En el ámbito de la creación y el testimonio, son los escritores y los pintores quienes más han aportado en la protesta por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, hecho que cumple ya un año. Extrañamente, sólo se han realizado dos largo-documentales, los de Xavier Robles y Rafael Rangel, quienes hablan para este semanario, así como una veintena de intelectuales y artistas de renombre.
Ya pasó un año de la de-saparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, ocurrida durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del 2014 en Iguala, Guerrero. Ante ello, varios escritores e investigadores, artistas plásticos, actores y cantantes descargan su preocupación, enojo y “dolor” ante este “crimen de lesa humanidad”.
En este suceso lamentable, hubo además seis muertos (tres normalistas y tres transeúntes) y 25 heridos (dos de los cuales permanecen lesionados de gravedad: Aldo Gutiérrez Solano, quien se encuentra hospitalizado con muerte cerebral, y Edgar Andrés Vargas).
Miguel León-Portilla, historiador y experto en el pensamiento y la literatura náhuatl; Margarita Peña, especialista en la literatura mexicana novohispana; Lucina Jiménez, candidata a Relatora independiente de Derechos Culturales de Naciones Unidas; Claudio Albertani, uno de los coordinadores del nuevo libro La noche de Iguala y el despertar de México (Juan Pablos Editor); Sergio González Rodríguez, autor del reciente volumen Los 43 de Iguala (Anagrama); Carmen Boullosa y Martín David del Campo, novelistas; Ian Malaj, Felipe Ehrenberg y Soid Pastrana, artistas plásticos; Rubén Albarrán, miembro de Café Tacvba; Eugenia León y Ely Guerra, cantantes; Héctor Bonilla, Daniel Giménez Cacho y Dolores Heredia, actores, y Felipe Cazals, director de cine, alzan la voz con declaraciones como: “Es una vergüenza lo que hacen los gobernantes”, “el estado de Guerrero es un cementerio”, “el país entero es ya un campo de fosas” y “nos ofrecen información troceada”… Y más a continuación.
El investigador emérito del Instituto de Investigación Históricas de la UNAM, León-Portilla expone impactado:
“Me parece verdaderamente increíble que después de un año no se haya
podido esclarecer este crimen.”
Defensor de las culturas indígenas y los pueblos originarios de México, confiesa estar muy afligido “porque veo que en nuestro país la procuración de justicia dista mucho de ser lo que debiera, y ante el mundo estamos dando un lamentable espectáculo, pero sobre todo ante los padres y familiares de los muchachos desaparecidos.”
Más abatido, finaliza:
“¡El cuadro es desgarrador!”
La académica de la UNAM y coordinadora de la Cátedra Extraordinaria Juan Ruiz de Alarcón, Martgarita Peña, apunta que “las acciones ‘de emergencia’ de hace un año urgían para acallar la opinión pública nacional y mundial. Los dictámenes periciales, precipitados… amañados. Mi opinión: El silencio es la secuela de la infamia”.
Arguye, acongojada:
“¡Muy mal! Juan Ruiz de Alarcón nació en Taxco, Guerrero, en el siglo XVI. He recorrido el camino Taxco-Iguala siguiendo sus huellas y de su familia. Amo a mis amigos taxqueños.”
43 ausencias le provocan diez sentires a la antropóloga Lucina Jiménez:
“Uno, no encuentro palabras que abarquen el dolor; dos, el derecho a la verdad ha sido violentado; tres, para resolver un crimen de lesa humanidad primero hay que nombrarlo, aunque duela; cuatro, las palabras necesitan su valor; cinco, la falta de sensibilidad y empatía se sustituyó con pragmatismo político sin darse cuenta de todo lo que se perdía; seis, la procuración de justicia está lejos de los derechos humanos; siete, los poderes fácticos están demasiado cerca de quien debiera combatirlos; ocho, la vida de los jóvenes de Ayotzinapa y la resiliencia de los padres y madres, no se miden en dinero; nueve, la indignación social no alcanza a reparar el desgaste de las marchas, pero alienta una conciencia mundial; y diez, el enojo y la frustración social agudizan la falta de credibilidad hacia la institucionalidad. Separa, no une.”
Albertani, profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), explica que la publicación La noche de Iguala y el despertar de México surgió “para tratar de ir más allá de la rabia y comprender qué sucede más allá del asunto Ayotzinapa y verlo en el contexto de las desapariciones forzadas, de la guerra contra el pueblo que existe hace tiempo”.
El otro coordinador del libro es Manuel Aguilar Mora. Aquí se compilan diferentes reflexiones, escritas y visuales, acerca de los motivos, las consecuencias e implicaciones socio-políticas de lo acontecido el 26 de septiembre en Iguala. Participan también Flaviano Bianchini, Ramón Espinosa Contreras, Carlos Fazio, Flor Goche, Enrique González Rojo Arthur, Luis Hernández Navarro, David Huerta, Rafael Miranda Redondo y Román Munguía Huato, con imágenes de Norberto Hernández, Mario Marlo, Omar Reséndiz y Chirín.
El investigador resalta que en el texto que también escribe con Mora intentan resaltar, basándose en una nota que publicó Proceso (11 de octubre de 2014), al igual que en el escrito de Bianchini, la relación entre empresas mineras, autoridades y el crimen organizado en Guerrero:
“En particular están aquí las dos minas de oro más importantes de América Latina, que son canadienses. El informe que acaba de entregar el grupo de expertos independientes menciona que hay tres trabajadores mineros desaparecidos. Entonces, se debe investigar.
“Se ha mencionado que el que era presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, hizo su dinero con el oro, así que el oro tiene que ver con esto.”
Por su parte, González Rodríguez, quien acaba de publicar Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos, opina que “es inaceptable la información de las instituciones oficiales, y como ciudadano, cuando se empieza a leer la prensa, se encuentra uno con un escenario verdaderamente inverosímil donde hay dos Méxicos: El de la oligarquía o las clases dirigentes y el de la supervivencia o la lucha por la vida cotidiana del resto de los mexicanos”.
Desde Nueva York, Boullosa exterioriza que se siente “frustrada, triste, furiosa, preocupada, y el deber del narrador es intentar darle cordura a la siempre incuerda realidad; pero aquí no es que sea incuerda: es que se han intentado imponer narrativas falsas… ¿para ocultar qué? ¿Qué espanto sobre el espanto de esas muertes nos espera a todos, si no echamos luz sobre los hechos?”.
Directo, el autor de Dama de noche, Después de muertos y El último gladiador, Del Campo:
“Es el tiempo de exigir una Comisión de la Verdad que indague y dé una respuesta histórica.”
“La más indignante atrocidad”
Ian Malaj, pintor de Tixtla, Guerrero, y quien realizó el retrato en gran formato del joven desaparecido normalista José Antonio Bartolo Tlatempa, integrado a los otros 42 cuadros que crearon otros artistas de la entidad de los demás estudiantes desaparecidos (Proceso, 1986), y han sido exhibidos en toda la República Mexicana, manifiesta que el ataque contra los estudiantes de Ayotzinapa “es la peor y más indignante atrocidad que quedará en la historia de este gobierno en descomposición, el que pone al descubierto la complicidad del crimen organizado con la autoridad, funcionarios y políticos”.
Anuncia que los demás pintores y él están terminando la segunda edición de retratos, en un formato más pequeño, para poder sacarlos del país con más facilidad “y continuar con nuestra protesta en el extranjero, manifestando nuestro repudio en este crimen de lesa humanidad”.
Recrimina, enfadado y decaído:
“Es una pena que no se haya investigado el caso Ayotzinapa desde un principio con seriedad, con escrutinio, y lo más importante, con legalidad. Es una vergüenza lo que hacen los gobernantes, que más que gobernantes son unos mercenarios.”
Ehrenberg, quien desde hace más de cincuenta años abarca el dibujo, la pintura y el performance, volvió a México luego de una ausencia de casi tres lustros a escasos días de lo de Iguala. Deduce con franqueza:
“En mi corazón, que no en el de sus padres, los jóvenes normalistas ya no están en este mundo. De aquel 26 de septiembre a la fecha se viene degradando el tejido social de mi hogar, mi México, de manera irrefrenable. El país entero es ya un campo de fosas y túneles tan metafóricos como reales.
“Lo reconozcamos o no, nos divide una incipiente conflagración, tal vez la Segunda Guerra Civil desde 1810.”
También artista plástico y diseñador gráfico, Soid Pastrana establece que “el gobierno del estado de Guerrero, el alcalde y las mismas organizaciones delictivas están identificadas y tienen que ser enjuiciados”.
Así es su lamento:
“Como artista, como oaxaqueño, como mexicano me da tristeza vivir en un país de impunidad, con un gobierno corrupto, inhumano y que ha convertido a México en un país en ruinas.”
Igual, Rubén Albarrán lanza su preocupación:
“El informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) nos brinda luz sobre el tema, y es de agradecer, pero el dolor y la indignación no sanan en su totalidad. También hay sanación en la participación, el involucramiento de la sociedad, pero sólo sanará por completo a través del reconocimiento del acto por sus orquestadores y su consecuencia.
“¡Lo estamos esperando!”.
Y pregunta:
“¿Debemos reconocernos como esta humanidad terrible, como este país violento, como este ser humano destructivo que no eleva su conciencia, que no aprende? ¿Aceptar que sólo a través del trabajo, de aclararme a mí, a nosotros, podemos lograrlo? ¿Somos los mismos, nos podemos ver a los ojos?”
Enseguida reflexiona:
“¡Qué tristeza encontrarnos en este punto¡ ¡Es un dolor indecible! Sirva el sacrificio de estos muchachos para nuestro despertar, sirva la investigación de estos expertos para vernos en el espejo, para ponernos en movimiento, reflexionar, actuar, crear la convivencia que es, las condiciones, el existir y el vivir, no sólo sobrevivir.”
En ese mismo tono habla la intérprete Eugenia León:
“Con todo el dolor que nos produce esta gran tragedia, me temo que no tendremos ninguna noticia clara sobre lo que pasó, a menos que sea por medios no oficiales, como ha pasado con muchas muertes a través de los distintos sexenios. Eso nos reitera la terrible verdad de un país sin estado de derecho, con una corrupción brutal producto de una desigualdad brutal, con un miedo terrible y a la vez con una inmensa ignorancia y soberbia de quienes están adueñados de nuestro país.”
Se une al clamor Ely Guerra, cantautora y ganadora del Grammy Latino en 2010, quien habla de “información troceada”:
“Eso nos deja ver la profunda crisis política que atravesamos los mexicanos y que, como sociedad, estamos divididos en intereses e ideales. Hoy más que nunca debemos continuar ‘juntos’ en la batalla que iniciaron los 43, jóvenes que considero inteligentes e informados, con miras de libertad, hartos de los actos descarados de un gobierno impune.
“La batalla de los 43 es nuestra batalla hoy, y ‘es hoy’ cuando debemos demandar claridad en las investigaciones que realizan los órganos que imparten justicia en nuestro país, pues las malas prácticas de un sistema de justicia penal, de nuestro gobierno y de todos los demás órganos que administran e imparten justicia aquí, obstruyen el real cometido de los 43, libertad en vida para los mexicanos que amamos y vivimos nuestro país.”
Padrino de la generación 2011-2015 de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro, en Ayotzinapa, el destacado actor Héctor Bonilla indica que en la búsqueda de los 43 “nos dimos cuenta que el estado de Guerrero es un cementerio y que de una u otra manera eso sucedió porque puede parecer cotidiano desaparecer a la gente”.
Recomienda que como sociedad civil no hay que quitar el dedo del renglón:
“No debemos bajar los brazos para saber cuál fue el destino real de esas personas.”
Por su parte, su colega Daniel Giménez Cacho supone:
“En mi experiencia, las investigaciones que no avanzan y se enredan son las que podrían señalar a las policías y al ejército vinculados con el narcotráfico. Esa es la razón para inventar verdades históricas.
“El trabajo de investigación del GIEI debe servirnos para seguir exigiendo justicia y para empezar a romper el escudo de impunidad que tiene a nuestro sistema de justicia en la simulación y la ineficiencia.”
La actriz Dolores Heredia no escatima en argüir que “desde lo sucedido en Iguala, desde los primeros minutos ha sido una tomadura de pelo de parte de los responsables. Hablará siempre mal del mal gobierno que tenemos. Hablará siempre mal de su falta de humanidad, de su falta de vergüenza, de su falta de dignidad”.
Director de la película, ya clásica, Canoa, y también de Las Poquianchis y Digna… hasta el último aliento, Felipe Cazals opina que a un año “sin el resultado claro de un atropello semejante deja ver la notoria incapacidad del Estado pare defendernos”.
Luego arguye:
“Como no hay respuestas atendemos a las noticias, a cuenta gotas, que se les antoja esparcir en tanto que transcurre el sexenio. La ‘verdad histórica’ comienza a ser parte de un pasado remoto. ¿Hasta dónde la ineptitud es soportable? Este pueblo generoso no merece tener tantos ojos envueltos en lágrimas y tantos sueños suspendidos. Esta semilla dolorosa nos obliga a renacer.
“Los que no pierden la memoria son los padres y las madres de las 43 víctimas de Ayotzinapa. Ellos siguen preguntando a todos los demás mexicanos si estamos dispuestos a perder a nuestros hijos, en calidad de desaparecidos, así nada más. Yo no lo aceptaría. Mi vecino tampoco. Nadie. ¿Entonces?” l








