Vencer o morir

En febrero de 1965 el germen de la guerrilla chihuahuense que atacaría el cuartel de Madera organizó el Segundo Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal”, en Las Nieves, Durango; ahí se redactaron cinco documentos –las cinco resoluciones–, la última de las cuales anunciaba los hechos por venir. A continuación, las partes medulares de la resolución número 5:

“El camino que hemos escogido está perfectamente claro. Consideramos que ya es la hora de iniciar la revolución. Sabemos que no han madurado todas las condiciones ni vamos a sentarnos a esperarlas; madurarán al calor de las acciones revolucionarias. Todos los argumentos en favor de la vía pacífica son insostenibles, no conducen siquiera a la próxima esquina, mucho menos a un régimen social de bienestar­ y felicidad. El legalismo y el pacifismo no conducen a ninguna parte, sino a un pantano; el reformismo tampoco lleva a ninguna parte, porque arrancarle pelo por pelo al capitalismo sale muy caro: por cada pelo que se le arranque, el capitalismo le tumba tres dientes al pueblo.

“La politiquería es el elemento de los oportunistas y la revolución es el de los revolucionarios. La revolución sigue siendo una ley universal. Es una burda mentira que haya ‘caminos nacionales’ propios y distintos para cada pueblo; lo fundamental no son las particularidades de cada país, sino los razgos (sic) generales del capitalismo. Las leyes del capitalismo son las mismas y rigen por igual en Italia que en México. No hay ‘camino italiano’, ‘camino chileno’, ‘camino mexicano’, porque si la línea estratégica y táctica va a fundamentarse en razón de ciertos detallitos secundados (sic) de cada país, había que agregar que dentro de cada país hay condiciones muy diferentes de un estado a otro y por lo tanto surgirá también ‘un camino tarahumara’ al socialismo, ‘camino totonaca’, ‘camino chihuahuense’, etc…

“Está demostrado que no hay que esperar a que estén dadas todas las condiciones, porque las que faltan surgen en el curso de la insurrección armada.

“Meterse en un café (…) o en una oficina a hacer planes minuciosos y perfectos sobre la revolución es fácil: cualquier romántico que haya leído dos o tres obras sobre clandestinidad y terrorismo nos habla de los ‘círculos concéntricos’ y una serie de técnicas conspirativos y de estructuras de organizaciones clandestinas. En sus cuchicheos de café, hasta haciendo los esquemas en las servilletas (…) montan en media noche una gran y poderosa organización clandestina, distribuyen unidades guerrilleras a granel sobre el mapa de su agenda, dirigen colosales operaciones militares como don Quijote de la Mancha, fijan la hora, día y mes en que simultáneamente en todo el país las unidades guerrilleras imaginarias aniquilarán el ejército. Pero quienes trabajan en serio saben que no es así de fácil organizar un movimiento revolucionario. No se puede empezar con una poderosa organización clandestina ni habrá docenas de guerrillas, ni en la mitad del país se producirán los levantamientos, ni serán a la misma hora del mismo día.

“Se trata de iniciar la acción donde sea, a la hora que sea, y no importa si no son 5 mil o 6 mil guerrilleros, sino 15 o 20.

“No se trata de soñar grandes operaciones tácticas, sino de contestar como sea uno de los múltiples golpes que el gobierno prodiga a las masas. En el curso de las operaciones militares las guerrillas se foguearán, se consolidarán, aumentarán sus filas y se multiplicarán; la organización se irá estructurando poco a poco en la medida que surgan (sic) las condiciones que lo permitan; las llamas de la revolución se irán extendiendo poco a poco a más rincones de la República. La lucha será terriblemente prolongada, no se contará por años, sino por décadas; por eso es ya la hora de empezar y hay que empezar jóvenes si queremos tener tiempo de lograr las cualidades que sólo los años de acción proporcionarán.

“Los que dicen que hay que esperar a que se den todas las condiciones, que hay que esperar el momento y que hay que organizarlo todo perfectamente, de hecho están esperando tras su escritorio que las columnas rebeldes lleguen hasta su oficina para informarles que empiezan las operaciones regulares y de posiciones para darse cuenta de que ya es el momento. Pueden seguir cómodamente en sus despachos. Tenemos fe absoluta en las masas populares y sabemos que de su seno surgirán cada día más revolucionarios que se encarguen de preparar e iniciar la acción. Por nuestra cuenta, no daremos ya marcha atrás en el camino de la revolución; sabemos que sin el apoyo de las masas no podremos triunfar. Ganar su confianza y su apoyo es nuestra principal preocupación y nos proponemos lograrlo mediante los hechos.

“Vencer o morir

“Estado de Chihuahua, febrero de 1965” l