es peligroso tomar iniciativas o cuestionar una orden. “Cada uno sabe que en cualquier momento corre el riesgo de encontrarse en el lugar de los decapitados que está filmando”, confió Hajer.

Utopía al alcance de la mano

Los expertos en el tema del terrorismo islámico se muestran asombrados ante el volumen, la variedad y la calidad técnica de la producción de propaganda del EI. Difunde unos 40 mensajes diarios entre fotos, videos, comunicados, testimonios y nuevos cantos patrióticos. Esa cifra, por supuesto, no toma en cuenta la presencia del EI en las redes sociales.

Charlie Winter, miembro del think tank británico Quillian, citado por RSF, tuvo que revisar mil 146 documentos distintos para poder analizar la producción de propaganda del EI entre el 17 de julio y el 15 de agosto de 2015.

El examen de ese material reserva sorpresas, destaca Winter. Contra lo que se piensa en Occidente, las escenas de violencia cruda sólo representan una mínima parte (2.13%) de las imágenes difundidas por el EI en la web. Además, en sólo 37.12% de los videos se exhibe el material bélico y se exalta la fuerza de sus combatientes. Más de la mitad de la producción de propaganda del EI (52.57%) cuenta la vida diaria del “califato”, que aparece como una “utopía al alcance de la mano”.

Resalta RSF: “La meta es clara: se busca presentar los territorios administrados por el EI como un Estado fuerte pero misericordioso en el que es agradable vivir. Se elogia la calidad de los alimentos, la abundancia de los productos en venta en los mercados, la protección del medio ambiente… Se filma a los yihadistas construyendo hospitales y escuelas, arreglando calles y carreteras, mejorando el aspecto de las ciudades. Se filman múltiples escenas de bodas y de manifestaciones de amistad entre combatientes oriundos de numerosos países”.

Al EI no le preocupa en absoluto el hecho de que la prensa occidental ignore esas idílicas imágenes. Lo que le interesa es que circulen ampliamente entre los sunitas de Medio Oriente y de otras regiones del mundo y que logren convencer a muchos de que el “califato” es una verdadera alternativa social, un Estado viable y una tierra capaz de acoger no sólo a los guerreros de Alá, sino también a ingenieros, médicos, agrónomos y mujeres.

Aunque minoritaria, la producción de imágenes cruentas sigue siendo, sin embargo, un vector importante de la propaganda del EI: inspira terror a Occidente y es un instrumento eficaz para reclutar a jóvenes en conflicto con sus medios sociales, culturales o familiares.

Mientras más pasa el tiempo, más los videos del EI van empujando los límites de la barbarie. Después de exhibir a presos quemados vivos en jaulas o atados a las famosas columnas de los templos de Palmira y ejecutados con explosivos, el EI filma ahora a niños verdugos en plena labor y a presos descuartizados.

Subraya RSF: “Estas escenas horríficas están filmadas en forma muy profesional y con medios técnicos dignos de grandes producciones televisivas. Desertores del EI mencionan el uso de grúas para realizar travellings durante la filmación de matanzas masivas o la presencia de varios camarógrafos para filmar ejecuciones desde distintos ángulos. Según Abu Abdullah, otro arrepentido entrevistado por The Washington Post, a menudo es el realizador del video, y no el emir, quien ordena que se proceda a la ejecución”.

Los autores del informe de RSF se extienden sobre el extraño caso de John Cantlie, cuyos “reportajes televisivos” de excelente factura juegan un papel muy particular en el dispositivo de propaganda del EI.

Cuentan: “Reportero aguerrido que trabajó para la BBC y el Sunday Times, este británico de 46 años fue secuestrado en 2012 al mismo tiempo que James Foley. Algunas semanas después de la ejecución de este último, el 19 de agosto de 2014, el EI difundió un video –primero de una serie de ocho– donde Cantlie explicó que se dirigía a la opinión pública occidental en nombre de sus carceleros. El periodista fue claro respecto a su situación.

Dijo: “Sé que ustedes piensan que les hablo en esa forma porque me forzaron a hacerlo y que tengo el cañón de una pistola en la sien. Sí, estoy preso, no lo puedo negar. Pero cuando me di cuenta de que mi gobierno me había abandonado y que mi destino estaba en manos del Estado Islámico, entendí que ya no tenía nada que perder”.

“Después de estas palabras Cantlie presento uno de sus ‘reportajes’ en el cual entrevista a combatientes del EI. En los siete videos siguientes cubrió distintos temas, entre ellos los estragos causados por los bombardeos de la coalición internacional en las ciudades de Kobané, Mosul y Alepo”, señala el informe de RSF.

En el primer video Cantlie vestía el overol anaranjado de los presos, en clara alusión a Guantánamo. En los demás llevaba ropa de civil al estilo occidental y se había cortado la barba.

Después de una larga “ausencia”, que hizo temer por su vida, Cantlie reapareció en la edición número 12 de la revista Dabiq, publicada el pasado 18 de noviembre. Firma “una reseña de la prensa internacional” en la cual se debate sobre la posibilidad de una “tregua” con el EI. Viste de nuevo un overol, esta vez amarillo y parecido al que llevaban los presos del Campo Bukka en Irak, donde fueron detenidos varios dirigentes del EI, entre ellos Al Bagdadi.  l