El tenor peruano Juan Diego Flórez (Lima, 1973) , súper estrella internacional de la ópera, se presentó en el Auditorio Nacional después de cinco años de ausencia, acompañado por la Orquesta de Minería dirigida por el italiano Sebastiano Rolli (1975).
El evento fue coordinado por la Asociación Viva Perú, cuya presidenta Ingrid Yrivarren dirigió unas palabras para decir cómo su organización busca dar a conocer lo mejor de ese país en México. En seguida subieron al escenario Tania Libertad y Armando Manzanero. Por fin salió el tenor y arrancó el concierto con arias de ópera y piezas para orquesta sola.
Comenzó con el repertorio habitual: Cenicienta de Rossini, Lucia di Lammermoor de Donizetti, para pasar a su nuevo repertorio: Fausto de Gounod, Werther de Massenet y La bella Helena de Offenbach. Cada aria era mejor cantada que la anterior, aunque el público se le entregó desde un principio; ya al llegar a “Au mont Ida” de esta última ópera –que Flórez interpretó y actuó como los grandes–, tenía al público en la bolsa.
Su timbre de tenor ligero (o acaso lírico ligero) se ha oscurecido levemente en el centro, ha obtenido más cuerpo en esta región, sus agudos (carta de presentación de todo tenor) son contundentes, seguros y admirables. Comentó el tenor en conferencia de prensa que ese embarnecimiento de su voz le permitirá ahora acceder a un repertorio un poco más demandante. Ojalá que no abuse en este sentido ni en el número de funciones que hace anualmente, lo cual pudiera dañar irremediablemente su voz y acortar su carrera.
En la segunda parte, la fiesta: canciones populares de Italia, Perú y México. Para abrir boca “La Mattinata” de Ruggero Leoncavallo y “Marechiare” de Tosti. Flores canta el repertorio italiano con absoluta precisión, como si de un nativo de italia se tratase, de ahí que el legendario Pavarotti lo señalara como su sucesor. Un botón de muestra: https://www.youtube.com/watch?v=U0WAiGsNZgc La selección italiana terminó con “O sole mio” de Di Capua, una pieza fundamental del repertorio napolitano, y ahí se desbordó el entusiasmo.
En seguida la orquesta interpretó una pieza peruana de Abelardo Vásquez, “El alcatraz”, y Juan Diego Flórez cantó un par de canciones de su país, “La flor de la canela” de Chabuca Granda y “Ojos Azules” de Miguel Hurtado.
“Mi padre era de los músicos fijos de Chabuca Granda, yo crecí oyendo y cantando canciones rancheras”, declaró el tenor. Empezó la sección mexicana del concierto con una versión orquestal de “Guadalajara” de Pepe Guízar, no muy afortunada la ejecución del extraño arrreglo. Vino después “La Malagueña” (danza oaxaqueña) y “México lindo” de Chucho Monge…
Juan Diego Flórez cantó con generosidad absoluta pese a padecer alguna incomodidad en la garganta, por lo que se administraba un aerosol terapéutico entre canciones. Y aún así, el público fue obsequiado con un popurrí muy gozoso: “Mucho corazón”, “Piel canela”, “Guantanamera” y ”El yerberito” para después añadir todavía “Granada” de Lara. Apareció entonces el Mariachí Gama Mil y con ellos cantó tres canciones “Pa’ todo el año”, “Volver, volver”, y “Cielito lindo” que por supuesto el público coreó.








