Operaciones a ciegas

La historia de Manuel y Miguel Ángel es un signo alarmante de la frecuencia de las negligencias médicas: en distintos momentos, uno sufrió apendicitis y otro se fracturó el fémur. Fueron correctamente diagnosticados pero erróneamente intervenidos en instituciones públicas de salud, y ahora enfrentan la vida cotidiana con desventajas que antes no padecían.

Miguel Ángel Velázquez y Manuel Sánchez son pareja desde hace 20 años y quedaron lisiados por una negligencia médica de instituciones públicas que también pusieron en riesgo sus vidas.

Hace 12 años, el jueves de Semana Santa, Manuel hacía su maleta para irse de vacaciones al día siguiente, cuando sintió un dolor agudo en el estómago. Miguel Ángel lo llevó de urgencia al Hospital Civil Juan I. Menchaca, donde le diagnosticaron apendicitis.

No lo atendieron inmediatamente. Los especialistas se habían ido de vacaciones y sólo había estudiantes, que lo dejaron tendido en una cama. Para el domingo ya tenía el vientre inflamado porque le estalló el apéndice. Un médico internista se dio cuenta y ordenó que lo operaran de inmediato.

Sin embargo, al abrirlo descubrieron que el hígado, riñones y páncreas ya estaban infectados, por lo cual no podían extraer el apéndice y sólo lavaron las vísceras para prevenir que se generalizara la infección.

Al salir del quirófano, el paciente sufrió fuertes convulsiones porque su nivel de plaquetas era muy bajo. Los médicos creyeron que había daño cerebral y le realizaron estudios para comprobarlo. Fue entonces cuando le ocasionaron la lesión permanente, pues le extrajeron todo el líquido cefalorraquídeo de las vértebras lumbares.

Manuel explica que ese procedimiento afectó la mielina de la médula espinal –una membrana que ayuda a la rápida transmisión de los impulsos nerviosos– y desde entonces sufre constantes calambres en las piernas, que sólo ayuda a paliar una inyección de bótox cada seis meses.

Entró caminando al hospital y salió cojeando, víctima de neuropatía desmielizante, que se caracteriza por la pérdida progresiva de la movilidad en las piernas y en casos severos se deja de controlar los esfínteres. Él ha evitado que eso suceda con una rutina diaria de ejercicios antes de levantarse, además de someterse a exámenes periódicos.

A pesar de que el Hospital Civil afectó de por vida su integridad física, nunca se hizo responsable del daño y Manuel no lo demandó.

Daño permanente

Miguel Ángel hace dos años sufrió una fractura del fémur derecho tras caer del segundo piso de su casa. Fue llevado de emergencia al Hospital Ayala del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde estuvo en cama casi un mes sin que lo intervinieran. Cuando por fin entró a quirófano, los cirujanos empeoraron su problema.

El paciente se percató de la incompetencia porque únicamente lo anestesiaron de la cintura hacia abajo. Recuerda que los traumatólogos sacaron un estuche donde tenían varios clavos para escoger. A los 15 minutos de iniciar la intervención se les descompuso el fluoroscopio, un aparato de rayos X; sin embargo, el médico Alberto Espinoza de la Torre, quien estaba a cargo de la operación, determinó que continuaran.

“Yo vi todo –enfatiza Miguel Ángel–; me abrieron la pierna desde la cadera y empezaron a meter el clavo en el centro medular a puro martillazo. Algunos preguntaron si se iba a cancelar (la operación por la falla del fluoroscopio) y él (dijo que) no. Le hablaron a personal de mantenimiento y el doctor siguió metiendo el clavo. Después me enteré de que, al fallar ese aparato, debió haber cancelado la operación, pues se estaba metiendo el implante, como quien dice a ciegas; pues al tanteo lo hizo.”

Precisa que no sólo le hicieron una mala cirugía, sino que Espinoza de la Torre no la completó y le dijo que tenían que reprogramarlo para apernar el clavo implantado. Eso sucedió una semana después y, tras darlo de alta, le aseguraron que sólo era cuestión de que comenzara a ponerse de pie para iniciar su recuperación.

No fue así. El afectado señala que cada día se sentía peor y después de consultar a otros especialistas descubrió que en el IMSS le habían provocado una refractura del hueso. Refiere que hasta los veterinarios le advirtieron del mal procedimiento.

“Me dijeron: eso está mal, nunca va a soldar, ve cómo está abierto. Segundo, ese clavo debió ir a la cadera y ahí atornillarlo, pero como se descompuso ese aparato, lo fueron introduciendo, entonces lo metieron de más, eso hizo que el hueso se fuera abriendo”, explica.

Los médicos que consultó posteriormente le sugirieron una nueva operación, pero ya no tenía dinero y buscó la posibilidad de que lo intervinieran en el Antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde. La respuesta fue positiva, sólo le pedían que comprara el material y rentara el equipo de rayos X.

Así lo hizo, pero días antes de que lo hospitalizaran, una amiga que había sido operada en el Centro Médico de Occidente del IMSS se enteró de su caso y se lo platicó al titular de la Jefatura de Traumatología y Ortopedia de la Unidad Médica de Alta Especialidad, Hernando Cuevas Ochoa. El funcionario se interesó y ofreció intervenirlo.

En un correo electrónico que le envió el 15 de octubre de 2013, Cuevas menciona: “Se puede operar y ya, no deben esperar a que lo programen o pase 6 meses, lo que le pusieron no va a funcionar hay que volver aperarlo, y si tiene vigencia eso sería ya, se interna y se opera una vez teniendo el protocolo pre quirúrgico”.

En efecto, puso a disposición de Miguel Ángel a cinco médicos que analizaron el trabajo hecho por sus colegas del Ayala y corroboraron que le estropearon la pierna.

Le explicaron que debían sacar el clavo y colocarle una placa de titanio que cuesta alrededor de 100 mil pesos. Como no tenía dinero para pagarla aceptó que lo volvieran a operar en el IMSS.

“Soy asesor inmobiliario y gano por comisión. Obviamente me la pasé casi dos años sin ingresos, tenía la hipoteca de una casa que estaba pagando… Acabamos por perder la casa, la tuve que vender, igual que mi auto. Mi abogada está demandando como daño patrimonial por todo lo que perdí y se tuvo que hacer de gasto, por la mala cirugía y el trato que me dieron.”

Miguel Ángel menciona que la nueva intervención quirúrgica fue bien realizada, pero la pierna le quedó anquilosada al nivel de la rodilla por la formación de adherencias de calcio. Además, perdió cuatro centímetros porque el cirujano (Leonardo Xicoténcatl Gutiérrez Ramírez) tuvo que hacer una reducción del fémur para que alineara correctamente y prevenir una deformidad posterior.

Para compensar, ahora usa una plantilla en el zapato derecho pero necesitará calzado ortopédico. Por ahora requiere una nueva cirugía para que le retiren las adherencias y recuperar un poco de movilidad. En el Hospital Ayala le han dicho que no es candidato a ese procedimiento, pero otros médicos afirman que sí.

El pasado 24 de marzo Miguel Ángel solicitó a la Delegación Estatal del IMSS la reparación del daño, con fundamento en la Ley de Responsabilidad Patrimonial del Estado. Hizo una estimación de 5 millones 430 mil 45 pesos por la errónea cirugía y 1 millón 531 mil 954 por la pérdida de su patrimonio, ya que tuvo que vender su casa y automóvil para atenderse durante el tiempo de convalecencia.

El 1 de abril el Seguro Social le respondió que su caso prescribió y no tiene derecho a reclamar indemnización (expediente IMSS-14R/4/15-3-24). Sin embargo, Miguel Ángel presentó una demanda ante la Sala Regional de Occidente del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa en turno.

Destaca que esa negligencia médica transformó por completo su vida y la de su compañero. Antes corría cotidianamente en el bosque Los Colomos y a veces iba a nadar a un deportivo. Ahora, dice, ni siquiera se puede sentar bien en el baño y en las noches su pierna afectada se hincha y le provoca insomnio. Por este motivo debe tomar medicamentos, que desea abandonar para que no le irriten el estómago.

“A raíz de la operación tengo insomnios, dolores… parezco pollo rostizado, tengo que dormir boca arriba o boca abajo”, lamenta.