Bruselas.- Los atentados del viernes 13 en París hicieron ver las graves deficiencias de los servicios europeos de inteligencia, principalmente belgas y franceses, en materia antiterrorista.
Desde el día siguiente a los ataques, la prensa y la opinión pública europea se preguntan cómo fue posible que extremistas islámicos ya fichados por las agencias de seguridad pudieran perpetrar una operación tan compleja en una de las ciudades más simbólicas de la Unión Europea y organizarse desde la capital de un país vecino.
Franceses y belgas han intercambiado acusaciones. La prensa gala ha sido particularmente dura. Por ejemplo, el lunes 23, un editorial de Le Monde culpó a Bélgica de ser “una base logística del terrorismo internacional”; un país “donde los terroristas aprovechaban la tolerancia” de las autoridades. Cerraba afirmando que Bélgica es un “Estado sin nación que corre el peligro de convertirse en una nación sin Estado”.
Al día siguiente el diario La Libre Belgique respondió con otro editorial: “No fui yo, fue él… el peligroso juego de la prensa francesa”. El rotativo se indignó por la “condescendencia” gala y puntualizó: “Aunque es verdad que varios de los autores de los atentados de París pasaron por Bruselas o Molenbeek (una de sus comunas), otros jamás dejaron Francia salvo para irse a formar en Siria. Yihadistas como (el franco-argelino Mehdi) Nemmouche (presunto autor del atentado contra el Museo Judío de Bruselas el 24 de mayo de 2014, que dejó cuatro personas muertas) se radicalizaron en las prisiones francesas”.
El mal ejemplo
Tres días después de los atentados parisinos, el antiguo jefe de la Dirección General de Seguridad Exterior de la República Francesa, Alain Chouet, declaró que Bélgica “no está a nivel” en la lucha antiterrorista. Lo mismo opinó una fuente de la inteligencia británica en entrevista con The Times.
Chouet se refería al caso de Abdelhamid Abaaoud, autor intelectual de los ataques y uno de los más conocidos y brutales yihadistas europeos del Estado Islámico (EI). El terrorista belga de 28 años pudo ingresar a territorio europeo desde Siria y dirigir en persona los ataques en la capital francesa.
Chouet aseguró a la agencia AFP que si Abaaoud quería entrar a suelo europeo sin ser detectado, únicamente tenía que tomar un vuelo en una aerolínea de bajo costo que aterrizara en el aeropuerto de la ciudad belga de Charleroi, a una hora de Bruselas.
El pasado julio Abaaoud había sido condenado a 20 años de cárcel por sus actividades terroristas en Bélgica. Según Bernard Cazaneuve, ministro galo del Interior, el terrorista habría entrado a la UE por Grecia. El gobierno de Atenas lo niega.
Abaaoud también se trasladó a Bélgica y otros países europeos en enero pasado como parte de un comando que planeaba cometer 10 atentados. Esa célula extremista fue desmantelada el 15 de enero tras un operativo de la policía belga, que tomó por asalto la casa de seguridad donde se ocultaban algunos de sus miembros en Verviers, en la frontera con Alemania y Holanda. En el tiroteo murieron dos yihadistas.
El líder del comando pudo escapar y regresar a Siria sin problemas, según narró en febrero el mismo Abaaoud a la revista en inglés del EI, Dabiq. El joven terrorista aparece sonriendo en la portada.
Ese episodio atrajo la atención de los servicios de seguridad estadunidenses. El 13 de mayo, la Oficina de Inteligencia y Análisis del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó un reporte de evaluación antiterrorista, que entregó a los servicios europeos. Washington alertó que “las futuras operaciones del EI en Occidente podrían parecerse al plan belga” desmantelado en Verviers.
Los expertos estadunidenses explicaban que la forma de operar de ese comando planteó “el primer ejemplo en el que un amplio grupo de terroristas, operando posiblemente bajo la dirección del EI, ha sido descubierto, y podría indicar que el grupo ha desarrollado su capacidad para lanzar operaciones más complejas en Occidente”.
El reporte de nueve páginas advertía que esas operaciones podían ser múltiples y efectuadas sin advertencia, además de que el peligro era mayor en Europa por los numerosos yihadistas con nacionalidad europea y su cercanía geográfica con Siria, Irak y otras zonas conflictivas.
La inteligencia estadunidense subraya también el hecho de que Abaaoud pudo dirigir al grupo desde un escondite en Atenas y comunicarse con otros terroristas asentados en varios países europeos usando un teléfono celular.
En agosto pasado los servicios franceses de seguridad detuvieron e interrogaron a un yihadista que había estado en Siria. Éste declaró que Abaaoud había dado la orden de atacar salas de conciertos y estadios para causar más víctimas.
Advertencias desde Rabat
Los servicios antiterroristas belgas también conocían a Salah Abdeslam, el terrorista francés nacido y crecido en Bruselas y que debía inmolarse en París el viernes 13, pero que se arrepintió. Hasta el jueves 26 continuaba prófugo.
Abdeslam se comunicó con Abaaoud –ambos procesados en Bélgica por robo a mano armada– inmediatamente después del operativo antiterrorista en Verviers. Por ese motivo Salah fue interrogado por la policía belga, que lo dejó ir, y posteriormente fue detenido momentáneamente en Holanda por posesión de estupefacientes.
Los descuidos de las agencias de información de uno y otro país continuaron.
Fueron los servicios secretos de Marruecos los que proporcionaron a Francia la ubicación de Abaaoud en un departamento en los suburbios de París tras los ataques. Durante el operativo policiaco el terrorista fue abatido, así como su prima y otro yihadista que se inmoló.
Una fuente anónima de la policía francesa declaró a la prensa gala que tal información había sido transmitida por los marroquíes luego del operativo. No obstante, dos días después, el presidente francés, Francois Hollande, agradeció al rey Mohamed VI la “eficaz asistencia” de Marruecos, país en donde purga prisión el hermano de Abaaoud, Yassine. Ambos tienen la doble nacionalidad belgo-marroquí.
La urgencia de información antiterrorista es tal para Bélgica que el país solicitó una colaboración “más profunda” con los servicios de seguridad marroquíes. Rabat mantiene una constante vigilancia sobre su comunidad residente en Europa. En Bélgica, esa población se eleva a medio millón.
Turquía también alertó a la inteligencia francesa sobre los inquietantes movimientos del extremista parisino Omar Ismail Mostefai, quien formó parte del comando terrorista que atacó la sala de conciertos Le Bataclan. Los turcos aseguran haber informado dos veces al gobierno francés que Mostefai había logrado viajar a Siria. Primero en diciembre de 2014 y luego en junio, cuando ya le habían perdido la pista.
Otro de los kamikazes de Le Bataclan, Samy Amimour, logró viajar a Siria en septiembre de 2013 pese a estar sujeto en ese momento a un control judicial en Francia. Desde 2012 enfrentaba un proceso por asociación terrorista al intentar viajar a Yemen con otros dos islamistas radicales. La policía gala le retiró el pasaporte y la carta de identidad, pero Amimour consiguió que la administración francesa le entregara nuevos documentos simplemente alegando que se los habían robado.
The New York Times reportó que un mes antes de los ataques en París, los servicios de seguridad belgas le transmitieron a la alcalde de la comuna bruselense de Molenbeek, Francoise Schepmans, una lista con 80 nombres de extremistas islámicos residentes en su demarcación, entre ellos los de tres de los terroristas de París. Ella declaró al diario que no hizo nada porque esa tarea le corresponde a la policía federal. l








