A propósito de El derrumbe de la Magna Ofrenda

De Eduardo Vázquez Martín

Señor director:

En relación con la columna de “Arte” publicada en Proceso 2036 bajo el título de El derrumbe de la Magna Ofrenda, me permito puntualizar lo siguiente a su autora, Blanca González Rosas:

La ofrenda de muertos en el Zócalo se ha montado anteriormente con temáticas diversas; el año pasado, por ejemplo, estuvo dedicada a los centenarios de Octavio Paz, José Revueltas y Efraín Huerta, y en 2015 a las víctimas del terremoto de 1985. Fue por ello que se pensó en la participación de Felipe Ehrenberg, artista plástico y multidisciplinario que en aquel año era vecino del barrio de Tepito y trabajó con los colectivos vecinales, de artistas y de damnificados, en la reconstrucción de la zona.

Su experiencia y capacidad de trabajo en equipo permitió a su vez la colaboración con colectivos de los cuatro Faros (Oriente, Tláhuac, Indios Verdes y Milpa Alta), cuyo resultado fue la ofrenda conformada por tzompantlis, tapetes de aserrín pintado y ofrendas en derredor del asta bandera.

En cuanto a los colectivos artísticos nacidos en el Faro de Oriente, como el denominado “Última Hora” al que usted se refiere en su columna, quiero decir que es un buen ejemplo de lo que los Faros han propiciado en la ciudad desde su creación hace 15 años, y que nuestro compromiso con ellos nos ha hecho pensar que es benéfico impulsar procesos de formación y trabajo que involucran a diversos artistas. Y una parte importante de la capacitación y el desarrollo cultural de los colectivos consiste, justamente, en procurar el diálogo creativo e interdisciplinario entre colegas que se mueven en circuitos diferentes del arte: no se trata de un trabajo de subordinación, sino de colaboración, donde se comparten saberes, experiencias, gustos y sensibilidades, y se trabaja en torno a una obra cuyos autores son todos quienes participaron en su realización.

El día del accidente, los involucrados en el montaje de la ofrenda –responsables de Programación de la Secretaría, los colectivos de los cuatro Faros, Felipe Ehrenberg y yo mismo– nos encontrábamos en el lugar cuando sentimos la ráfaga de viento que hizo ceder la estructura de uno de los tzompantlis que sostenía los cráneos de cartón.

Una vez que los socorristas del ERUM, de Cruz Roja y Bomberos terminaron de atender a los lesionados, de retirar la estructura dañada y de constatar que afortunadamente todos se encontraban fuera de peligro y con heridas leves, convoqué a una reunión en la misma plaza, a la que acudieron funcionarios de las secretarías de Protección Civil y de Gobierno.

Ahí, los peritos técnicos responsables de obra nos explicaron que la estructura estaba calculada de acuerdo a la norma para ráfagas de viento de 90 kilómetros por hora, pero que en el momento del colapso el viento en forma de remolino superó la carga prevista y la hizo ceder. Se evaluó la factibilidad de reforzar las estructuras y continuar con las actividades previstas o suspender la ofrenda. Protección Civil propuso refuerzos adicionales para garantizar la estabilidad de las estructuras aun cuando se repitiera una eventualidad como la que acababa de suceder, así como la ampliación del radio de seguridad de las vallas que custodiaban los tzompantlis. En esas condiciones aseguraron que la festividad se podía efectuar de forma segura, de manera que, tras consultar con la Secretaría de Gobierno, se procedió a efectuar los trabajos indicados.

Tomada esta decisión, me acerqué a los medios de comunicación presentes para compartir esa información y hacer de su conocimiento que no había heridos de gravedad, así como las medidas adoptadas y los cambios al programa de actividades.

Para la Secretaría a mi cargo, el uso cultural del espacio público es esencial y prioritario. Los juicios y señalamientos sobre nuestra labor son siempre bienvenidos, por lo que estamos atentos a las opiniones y reflexiones que se nos hagan.

Atentamente

Eduardo Vázquez Martín

Secretario de Cultura
de la Ciudad de México

Respuesta de Blanca González

Señor director:

A

gradezco la carta del secretario Eduardo Vázquez Martín; sin embargo, lamento la ausencia de las explicaciones que solicito en mi nota.

La discrecionalidad a la que me refiero no incide en los temas, sino en la selección de los artistas y la pertinencia de los proyectos. Si bien toda intervención en el espacio urbano debería decidirse con base en protocolos de evaluación artística y operativa, una intervención monumental en el Zócalo capitalino exige un proceso riguroso que asegure la calidad creativa y la seguridad ciudadana. ¿Cuáles fueron los criterios artísticos que sustentaron la elección del proyecto del señor Felipe Eherenberg? ¿Cuáles son los nombres de los especialistas que lo evaluaron?, y ¿en qué se distinguió su aportación estética en comparación con las espléndidas propuestas de la creatividad popular? La asignación de proyectos de arte público debería realizarse a partir de concursos o convocatorias públicas.

Sobre el colapso de la estructura quedan varias dudas por responder e inciden en la transparencia de la Secretaría de Cultura y en la eficacia de la Secretaría de Protección Civil. ¿Es suficiente una norma para ráfagas de viento de 90 kilómetros por hora? Si todas las estructuras cubrían los requisitos, ¿por qué sólo se colapsó una estructura y quedaron tres intactas? Si el proyecto en su origen cubría las normas de protección civil, ¿por qué después de dos días el Zócalo seguía cerrado? Y por último, ¿existe algún video en el que se compruebe que el día 31 de octubre se ocasionó un remolino únicamente en un área de aproximadamente 100 metros cuadrados del Zócalo?

Atentamente

Blanca González Rosas