Master Chef México

Las franquicias se han convertido en una forma de internacionalizar la programación televisiva. A la vez cada país las adopta como un recurso para bajar costos y aumentar ganancias. Después de Big Brother vinieron en cascada múltiples formatos de concurso, y/o de competencia a ser llenados por cada empresa que adquiría el derecho a explotar la fórmula. No más quebraderos de cabeza, no más contratos a guionistas imaginativos, experimentados. Adaptar es mucho más sencillo que inventar.

Actualmente Canal 13 está explotando su versión de una franquicia que se llama Master Chef, que podría traducirse como Maestro Cocinero. Esta viene de una compañía holandesa llamada Endemol Shine Latino, perteneciente a Mediaset del italiano Silvio Berlusconi. Master Chef se ha producido en Argentina, Australia, Brasil, Chile, Colombia, Corea, Francia, España, Estados Unidos, Italia e Inglaterra.

El programa es bastante simple y hasta aburrido. Primero viene la convocatoria; cientos de inscritos para competir con sus habilidades culinarias en busca del gran trofeo. Pasados los filtros iniciales empieza la verdadera competencia. Tanto en equipo como individualmente se llevan a cabo pruebas, se reciben órdenes de trabajo que son evaluadas por un jurado de supuestos expertos.

Los jueces son especímenes fabricados por los medios. En la versión de Azteca, resultan bastante desagradables. Regañan sin que el concursante tenga derecho de réplica. Suelen obligar a los aprendices a decir “sí señor”, “no señor” o “señora”, bajar la cabeza aceptando los reproches sin chistar. Los comentarios son del tenor: “esto es una porquería”, “si trabajaras en mi restaurant ya te habría puesto en la calle”, “este plato está para la basura” y otras frases parecidas.

En México inició el 28 de junio de este año y se acerca a la final que será el domingo 18. Entre quienes llegaron a la última fase se encuentra una monja de mediana edad que concursa vestida con su hábito al que sobrepone, según sea el caso, un delantal blanco o negro. Según la publicidad desplegada este personaje es muy carismático, la Hermana Flor ha conquistado a la audiencia. No es seguro que gane, aunque sí posible.

De aquí se desprende una línea nueva: las monjas en papel de estrellas televisivas. En el canal de cocina Gourmet han incluido una sección a cargo de dos monjas “de clausura” que se mueven en una cocina pequeñita con sus hábitos y tocado. Otra monja ha ido más lejos, canta en los escenarios televisivos, siempre con su hábito que la identifica como miembro de la Iglesia católica, es sor Cristina. Se ha convertido en una rock star, aunque resulta cómico verla moverse como Madona enfundada en su incómoda vestimenta.  Este programa es también una franquicia, explotadas en México por Televisa. Se exhibe en Canal 2 en su cuarta temporada, se llama La voz México.