Una mirada mexicana en Munich

El fotógrafo independiente y colaborador de este semanario Rafael del Río expondrá en el Festival Spielart de Arte y Resistencia sus imágenes sobre la violencia social que se vive en el país y particularmente en el estado. En entrevista relata cuál es la esencia de su proyecto.

Rafael del Río, colaborador de este semanario, fue designado como uno de los 40 finalistas entre los 800 fotógrafos que enviaron sus propuestas para exponer su obra en el Festival Spielart de Arte y Resistencia, que se llevará a cabo en la ciudad alemana de Munich del 23 de octubre al 7 de noviembre.

El fotógrafo describe así su proyecto: “Traté de retratar momentos significativos de lo que ha significado la violencia para la gente, e imágenes que fueran emblemáticas de cómo ha cambiado la realidad a partir de esa violencia”.

Comprometido con su narrativa visual, Del Río hizo una selección del trabajo que ha realizado en Guadalajara, con su cobertura de la protesta social, desde la represión de los grupos “globalifóbicos” por la Policía Estatal el 28 de mayo de 2004, en el marco de la Cumbre de América Latina y el Caribe, hasta las recientes manifestaciones por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Sin embargo, también incluyó otro aspecto de la violencia: el derivado del combate a la delincuencia organizada, que se expresa en imágenes de la quema de plantíos de mariguana y del despliegue militar en diversas regiones del estado.

El Festival Spielart se fundó en 1995 y convoca a disciplinas artísticas como danza, pintura, teatro, cartel, literatura, instalaciones conceptuales, documental, video y fotografía, realizados por creadores de todo el mundo. Esta vez habrá un simposio paralelo de conferencias titulado Show me the world (Muéstrame el mundo).

El fotógrafo jalisciense comenta que la satisfacción es doble, ya que por primera vez su obra se exhibirá en un aparador internacional y él conocerá Europa, lo cual “es un estímulo para seguir trabajando e implica mucha responsabilidad, y más cuando tienes un auditorio distinto al que estás habituado; tratas de ser más responsable con los contenidos”.

Como los organizadores del festival sólo cubren el hospedaje y cada invitado debe pagar su boleto de avión, el pasado 2 de octubre Del Río ofreció en venta 50 imágenes suyas de pequeño formato en el barrio de Santa Tere.

En busca de lo cotidiano

Del Río ejerce la fotografía desde hace más de 20 años, cuando egresó de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

Cuenta que originalmente cursó la carrera para hacer periodismo escrito pero descubrió que a través de las imágenes expresaba mejor sus ideas. Aún conserva la cámara con la que se inició en el fotoperiodismo, una Kodak Retina que perteneció a su padre.

“Algo que me marcó muchísimo fue cuando asistí a El Salvador como parte de mi servicio social en el ITESO, y justo un día antes de los acuerdos de paz, después de 10 años de guerra, llegué a la fiesta de reconciliación nacional y encontré que la mejor forma de conservar lo vivido era la fotografía. Y me dije: creo que por ahí está mi camino.”

La entrega a su oficio le ha valido el apoyo de diversas instituciones. En 2011 obtuvo la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte, que otorga el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en la categoría Artes Visuales; ganó un premio de honor en el Primer Festival de Fotografía Latinoamericana en París, Francia, en 2004; el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (2000) y el Premio Jalisco de Periodismo en tres ocasiones (1999, 2001 y 2002).

Fotografías suyas se han publicado en diarios extranjeros como El País (España) y La Opinión (Los Ángeles, California), lo mismo que en los mexicanos Público-Milenio, La Jornada, Reforma, Siglo 21, El Informador y Diario de Colima; así como en las revistas Etiqueta Negra (Perú), Etcétera, Cuartoscuro, Proceso Jalisco y Proceso. El portal español www.area-zin.com incluye obra suya.

Sin embargo, aclara que el motor de su trabajo no son los premios, sino la intención de propiciar la reflexión sobre los contextos sociales deprimidos por la injusticia y la violencia.

Lo ratifica en su página web (rafaeldelrio.com): “La vida de los ‘sin nombre’, de las personas que no tienen lugar en los diarios, son las que han marcado la mía. Y sus historias han sido el mejor alimento para seguir buscando los pequeños instantes que me hagan sentir vivo, compartir, sonreír y caminar, caminar, nunca dejar de caminar”.

Además, admite que los galardones no son una prueba contundente de que el trabajo expuesto está bien hecho, pero señala que estimulan y potencian la vocación artística.

“Mi tronco siempre ha sido la chamba; y si hay una chamba en la que tengas cosas que decir, buscas en dónde se puede difundir. Puede ser un festival, una publicación, una revista, pero el río que nutre es la chamba: no es al revés, no es que te llega la invitación y luego te pones a hacer las cosas”, puntualiza.

Expone que su deseo de explorar nuevas formas de narración comenzó hace 10 años. En ese entonces, dice, incluso pensó en retirarse de los medios de comunicación por su dinámica de inmediatez y su tendencia a la rutina.

“Sentía que no estaba creciendo. En una estructura amplia tienes que trabajar en el sentido de cubrir y no en el de profundizar en los temas más productivos para ti; sentía que sólo hacía foto para el trabajo”, señala.

Finalmente no abandonó el ámbito periodístico y tras esa introspección trabajó en su obra personal con materiales más consistentes y propuestas más abiertas. Uno de sus trabajos documentales más reciente fue la producción del cortometraje Siete historias, que se estrenó el pasado 27 de febrero en el Cineforo de la Universidad de Guadalajara, con Diego Reynoso, otro fotógrafo que a su vez presentó su cortometraje Apunta y dispara.

En Siete historias Del Río recupera a los olvidados de la sociedad, a quienes no encajan en ningún modelo social y son ignorados por las instituciones oficiales: franeleros, poetas urbanos, travestis, indigentes y adoradores de la Santa Muerte.

A partir de su propia experiencia, considera que las generaciones de fotógrafos que siguen a la suya trabajan con mucha iniciativa pero su reto es generar sus propios proyectos, ya que los espacios en los medios de comunicación están muy acotados:

“Tienen que abrir esas puertas, no solamente las de los medios institucionales, sino abrir propuestas: a lo mejor generar un blog o buscar colaboraciones, o algún tipo de espacio en donde puedas difundir este tipo de trabajo personal y que te remunere, porque durante mucho tiempo la fotografía se veía como un trabajo no profesional.”

En cuanto a los medios de comunicación como campo profesional, opina que constriñen a los fotorreporteros a la cobertura de la información, a veces en ruedas de prensa, sin profundizar en los temas, como puede verse en las portadas donde resaltan los rostros de funcionarios, empresarios y obras suntuosas en lugar de imágenes de la vida cotidiana.

“Yo aprendí de UnomásUno y La Jornada cuando empecé a hacer fotos porque publicaban mucho de la vida cotidiana. Sí había foto oficial, pero más eran de la gente, de lo que pasaba en la calle, y eran muy ricas, con contenido estético; no tanto los políticos, importaban la generalidad y la riqueza de la cultura y la sociedad. Creo que ese tipo de trabajo propicia discursos visuales más ricos.”

Menciona que uno de los fotógrafos en los que se ha inspirado para apropiarse de la cotidianidad es el checoslovaco Josef Koudelka, autor, entre otras, de una famosa serie de imágenes de grupos de gitanos en los Balcanes.

“Creo que es muy importante que la gente agarre el sentido de la búsqueda del trabajo personal, a mí me ha servido mucho.”

–¿Eres crítico de tu trabajo? –se le pregunta.

–Sí, yo creo que uno es el mejor juez de tu chamba. Pienso en cómo ser más expresivo y cómo contar mejor las cosas. No hay una receta, pero soy crítico en el sentido de ser más claro de hacia dónde voy y qué me mueve. Se dice que la fotografía es el reflejo de uno mismo, un recurso que te ayuda a conocerte. l