Señor director:
De la manera más atenta, solicito a usted me haga favor de publicar la siguiente aclaración, respecto del artículo Lo Bronco no quita lo cobarde, de Sabina Berman, publicado en Proceso 2035 el 1 de noviembre de 2015.
En el texto se dice:
“Como empresario que era, Fox temía las consecuencias económicas. Se paralizaría el país y se devaluaría el peso. Contó entonces que la jefa de la bancada priista, Beatriz Paredes, le había ofrecido una alternativa. Si clausuraba las investigaciones de corrupción en curso en la Secretaría de la Función Pública, ella le garantizaba que el PRI aprobaría en el Congreso las reformas que Fox enviara.”
Rechazo categóricamente esas afirmaciones. Ni en esa etapa de mi desempeño profesional, ni en ningún otro momento, he propuesto a nadie cualquier tipo de acuerdo o componenda que encubra la corrupción de alguna persona o institución. Jamás lo he hecho, ni lo haré; y, desde luego, nunca tuve conversación alguna con el entonces presidente Vicente Fox sobre esos temas.
La irresponsabilidad de afirmaciones falsas y difamatorias sólo evidencia la amargura de quien las emite.
Agradezco, señor director, tenga la disposición de publicar esta nota aclaratoria.
Atentamente
Beatriz Paredes
Brasilia, Brasil
Respuesta de Sabina Berman
Señor director:
P
ermítame publicar los siguientes comentarios.
Licenciada Beatriz Paredes: En un artículo de 4 mil 700 caracteres aparece su nombre una vez, y en el relato de una persona, a quien cito. He tenido el cuidado de no asumir la responsabilidad del dicho pero sí referirlo.
Con todo, lo más interesante de su carta me parece cómo usted atribuye a “la amargura” mi relato. Y me parece interesante porque en eso le asiste la razón. En el año de 2002, una generación completa de ciudadanos mexicanos vimos cómo la promesa de un país regido por la decencia y las leyes se perdía en las negociaciones secretas de ustedes los políticos priistas del pasado con los panistas del gobierno.
Defendieron el statu quo de la corrupción. Defendieron uno a uno a los mayores corruptos del país, incluido Mario Marín, el gobernador a su vez protector de pederastas. Defendieron la disminución de los derechos de las mujeres sobre sus propios cuerpos.
Fue una época donde los cobardes dejaron a los traidores ganar la partida, y al rememorarla, para encontrar en ella parte de la explicación de nuestro presente, yo sí me amargo.
Ya sé que usted no.
Atentamente
Sabina Berman








