De Héctor Ramírez Parra
Señor director:
Le agradeceré publicar el siguiente comentario sobre el artículo titulado La Sedena: entre la soberbia y la cerrazón, así como en torno al que, en referencia al titular de la Sedena y a los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa, se difundió con el encabezado: General, juez y parte (Proceso 2032).
El general de cuatro estrellas Salvador Cienfuegos no se debe al presidente Enrique Peña Nieto, quien lo designó secretario de Defensa. Se debe a su gran jefe: el pueblo de México.
En consecuencia, debe rendir cuentas cuando se le solicite, y como militar que es no debe cuestionar a la autoridad civil, menos aun cuando se han detectado posibles deficiencias y omisiones en el cumplimiento del deber de oficiales y tropa. No estamos en una dictadura ni los ciudadanos somos soldados. Por eso México es una democracia, donde el poder civil es el que rige al sistema político.
De este modo, en el curso de una investigación por parte de la autoridad civil, el general debe permitir que ésta se desarrolle sin poner peros ni obstrucciones, pues los hechos dirán si debe castigarse a alguien o no.
No es trabajo de un militar ser juez y parte; está obligado a facilitar las actuaciones de los funcionarios del Poder Ejecutivo, al igual que de entidades como la CNDH y la CIDH, ya que con los impuestos que paga la ciudadanía –desde obreros y empleados hasta empresarios y las demás personas que mueven la estructura económica del país– se sufragan los gastos de la defensa nacional.
Ya bastantes problemas tenemos con el crimen organizado y la corrupción en los tres niveles de gobierno, para que las fuerzas de seguridad, en este caso los militares, se opongan a que los acontecimientos sean esclarecidos con la verdad.
Reproduzco una frase de uno de los libertadores de América, el general José de San Martín (1778-1850): “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene”.
Del general José de San Martín debería tomar ejemplo el general Salvador Cienfuegos Zepeda.
Atentamente
Héctor Ramírez Parra








