MORELIA, MICH.- Sin explicación alguna, al cineasta Rodrigo García sólo le llegó la idea de escribir y filmar una película sobre Jesús de Nazaret en el desierto “pero sin preocuparme por el lado divino, sino proyectarlo como una persona humana” y el resultado es Last days in the desert (Últimos días en el desierto).
Aclamado como uno de los mejores actores de su generación, y reconocido con el Premio Protagonista por Excelencia en Actuaciones en la IV edición del Festival Internacional de Cine de los Cabos, Ewan McGregor es quien interpreta a Jesús y al diablo al mismo tiempo. En la fotografía participó el mexicano Emmanuel Lubezki.
García, hijo del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, es más un realizador de cintas independientes Albert nobbs (2011), Revolución (2010), Mother and child (2009), Nueve vidas (2005) y Cosas que diría con sólo mirarla (2000). Y Last days in the desert (2015), que se proyectó en el 13 Festival Internacional de Cine de Morelia, se estrenará en México los primeros meses de 2016.
–¿Qué lo motivó a abordar las relaciones humanas a través de Jesús?
–Casi todas las películas que he hecho de mis propios guiones son sobre la relación entre dos personas que no pueden vivir ni juntas ni separadas, o sea, marido y mujer o novios o padres e hijos, madres e hijas, en fin, siempre tengo un interés por la gente que dice: “Ya no la aguanto, pero no puedo vivir sin esa persona”. Incluso, existe gente que todavía sigue teniendo las peleas con la madre muerta o el padre muerto. Eso me interesa plasmarlo en mis filmes. Y me importaba una historia donde Jesús no pudiera resistirse involucrarse en el drama familiar.
En el largometraje, de 98 minutos, Jesús, en sus días de ayuno y oración en el desierto, se encuentra con una familia en la cual la madre está enferma y el padre no quiere que su hijo se vaya a buscar su vida. Así, Jesús lucha contra el diablo por el destino de estas tres personas.
–¿Por qué escogió un drama familiar?
–Es un tema inagotable realmente. Nunca van a pasar de moda las relaciones entre hermanos, padres, hijos y matrimonios. Es una fuente inagotable de complicación, historias, dramas y comedias.
–¿Cómo fue esa conexión entre sus inquietudes y la fotografía de Emmanuel Lubezki?
–He trabajado antes con Emmanuel y somos amigos desde hace años y siempre quise que él hiciera esta película porque, independientemente de su talento y su genialidad, yo quería fotografiar al desierto como una cosa bella pero también como un lugar inhóspito, como si fuera otro planeta, y desde un principio todas sus ideas, sus aportaciones evidentemente fueron muy buenas.
–¿Fue difícil acoplarse?
–No, para nada. Sabíamos que debíamos rodar el largometraje muy rápido, y hubiera sido agotador tratar de llevar un gran equipo de luces y tramoya al desierto, entonces, la película está filmada casi como un documental, es decir, no hay luces salvo en la escena del interior de la tienda de campaña donde están los personajes, y a veces hay luces en las escenas alrededor de la fogata, pero en general durante el día no hay ni luces ni tramoya, ni rieles, ni grúas, ni nada, todo es luz natural.
Según él, el público que ha visto la cinta ha reaccionado positivamente. l








