La fallida “recuperación” de los Niños de Morelia

Madrid.- El 20 de noviembre de 1941, Augusto Ibáñez Serrano, un representante oficioso del régimen del dictador Francisco Franco en México, envió una carta al “jefe del gabinete diplomático” mexicano, en la que le hacía ver el interés de algunas familias españolas afines al régimen por recuperar a los hijos de republicanos acogidos por el gobierno de Lázaro Cárdenas, los llamados Niños de Morelia.

Había pasado año y medio desde aquel 1 de abril de 1940, cuando el gobierno de Cárdenas rompió relaciones diplomáticas con España, cuando Franco tomó el poder luego de la guerra civil iniciada en 1936.

En la carta al funcionario cuyo nombre no se precisa, Ibáñez le hacía ver que los niños españoles acogidos por México eran “niños robados por los rojos”.

Aseguraba que había “señoras y señores que forman la comisión para gestionar” su envío a España y lamentaba que “el gobierno (mexicano) consintiese la propaganda republicana en ese asunto, ya que dificulta cualquier acción y crea un ambiente de intimidación”, según recoge el historiador Ricard Vinyes en su libro Irredentas (Temas de Hoy, 2002).

Esta fue una de las tretas menos conocidas a las cuales recurrió el régimen franquista para contrarrestar lo que consideraban “propaganda” de “los rojos”, con el envío de los menores a una decena de países para ponerlos a salvo de la violencia del bando nacional. Fracasadas las vías legales, la dictadura recurrió a operaciones de secuestro de los menores. En México no tuvieron éxito.

Desde finales de los treinta hasta finales de los cuarenta Ibáñez Serrano fue representante del gobierno franquista gracias a la intermediación del consulado de Portugal, dice Froylán Enciso en su libro Andar fronteras. El servicio diplomático de Octavio Paz en Francia (1946-1951) (Siglo XXI, 2009). Ibáñez llegó al país por Veracruz en 1900 y se naturalizó mexicano en 1935.

Según el informe de un inspector de la Secretaría de Gobernación, fechado el 10 de diciembre de 1941, el cónsul de Portugal, Alberto G. da Silva, confirmó que Ibáñez trabajaba para ellos “quedando garante por su honorabilidad”. Además de expedir pasaportes y realizar trámites consulares, comerciaba con cereales obteniendo comisiones de sus coterráneos.

En julio de 1942 Ibáñez viajó a Guatemala, donde la embajada de Franco en ese país lo instruyó sobre “la conducta que debe seguir ante posibles persecuciones y mayor vigilancia de las autoridades mexicanas para con los elementos de la Falange española”, escribe Enciso.

Los esfuerzos del régimen franquista para obtener el reconocimiento oficial a nivel internacional siempre se vieron frenados por la oposición de México a concederle la legitimidad que llevaba implícita la apertura de relaciones diplomáticas, sostienen Nuria Tabanera y Ricardo Pérez Montfort en el libro México y España en el primer franquismo (1939-1950). Rupturas formales, relaciones oficiosas (Colegio de México, 2001).

El gobierno de Cárdenas expulsó del país a “Alejandro Villanueva Plata, inspector de la Falange en América; Genaro Riestra Díaz, jefe interno de la organización en México y José Celorio Ortega, secretario de la Falange en México”. Y más tarde “el gobierno de Miguel Ávila Camacho presionó para que la sección de la Falange en México se disolviera definitivamente”.

Debido a esta actitud de México se frustró una de las gestiones legales del franquismo: concertar una entrevista con el presidente Ávila Camacho para solicitarle que el país autorizara las repatriaciones de los 456 hijos de republicanos que habían llegado a México en 1937 a bordo del barco de bandera francesa Mexique. El mandatario mexicano jamás concedió la entrevista, explica Vinyes en entrevista.

Un miembro no identificado del gabinete de Ávila Camacho respondió el 22 de mayo de 1942: “El gobierno mexicano no estima que el presente sea el momento más oportuno para hacer una devolución en masa, como usted se sirve solicitarlo, de los niños de que se trata.

“No se ocultará a su muy ilustrada comprensión que en el tiempo en que se presentaron las solicitudes, era otra la situación del tráfico marítimo, y especialmente la de España, en materia de alimentos, sin que ofrezca perspectiva de alivio, sino más bien de empeoramiento a consecuencia de la guerra”, señaló.

“En esas condiciones –prosiguió– nuestro país incurriría en grave inconsecuencia al devolver a los niños que acogió en su seno, precisamente para liberarlos de la guerra y de sus horrores, entre los que se cuenta la miseria.”

El funcionario añade que el gobierno mexicano no ha recibido solicitudes de repatriación, salvo dos o tres, y sí en cambio “se han recibido muchas en sentido contrario, es decir, pidiendo que no sean mandados a sus parientes. Tales circunstancias obligan al gobierno de México a seguir aplazando toda devolución en grupo, en tanto la situación imperante constituya un peligro para los menores que se pretende reintegrar a sus hogares”, concluyó.

Los secuestros del régimen

El 9 de julio de 1937 el jefe de la Delegación Exterior de la Falange en el Reino Unido, que firmaba con el seudónimo F. G. Sturrupp, escribió a Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio Primo de Rivera, fundador y líder de la Falange, una carta en la que sugiere “recuperar” a los niños republicanos enviados a Gran Bretaña.

Escribió: “Los rojos trajeron a estos infelices únicamente como propaganda. Ahora nos toca a nosotros hacerla, pero en un sentido más humanitario y español”.

Un informe de la Falange en poder de Vinyes señala que de 32 mil 37 menores que fueron evacuados de España rumbo a Francia, África Francesa, Bélgica, Gran Bretaña, la Unión Soviética, México, Suiza y Dinamarca, 20 mil 266 fueron “repatriados a España mediante operaciones clandestinas”. Y mostraba su obsesión al considerar que los “rojos” enviaron a la Unión Soviética a los niños para prepararlos y luego remitirlos como “agentes soviéticos” a países de habla hispana.

Sobre el caso de los 456 niños españoles refugiados en México, el informe mencionado sólo registró 430, de los cuales 56 fueron repatriados, aunque no especifica el método utilizado.

Los métodos legales de repatriación fracasaron porque se enfrentaron a la negativa de los tutores de los menores a la devolución voluntaria a España. “En 99% de los casos esa solicitud es denegada de primera intención”, dice el informe de fecha 26 de noviembre de 1949.

Entonces el régimen franquista comenzó una “labor constante, tenaz y silenciosa” mediante los “raptos y operaciones clandestinas de captura de hijos e hijas de republicanos ordenados por el Estado y organizados y perpetrados por el Servicio Exterior de la Falange”, señala Vinyes en Irredentas. En Francia, Suiza y Bélgica se realizaron algunas y se planearon “espectaculares y esperpénticas acciones en México”, expone.

La “recuperación” de los menores condujo inexorablemente a la “pérdida de la identidad” de los mismos. La “protección de niños” por parte de la dictadura se convirtió en un “régimen punitivo”, donde los “niños debían expiar los ‘pecados de sus padres’ y se les repetía que también ellos eran ‘irrecuperables’”, por tanto eran apartados e internados en las instituciones del Estado y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos”, explica Vinyes, cuyo libro se integró a la instrucción que el juez Baltasar Garzón inició en 2008 por los crímenes del franquismo.

La Falange distribuyó de manera reservada una circular interna que contiene la llamada “Propuesta para la repatriación de los niños españoles que se encuentran en México”. “Está en vías de llevarse a la práctica que (los niños) salgan silenciosamente por pequeños grupos de 8 o 10 para La Habana al objeto de ser allí embarcados poco a poco a nuestros vapores para España”.

El viaje debía ser sufragado por “españoles franquistas en México hasta la capital cubana” y por “el gobierno español desde Cuba hasta España, en colaboración con la compañía naviera Transatlántica”.

El plan pretendía que desembarcaran en La Coruña o Bilbao. “Hay que contar con que se hará lo necesario para tener dispuestos albergues para su alojamiento, y que éste podrá prolongarse durante unos meses, ya que de todos los que se encuentran en México sólo han recibido reclamaciones por sus padres alrededor de cien criaturas, mientras que pasan de 300 aquellos de quienes sus padres no se han ocupado todavía”, apunta el documento.

Vinyes dice que “en México había residentes de pensamiento conservador afines al régimen franquista que actuaron en auxilio de esas acciones para lograr la repatriación de los niños o procurando que saliesen de la escuela de Morelia, donde fueron agrupados”.

Señala que el régimen severo aplicado en el internado Escuela Industrial España-México, en Michoacán, ayudó a que “se creara una idea de que los niños estaban mal”. Ello a su vez “abonó ese paternalismo del conservadurismo nacional-católico del Estado español”. Así, señala, la Falange “se tomó muy en serio la misión de salvar a esos menores, sacándolos de la escuela”.

Sin embargo, sostiene que esos secuestros en México “fracasaron porque era una locura”. En su opinión la Falange carecía en México de los contactos o de la eficacia que tenía en Europa, por lo cual “las operaciones por Cuba o por Guatemala, donde también lo intentaron, salieron fatal”.

Vinyes dice que los documentos a los que accedió para su investigación, la llamada Carpeta México del Archivo General de la Administración, no precisan cuáles fueron las razones concretas del fracaso, pero sus propias investigaciones arrojan que “las familias conservadoras y burguesas que colaboraban con ellos no se la jugaron en un secuestro, por muy identificados que estuvieran con el franquismo”. l