Con 12 temas en arreglos originales para su más reciente grabación, el cantor popular Rafael Mendoza celebra 30 años de carrera artística “difícil pero muy disfrutable, pues ya llevo mucho tiempo trabajando y es ahora cuando gozo más el escenario al interpretar mis canciones en cada concierto”.
Octavo disco de un oficio independiente iniciado hacia 1985 a dúo con El Macondo (Miguel Ángel Díaz), el CD Mil años después (Fonarte Latino CDDP-1695) será presentado en vivo por el autor y su banda el martes 17 de noviembre en el Teatro de la Ciudad, a las 20:30 horas, con los invitados especiales Edgar Oceransky y Miguel Inzunza (quienes participan en él).
Dos días antes, a las 9 de la noche del domingo 15, hará lo propio en su recital gratuito de la Plaza de los Fundadores, Querétaro, al cierre de la segunda edición Trovafest 2015, “evento de cantautores impresionantemente bien organizado donde asistí también hace un año”.
“Mil años después es un disco celebratorio –escribe para el folleto del álbum Mendoza, nacido en la Ciudad de México el 10 de junio de 1960–. Celebro la fortuna de mantenerme 30 años haciendo canciones que es lo que más me gusta y lo que en realidad sé hacer… Celebro la suerte de convivir con la música de mi tiempo… Celebro el amor, que me ha hecho escribir buena parte de mi obra… Y celebro, por último, la oportunidad de vivir en este mundo idiota y lúcido, oscuro y luminoso, para habitarlo y contarlo.”
Creador de “un modelo de canción popular de México que debería escucharse en todos los confines del idioma”, según palabras del poeta Eduardo Langagne para este álbum, Mendoza sólo suena en las radiodifusoras culturales; pero un puñado de sus composiciones han sido interpretadas por voces como las de Amparo Ochoa, Óscar Chávez, Eugenia León, Betsy Pecannins, Lila Downs, Nina Galindo o Susana Harp.
–Para Mil años después arregló de vuelta “Qué me pasa”, una pieza de su disco homónimo de 1994 en Ediciones Pentagrama que le grabaron Salvador El Negro Ojeda, Milli Bermejo e Iraida Noriega, además de Marcial Alejandro y David Haro (Proceso, 1513). ¿Cómo la compuso?
–Es fruto de una pesadilla. Estaba trabajando en Oaxaca, me hospedé cerca de la estación de autobuses, en un hotelucho sin cortinas que tenía las ventanas pintadas de negro, y cuando apagué la luz, la oscuridad era absoluta. Me dormí, pero desperté sobresaltado porque soñé que un gato se metía en mi boca; luego cuando quiso salir me arañaba todo por dentro, y no podía.
“Esa pesadilla la junté años después a la experiencia de estar solo y no saber dónde andaba mi chava, con esa frase melódica de blues, muy larga, que me gusta mucho porque rítmicamente se acerca a la guajira y al son montuno: Hay un fantasma escondido en mi casa que tira la sábanas en cada noche que tú no estás. Es una canción muy breve, muy clásica; la oyes y estás mirando lo que ocurre.
“Dije: ‘¡hay que volverla a grabar pero diferente en Mil años después!’, y en ella ahora tocó un compositor muy bueno entre los jóvenes troveros mexicanos, Miguel Inzunza, el solo de guitarra dobro.”
En esta aventura producida por el propio Mendoza (canto y guitarras), lo acompañan asimismo: Sibila de Villa (flauta, sax), Federico Luna (armónica), Izakum Vázquez (percusiones), Juan Carlos Novelo (batería), Rodrigo Duarte (cello, vihuela, maracas), Mario Choperena (coros) y Paolo Marcellini (bajo, guitarras). Las demás canciones inéditas son:
“Qué barato”, crítica política (“producto de mi beca María Greever 2011”; la trilogía amorosa “Muy suavemente”, “Para ti” y “Tras de ti”; “Torre de Babel”, a la Ciudad de México (“y a Tijuana, que quiero mucho”); las tristezas de “Está creciendo el río” y “La misma estación”; la ranchera “El último vagón” (“sobre un romance urbano”); un ska hecho reggae: “No me bajo del avión” (“por la juventud de Morelia”); el aura de esperanza “Para saber de la mañana”; y “Mil años después”, que dice:
Sueño que vivo en un sueño
y en todos mis sueños te sigo buscando.
Nunca se acaba el misterio
aunque me duerma a tu lado.
–¿Sigue viendo al Macondo?
–Muy poco. Él paró y yo seguí, esa es la diferencia… Nuestro primer LP en Pentagrama ya no se reeditó. Otro disco que tengo extraviado es el de la bohemia que nos grabaron en vivo a Marcial Alejandro, David Haro y a mí en Los Ángeles, California, por 2006. Tampoco se puede conseguir ya.
“Mira… En este duro oficio, uno como trovador debe ser muy necio para aguantar la carencia de foros y el ninguneo en radio y la tele comercial, buscando siempre abrirse puertas frente a la extensa oferta de géneros musicales que pulula en la actualidad. Lo cierto es que gracias a la red internet y por la persistencia de los cantautores, existe un público creciente.”
Prueba de ello –concluye Rafael Mendoza– “es la impresionante cantidad de gente que se juntará en el Trovafest 2015 de Querétaro”. l








