Si en verdad el doctor Enrique Graue Wiechers, nuevo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), está comprometido con una casa de estudios orgullosamente pública y plural –como lo anunció al tomar posesión de su cargo el martes 17–, es indispensable que exija una evaluación y auditoría del desempeño tanto de la gestión de Graciela de la Torre Pérez al frente de la Dirección General de Artes Visuales, como de Teresa Uriarte en la Coordinación de Difusión Cultural.
Responsable del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), del Museo Experimental El Eco y del MUCA Roma, De la Torre ha convertido los recintos a su cargo en células elitistas, pretenciosas y tribales, que no aportan alternativas estético-artísticas diferentes a los intereses ni del mainstream ni de la promoción gubernamental del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
A diferencia de la emblemática gestión de la escultora Helen Escobedo, quien en la década de los años setenta convirtió el antiguo y original Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA) en un laboratorio experimental artístico y museográfico, De la Torre no ha logrado definir una identidad museística que apoye la misión educativa y formativa de una universidad pública al servicio de la sociedad.
Son numerosos los aspectos que se deben evaluar y transparentar. Para empezar, los procedimientos de contratación del personal especializado. En los recintos a cargo de la Dirección, llama la atención el protagonismo de egresados de licenciatura de universidades privadas. Con estudios en historia del arte en la Universidad Iberoamericana, De la Torre integró, durante su gestión como directora del Museo Nacional de Arte del INBA, un sólido equipo de estudiantes de la Iberoamericana que, en parte, la acompañó a la UNAM cuando se incorporó, por invitación de Gerardo Estrada, en 2004.
Actualmente, entre sus colaboradores con licenciaturas en universidades privadas se cuentan, en el MUAC, la coordinadora del Centro de Documentación Sol Henaro y los curadores Pilar García y José Luis Barrios; en el MUCA Roma, su directora Mariana David y, en El Eco, su directora Paola Santoscoy. ¿No sería más pertinente que la UNAM contratara a sus propios egresados de licenciatura?
Otro aspecto importante es el correspondiente al presupuesto que asigna la UNAM a la operación tanto del MUAC como del MUCA Roma. Si el presupuesto de la UNAM es insuficiente, ¿cómo justificar la renta de exposiciones, pago de curadurías externas y gastos de producción que se aprueban para el MUAC? Además, si el museo pertenece a una universidad pública, ¿por qué sólo abre cinco días a la semana y, de ellos, ninguno es gratuito para los universitarios? Y en lo que respecta a su vocación, si se creó para albergar la colección de arte contemporáneo de la UNAM, ¿por qué nunca se ha dedicado un ciclo de exposiciones para dar a conocer ese acervo?
La conversión del arte en mercancía y espectáculo exige la creación de modelos de pensamiento que redefinan el concepto de arte, su construcción de valor, la transmisión de su conocimiento y su función en la sociedad. ¿Será Graue capaz de convertir la Dirección de Artes Visuales en un territorio orgullosamente público y plural?








