Es hora de la lucha ciudadana

A 50 años de que el entonces normalista Francisco Ornelas Gómez sobreviviera el asalto al cuartel de Madera, el exguerrillero sigue activo en la lucha social y está convencido de que éste es el momento de los ciudadanos–le apuesta a las redes sociales–. El país vive un “punto de quiebre”, pues, dice, en medio siglo no se tomaron medidas para garantizar una verdadera justicia social.

CHIHUAHUA, CHIH.- “Es una lucha de David contra Goliat. No fuimos a Madera a jugar canicas… la lucha es una continuidad”, advierte Francisco Ornelas Gómez, sobreviviente de ataque del 23 de septiembre de 1965.

En entrevista, el exguerrillero se dice convencido de que el actual es el momento de los ciudadanos porque el país vive un “punto de quiebre”: en medio siglo no se tomaron medidas para garantizar una auténtica justicia social.

Es momento de lucha pero sin armas; tomarlas en el actual contexto del país sería “irse al matadero, sería una carnicería, maldad pura. Ahora es el país de la muerte, hay miles y miles de desaparecidos, desplazados, miles de víctimas de una guerra que el gobierno propicia como autoridad, como cómplice”.

Con la convicción con la cual se plantó en el punto número cuatro del ataque, cerca del cuartel de Madera, Ornelas dice contundente que valió la pena participar en la lucha armada aquel día. “¡Claro que sí!”.

Opina que actualmente es la partidocracia la primera que hay que combatir, en una época de neoliberalismo en la cual los empresarios se hacen senadores y gobernantes, y los políticos se hacen empresarios.

“No es el momento de reformas para servir a algún capital extranjero y nacional que se sirve de los ciudadanos. Es momento de ir con toda la carne al asador: las organizaciones no gubernamentales están luchando por los derechos humanos, por los indígenas, y las redes sociales son una de nuestras herramientas más efectivas”, asienta.

Ornelas recuerda la fría mañana en la que acudieron a la cita sólo 13 hombres: maestros, estudiantes y campesinos. Todos ofrecieron la vida. Ocho murieron, pero lograron que la Presidencia creara la empresa paraestatal Productos Forestales de la Tarahumara y entregara el más grande ejido de América Latina a los campesinos.

“Se consiguió, al iniciar el gobierno de Luis Echeverría, la repartición de 500 mil hectáreas para formar el ejido El Largo Maderal, que generalmente ha estado asociado al poder político y que desde hace décadas permitió y protegió el cultivo y tráfico de drogas que hoy rebasó al Estado mexicano como gobierno, poder y fuerza. El Ejército y la policía, el aparato de justicia, de seguridad pública, están rebasados”, insiste.

El profesor jubilado refiere que “a punta de balazos” sentaron al gobernador Práxedes Giner Durán a firmar los expedientes agrarios, que habían recorrido un largo trecho por la sordera y ceguera que caracteriza a los gobernantes.

“A 50 años es de todos conocido que las estructuras de explotación se han mantenido con el mismo nivel a favor de quienes acaparan la riqueza; hay controles salariales y las condiciones de pobreza prevalecen, pero también hay pobreza extrema. El modelo depredador se ha agotado y la sociedad está más vulnerable, está descompuesta y es tierra fértil para la violencia y el narco”, advierte.

Ornelas señala que ningún presidente ha tenido voluntad para abatir de raíz las causas de la injusticia social, ni siquiera los dos gobiernos panistas, porque en esos 12 años sólo hubo alternancia, no transición.

“Hoy no tenemos banca, siderurgia, flota naviera ni autopistas porque están concesionadas a capitales privados; tampoco tenemos garantía de que Pemex sirva a la nación. Van a entrar los grandes tiburones trasnacionales del petróleo. Este es el momento de quiebre de un país que no termina de crecer; al contrario, aumenta la pobreza cada vez más. Los jóvenes, los trabajadores de los sectores sociales, las organizaciones civiles se manifiestan contra el régimen depredador que cada vez empobrece más a la gente”, abunda.

Insiste en que eso es consecuencia de que las protestas de los sesenta no fueron atendidas y hoy se paga con una descomposición social de gran escala, pues el gobierno, como agente político, dejó de ser mediador y factor de equilibrio entre el gran capital y los trabajadores.

Formados en el cardenismo

Su padre fue campesino. Guillermo Ornelas González era de Meoqui, Chihuahua, y ahí mismo se incorporó al proyecto del sistema de riego impulsado por el presidente Lázaro Cárdenas y que dio origen a la ciudad de Delicias, donde nacieron Francisco y sus cinco hermanos.

Su madre era Herminia Gómez Ramírez, hija de Pablo Gómez Chavarría y Loreto Ramírez, quienes criaron al doctor Pablo Gómez Ramírez, uno de los líderes del asalto a Madera. Cuando Francisco y su gemelo Emiliano tenían tres años quedaron huérfanos y fueron criados por sus abuelos en el hogar donde vivían algunos de sus tíos.

“Nuestros tíos eran Esteban, Simón, Víctor Manuel, Raúl y Pablo Gómez; todos se hicieron cargo de nosotros y de mis hermanos. Nuestra formación fue en familia cardenista, todos de origen campesino.”

Estudiaban; no se les permitía anteponer el trabajo a la escuela. “Durante 30 años, mantuvimos la tierra de mi papá para mantener nuestra formación y la parcela de Saucillo, que le otorgó Cárdenas a Pablo Gómez Chavarría”.

Francisco y su gemelo estudiaron en la Normal del Estado Luis Urías, en la ciudad de Chihuahua.

“En la escuela normal y en el internado convivíamos con compañeros del medio rural y humilde; había muchos maestros de esa corriente, lo mejor de la escuela mexicana: solidarios con las necesidades del pueblo. Eran de distintos lugares de Chihuahua, maestros de futuros maestros de la normal de Salaices y Saucillo también.”

Los normalistas, con el tiempo, se incorporaron a las luchas sociales que se desarrollaban desde los cincuenta en el país. Había descontento porque no se veían resultados tangibles para la gente que luchó por la Revolución, ni en las escuelas ni en los salarios. No había una vida mejor.

Hartos del régimen corrupto y represor de Miguel Alemán, las causas sociales se evidenciaban con protestas. “Luego de Cárdenas se estaba volviendo a la etapa obregonista, sin los ideales de la Revolución. Había reparto de latifundistas. Con Alemán surge el control charro y se favorece a la oligarquía”. Describe la década de los sesenta como el despertar juvenil en todo el mundo. “En México teníamos la dictadura perfecta de un gobierno hegemónico”.

En Chihuahua surgieron liderazgos como los de Álvaro Ríos, Francisco Luján, Arturo Gámiz, Raúl y Pablo Gómez Ramírez. A la par del estudio, maestros y estudiantes se incorporaron a la invasión de latifundios, al lado de los campesinos.

Paralelamente se creó un grupo de análisis –obra principalmente de Gámiz– de la situación nacional y local. Se abordaban cinco temas: neocolonialismo, burguesía y capitalismo, fracaso de la burguesía en el proyecto nacional, papel del estudiante en la escuela y qué camino seguir.

“Paralelo a ello, con idas y venidas legales, se abre la alternativa de la vía armada. No todos optaron por ésta. Yo me incorporo entre los 15 y 16 años con los campesinos. Andaba cerca de mis tíos Raúl y Pablo. Luego hubo dos encuentros en la sierra: uno en Madera y otro en Torreón de Cañas, Durango”, recuerda.

En el primero se acordó abrir un frente guerrillero, y en el segundo (al cual acudieron unos 40 líderes), irse a la lucha frontal, aunque conllevaba un riesgo grande. Se trataba de enfrentar al gobierno con las armas en la mano. “Todo muy discreto. Quienes decidieron no participar se quedarían callados. Alrededor de 20 dijeron: ‘Vamos’. Luego se incorporaron más”.

A mediados de 1965 Francisco fue a Zacatecas con otros campesinos, estudiantes y maestros del noroeste de Chihuahua y Saucillo. Fueron días de lectura, estudio y prácticas de sobrevivencia en el campo, sin armas.

De ahí partieron a la Ciudad de México, donde estuvieron de junio a septiembre, antes del ataque al cuartel. Fue un entrenamiento teórico y práctico cerca del Cerro de la Estrella.

El ataque

El chofer los llevó a cada punto alrededor de las 05:30 horas. La gente del pueblo de Madera comenzaba a despertar y a realizar las primeras actividades del día.

Cuatro guerrilleros se apostaron frente al cuartel, en el punto más riesgoso: Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor de la escuela Normal Rural de Saucillo, de 39 años; Emilio Gámiz García, estudiante de 20 años; Antonio Scobell Gaytán, campesino de 23 años, y Miguel Quiñones Pedroza, de 22 años, maestro rural y egresado de la Normal estatal.

En el segundo punto, por las vías del tren, estaban Ramón Mendoza, Arturo Gámiz García y Salomón Gaytán.

En el tercer punto, en la casa redonda, estaban el campesino Guadalupe Scobell Gaytán, Florencio Lugo, Óscar Sandoval y Rafael Martínez Valdivia.

El cuarto punto era en la casa de Pacheco, donde estaba Ornelas, entonces de 18 años. Desde su posición veía a los niños de la familia Pacheco, a quienes les pidió que se agacharan.

Antes del asalto, Francisco le preguntó a su tío Pablo Gómez por qué lo dejaban solo en ese punto, y éste respondió que era lo más conveniente. Tiempo después concluyó que lo estaba protegiendo: era el punto menos vulnerable y desde el cual podría internarse más pronto en la sierra.

Luego de varios minutos de tiros, Francisco se refugió en el jardín de la casa Pacheco hasta el atardecer. Los guerrilleros pensaron que los militares se rendirían de inmediato y podrían tomar el cuartel, pero no fue así. Los soldados no sabían cuántos atacantes eran y eso salvó la vida de Francisco y otros cuatro atacantes, porque no fueron a buscarlos.

Al cesar los disparos, Ornelas fue al primer punto de encuentro, a una huerta manzanera; pero nadie llegó. Le resultaba más fácil internarse en la sierra y así lo hizo. Ahí permaneció nueve días.

Luego viajó a Chihuahua en un tren lleno de militares que lo buscaban, pero logró pasar inadvertido. No sabía aún cuántos compañeros habían caído muertos. Luego tuvo que salir del estado para salvar su vida. Estuvo en Tabasco unos años y concluyó sus estudios en Campeche.

El entrenamiento militar en la Ciudad de México se los dio el capitán Lorenzo Cárdenas Barajas. Versiones que surgieron después del asalto indicaban que el militar los habría traicionado y por ese motivo el 23 de septiembre de 1965 había más soldados de lo acostumbrado en el cuartel de Madera.

Ornelas asevera que Barajas no los traicionó. “Los traidores venían de adentro, de entre los que se decían de izquierda y ponían el dedo; por el contrario, (el capitán) tenía una fábrica de mosaicos en México y ahí llegábamos a trabajar. Por el trato que nos dispensó antes del asalto militar y después, cuando nos encontramos los sobrevivientes, no representaba el hombre en posición de traición”.

Barajas siempre supo dónde estaban los sobrevivientes y no los denunció. Tuvieron largo tiempo de convivencia. “Muchos años después, cuando hubo señalamientos de los militares, él se desligó”.

Ornelas insiste: los traidores venían de adentro, de quien los descalificó públicamente. Entre éstos señala a Vicente Lombardo Toledano y a gente que militó en el Partido Popular Socialista. l