ARosaura Ruiz Gutiérrez se le ha ubicado como la candidata de la “izquierda” para ocupar la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Particularmente, se le vincula con Andrés Manuel López Obrador, a quien apoyó abiertamente durante el proceso electoral de 2012, por “representar el único proyecto que garantiza los derechos de las mujeres”.
Sin embargo, la directora de la Facultad de Ciencias se siente incómoda con la referencia. “Es muy importante que aclare esto, porque a mí se me quiere encajonar como candidata de la izquierda y yo creo que eso es un error. La universidad es plural y yo respeto la pluralidad”, dice a Proceso pocas horas después de que la Junta de Gobierno emitiera la convocatoria para la sucesión.
Su color parece ser el blanco. Lo son todas las sillas y los sillones de su oficina y lo es también el vestido que resalta sus ojos verde olivo. De entre cientos de documentos amontonados resaltan libros y fotografías de Darwin y el cuadro de una niña indígena resolviendo una operación matemática mientras sostiene a su hija en un rebozo.
Bióloga, expresidenta de la Academia Mexicana de la Ciencia, la doctora Ruiz presume haber pasado 40 de sus 65 años de vida en la UNAM, mismos que le han dado la trayectoria, la capacidad y el interés de dirigirla, según sus palabras.
–¿Por qué quiere ser rectora? –se le pregunta.
–Porque creo que el papel de la UNAM no se limita a la educación superior. Su importancia está en ser la institución más importante en producción de conocimiento científico, humanístico y artístico, opina y participa de muchos temas de relevancia nacional.
Asevera que la universidad debe transformarse permanentemente, en todos los ámbitos. Inicia con su diagnóstico: “Me gustaría promover el análisis de las problemáticas desde puntos de vista interdisciplinarios: la interacción entre institutos de ciencia, entre institutos de humanidades”.
Sobre el presupuesto, pondera “la necesidad” de buscar más recursos para investigación. Y alerta: “La problemática de los recursos puede ser un foco rojo porque estamos viendo que Conacyt está teniendo recortes y eso puede afectar el desarrollo de la ciencia y las humanidades en México.
“Insistiremos con el gobierno para que disponga más recursos, además de los que nosotros tenemos por trabajo propio. Me parece que la investigación en la UNAM va bien, pero es un punto fundamental para el país.”
En cuanto a cobertura, uno de los temas que el todavía rector, José Narro Robles, mencionó como “pendiente”, la aspirante señaló: “La UNAM ha aumentado mucho su cobertura y no la puede ampliar indefinidamente. No es tan grande como se necesitaría para aceptar a todos los alumnos que no podemos recibir ahora. Una solución ha sido la educación a distancia, pero a mí me preocupa mucho que los jóvenes también tengan un espacio de actividades presenciales, actividades artísticas y deportivas. Y debemos contribuir a crear nuevos centros de educación. Pero ese es un problema del país, más que de la UNAM, que hay que resolver en conjunto”.
Los niveles iniciales
En licenciatura, explica, “los tiempos son muy largos. Una de las razones son las diferentes formas de titulación. Me parece que una carrera debe tener en su plan de estudios todo el conocimiento y habilidades para que un estudiante pueda enfrentar su profesión, y no dejar para las diferentes formas de titulación algún otro conocimiento o habilidad”.
Sostiene que otra asignatura pendiente, tanto para la UNAM como para el país, está en la innovación. “Tenemos pocas patentes. Somos un país tecnológicamente dependiente. Debemos invertir en investigación y relacionarnos con la industria, con el impulso del gobierno, para solucionar problemas del país”.
Fundadora del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), es consciente de que debe revisarse el nivel bachillerato. “Los alumnos deben adquirir las formas de pensamiento centrales, que son pensamiento matemático, científico, humanístico y la cultura artística. Y debe haber una congruencia entre el bachillerato y la licenciatura. En los diagnósticos que se hacen a los egresados se nota que hay muchos campos que mejorar: la enseñanza de las matemáticas, de un segundo idioma, bases de cómputo, historia. Incluso hay fallas en la comprensión lectora”.
La doctora termina su exposición hablando de promover la oferta cultural de la universidad a escala nacional. Pide un segundo para tomar agua.
–Precisamente fue el intento de renovar planes y programas de estudios lo que derivó en las últimas huelgas del CCH y del Instituto Politécnico Nacional. ¿Por qué es necesario dar este paso y cómo convencer a los jóvenes de acompañarlo? –se le inquiere.
–Las disciplinas cambian, la sociedad cambia y tenemos que renovarnos constantemente. Los enfoques centrales no se cambian. En bachillerato se deben impartir conocimientos de todas las áreas. Siempre se tiene que buscar el consenso. Debe participar la comunidad, tomar en cuenta a todos los sectores y discutir en comisiones.
–¿Qué devela tanta convulsión en los CCH, de vuelta en todos los diarios por actos violentos?
–Son varios factores. Hay estudiantes legítimamente interesados en algún cambio o protesta. Pero luego se involucra otro tipo de actores, por ejemplo los llamados porros. Es un problema tremendo, particularmente en algunos planteles. En eso debe haber una colaboración por parte de los gobiernos. Ahí debe haber una intervención distinta. No es lo mismo hablar con estudiantes inconformes, a los que siempre hay que escuchar y entenderlos, que cuando se habla de porros.
–Porros que han sido señalados por estudiantes de actuar en complicidad con autoridades de los planteles.
–En la UNAM no existen autoridades relacionadas con los porros. Pero tampoco pienso que sean autónomos. De parte de quién vienen, por qué actúan y con qué intereses es una cuestión que falta revisar.
–De llegar a la rectoría, ¿cómo encararía la toma de instalaciones, recurrentes en los últimos años?
–Como se ha hecho: sin violencia, negociando. La institución tiene que actuar con principios legales y de convencimiento.
–A partir de una balacera que se dio a unos metros de la Facultad de Filosofía (en la que un elemento de la PGJDF hirió a un estudiante), en noviembre pasado, se revivió el tema de la autonomía y sus límites en cuestión de seguridad. ¿Qué piensa al respecto?
–La universidad debe tener un tremendo cuidado en esos casos. Aunque la autonomía no implica que la UNAM sea extraterritorial, tampoco es trivial que la policía entre a la universidad. Eso se tiene que evitar.
–Proceso hizo pública la presencia de narcomenudistas en Ciudad Universitaria, sin mencionar que, el pasado viernes 18, la Comisión de Seguridad de la UNAM dio a conocer que en sus planteles se cometen alrededor de 944 delitos al año. ¿Cómo encarar esos puntos sensibles?
–Ya hay programas de trabajo para evitarlo. En mi experiencia (en la Facultad de Ciencias) nosotros teníamos un foco donde había narcomenudeo y lo que hicimos fue recuperar el espacio y hacer un edificio, evidentemente con recursos que dio el rector.
–¿Qué hacer con el auditorio Justo Sierra, tomado desde la huelga de 1999-2000?
–Tiene que recuperarse sin violencia. No es sencillo. Es un espacio muy importante para actividades culturales que está tomado por un grupo que no necesariamente tiene intereses de los estudiantes de Filosofía o de la UNAM.
–¿Cómo vivió usted esa huelga?
–Yo la viví como profesora, aquí en mi facultad. Participé en las asambleas, tratando de que se levantara, porque el rector en ese momento ya había cedido en prácticamente todas las peticiones del movimiento estudiantil.
–Fue del movimiento estudiantil que surgió el movimiento #YoSoy132, que dio un giro a las pasadas elecciones presidenciales. ¿Cómo trataría un caso similar?
–Como institución, creo que la UNAM no se debe meter en ningún proceso electoral. Por lo tanto, el rector, o la rectora, no puede tener una postura de apoyo hacia ningún partido o grupo político, porque su opinión tiene un peso. Pero los estudiantes tienen una vida propia. Si ellos se organizan, hay que respetarlos. El movimiento #YoSoy132 fue un movimiento pacífico, que la universidad no tenía por qué parar. En las elecciones, la UNAM participa de otra manera, como en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), propiciando que haya procesos críticos y transparentes.
–De la UNAM se espera una voz crítica.
–Yo creo que la UNAM es la conciencia crítica del país y es su reserva ética. Tiene expertos que deben opinar y colaborar con su conocimiento, con su trabajo, cuestionando. Todo eso es obligación de la universidad y también el rector debe ser crítico.
–¿Cuál es su ideología política?
–Yo me considero una persona progresista. Me importa muchísimo la democracia. Soy crítica de la discriminación, de la desigualdad, de la injusticia y el machismo. Si eso me define como una persona de izquierda, es posible. Pero no es exclusivo de la izquierda, y hoy se ha vuelto muy difícil hablar de derechas o de izquierdas.
–¿Ve un vacío de representatividad en los partidos políticos?
–Es que ha habido un desastre con todos los partidos (políticos). No hay una diferencia en la claridad entre unos y otros. Me parece que transitan por una profunda crisis, pero que son de vital importancia para el país.
Mirar hacia el gobierno
Ruiz cree que la relación del rector con los poderes gubernamentales debe ser de respeto mutuo, “cuidando la autonomía” de los dos lados.
En un balance del gobierno federal, entre otros temas, opina que la reforma energética está muy enfocada al petróleo y no toma en cuenta, “de manera suficiente”, el desarrollo de las energías renovables; de la educativa, reforma que le concierne, rescata la importancia de restarle poder a los sindicatos empoderados; por la “evidente” complicidad gubernamental, califica de “imperdonable” la fuga de Joaquín Guzmán Loera del penal del Altiplano y, a partir de los escándalos relacionados con conflictos de interés del presidente y sus colaboradores más cercanos, expresa que los funcionarios públicos deben manejarse con mayor claridad.
La desaparición de 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa le merece una mención aparte. “Fue terrible, inaceptable, un asunto mal manejado y vergonzoso para el país”.
Finalmente, confiada en que la elección que la Junta de Gobierno haga será “la mejor”, responde a quienes la han señalado por hacer de ésta una contienda de género:
“Yo digo que es civilizatorio que haya mujeres que ocupen puestos importantes en el país. No pienso que una mujer deba ocupar un puesto por ser mujer. Sin la trayectoria, el conocimiento, la capacidad, sería absurdo.” l








