“Novena sinfonía” de Beethoven

GUANAJUATO, GTO.- En el marco del 43 Festival Internacional Cervantino (FIC), se presentó la Novena sinfonía de Beethoven en el Teatro Juárez: una de las perlas de la programación. Los ejecutantes, la orquesta Ánima Eterna Brugge y el Dresdner Kammerchor.

Con este concierto culminó una serie de cinco en los que se tocaron las nueve sinfonías del autor alemán (Proyecto Beethoven), todas bajo la dirección del clavecinista y fundador de esta institución belga, Jos van Immerseel. Los solistas de esta obra merecen cada uno un gran aplauso por su brillante desempeño: Andrea Lauren Brown, soprano; Marianne Beate Kielland, alto; Markus Schäfer, tenor; Thomas Bauer, barítono.

Esta orquesta nacida en 1987 como un pequeño grupo barroco especializado en obras de Bach, posee instrumentos de época, o mejor, copia de los mismos, y no son más fáciles de tocar que los modernos; los cornos, por ejemplo, batallan lo indecible para producir afinadamente una escala simple que con los actuales no representa ningún problema. Una versión historicista, como se les llama a las que tienen estas características, y además con la afinación más baja, quizás a 415 en vez de los 440 ciclos por segundo (como en la actualidad), y el concepto musical también muy distinto al de las grandes sinfónicas de hoy: la orquesta es pequeña, de unos 50 integrantes, y en el caso de la novena el coro lo conforman 28 cantantes.

El público, no muy convencido, y es que aunque se mejore en algunos aspectos en otros se pierde. En el caso de la música barroca, una orquesta y versión historicista ya ni se discute, han sido aprobadas unánimemente por el público. Pero en el caso de las sinfonías de Beethoven, se agradece que la orquesta no sea muy grande, que el sonido no sea una vorágine sonora, que la afinación sea más baja (la que Beethoven usaba, no más ni menos), un coro y solistas que cantan hermoso y que no tengan que desgañitarse, pero ¿violines y cuerdas sin vibrato? ¿timbales de timbre pobre? ¿cornos que sufren con su particella y rara vez le atinan a las notas? Un sonido en general inadecuado y que parece surgir de una antigua radio de onda corta.

El oído de los añejos diletantes ya se acostumbró al sonido moderno en el caso de estas sinfonías, y cambiarlo de pronto por otro historicista pero muy cuestionable, no es empresa fácil y tal vez ni siquiera viable. El argumento de que así eran las orquestas en la época de Beethoven es endeble; hubo progresos posteriores que mejoraron el sonido orquestal y pueden aprovecharse discretamente sin detrimento de la obra.

Creemos que se debe encontrar un justo medio: tocar con instrumentos actuales pero en afinación más baja, orquestas de 50 o 60 músicos que no obliguen a los cantantes a gritar, cuerdas que vibren sin exagerar, etc. No puede decirse que la versión de la agrupación Ánima Eterna Brugge sea una equivocación, pero se encuentra sin duda en el extremo del purismo; en el otro estarían las versiones gigantescas tipo Von Karajan, donde se requería obligadamente de solistas con voz de acero que compitieran con esas mega orquestas, y en una afinación más alta de la beethoveniana; de ahí el justo medio…

La experiencia resultó muy agradable e ilustrativa, pero sin convencer al 100%. Habrá que ver si a la postre, en el caso de la música de Beethoven, se imponen estas versiones, como ocurrió con el barroco, o se recuerdan como un buen intento y nada más