La chica del chador

Quizá alguien llegó a imaginar a una joven vampira en patineta, pero seguro nunca la pensó vestida con un chador negro, a la usanza de las mujeres en Irán. Ana Lily Amirpour, realizadora americana de origen iraní, completa la fantasía; Una chica regresa sola a casa de noche (A girl walks home alone At night; Estados Unidos, 2014), sugiere que bajo el atavío asociado a la sumisión femenina se oculta otra forma de poder, y el chador flota como alas negras en la noche.

En esa ciudad del pecado, Arash (Arash Marandi) vive con su padre, adicto a la heroína, quien se mete en líos de drogas con el gánster local, Said (Dominic Rains), que quiere cobrarse una deuda con el Ford Thunderbird de Arash, el James Dean local. Pero la chica solitaria del chador camina, o a veces flota con su patineta, por ahí para darle a cada quien su merecido.

Estilizada hasta la abstracción, la fotografía en blanco y negro ayuda a maquillar un suburbio californiano y hacerlo pasar por una ciudad iraní; en las calles desoladas cada encuentro con los hombres que la chica (Sheila Vand) sale a cazar de noche semeja un duelo a muerte en un escenario de Western. Hablada en farsi, provocación directa a ese cine americano que sólo se cree inteligible si habla inglés, la cinta de Amirpour condensa la poesía de la dislocación a la manera de Jim Jarmusch; lo familiar se vuelve extraño, y lo insólito, normal.

La misma desolación que oprime a los habitantes del mundo del autor de Hombre muerto o El tren del misterio, enrancia el clima donde camina sola esta chica; la risa, imprescindible en este cruce de géneros, supone la complicidad con un público que lo mismo consume cine chatarra que admira el arte de David Lynch. Este tipo de trabajo, referencial hasta la exageración, ya no puede verse únicamente como homenaje a los íconos que venera la directora: Sergio Leone, Clint Eastwood, James Dean, Tarantino, sino como la tierra mítica del continuo retorno, antídoto contra la enajenación, el mismo remedio que salvó a los chicos encerrados por su padre en Wolfpack, del documental de Crystal Moselle.

Una chica regresa sola a casa de noche no es solo una carta de amor al género de vampiros, es también una historia romántica de amor eterno a la manera de Sólo los amantes sobreviven; la muerta en vida, que ama la música y los discos de vinil, proviene del mismo linaje de la pareja de vampiros de la cinta de Jarmsuch. Arash sería la versión masculina de Mina, la novia de Drácula; Ana Lily Amirpour explora el erotismo desde el polo opuesto, el cuello tatuado con palabras procaces en farsi del villano Said se vuelve objeto de deseo de los colmillos de esta solitaria vampira.

Pero al cuello que expone Arash la chica opone el oído que escucha el latir del corazón al ritmo de la música; la banda sonora, principalmente canciones del rock árabe de los ochenta, funciona como la de Pulp fiction, a la vez slogan y coro de las emociones en la pantalla. La política, sin embargo, de Amirpour, empieza y acaba en el chador; su interés no es denunciar un estado de cosas, sino el juego y la estética del underground.  l