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La corrupción afecta a múltiples áreas del Estado mexicano. La reciente fuga de El Chapo Guzmán mostró la fragilidad del sistema penitenciario, que ha sido denunciado por algunos juristas y politólogos. Hace unos meses apareció la novela: El hombre inocente (Ediciones B, México 2014. 355 pp.) de Fernando Zurita.

La historia trata sobre la detención del empresario César Romano por la policía judicial. Mientras su abogado busca conocer las causas del arresto y al denunciante, Romano es encarcelado. Luego entra en contacto con el jurista del quejoso e inicia un proceso de negociación para liberar al inculpado, en donde privará el abuso, el engaño, la trapacería, para todos los tratos, con la intervención del ministerio público y los jueces. Por otro lado, el detenido conocerá en el interior de la cárcel a diferentes mafias, con las que tendrá que negociar para sobrevivir.

Para Zurita la corrupción del sistema de justicia no se circunscribe sólo al área penitenciaría, sino comprende a la procuraduría, ministerios, jueces, policías, abogados y presos, entre otros. De tal manera que las instituciones y personajes, desde el inicio de un proceso judicial, intervienen para detener y condenar a ciertos individuos o proteger a aquellos sujetos que, por medio del dinero e influencias, buscan esquivar la ley. El soslayo lo obtienen según su fama o peligrosidad, en alguna etapa del proceso, desde la captura, a la que es posible burlar, hasta el encarcelamiento, del que pueden escaparse, por la participación de la mayoría de los actores del sistema.

El hombre inocente es una primera novela de Zurita seca en el lenguaje, pero con un manejo adecuado de la tensión dramática, que además resalta por la actualidad del tema.   l