Narcoviolencia

Hace más de 15 años que el tema del trasiego de estupefacientes con su cauda de violencia, traiciones, corrupción, se asentó en los productos televisivos. Ha sido tan floreciente el negocio que los títulos de telenovelas de narcos se multiplican. El catálogo suma varias docenas. Éste ha ido encontrando acomodo en las pantallas abiertas, en las de paga y ahora de manera creciente en las plataformas de internet.

A partir de ahí su internacionalización es un hecho. Se producen en español pero llevan subtítulos en los idiomas de los países a los cuales se exportan. Aunque vale decir que los principales compradores están en América Latina, en donde se asientan también las compañías que fabrican este tipo de programas.

Mucho se ha escrito en torno a la delincuencia organizada. Algunos libros están basados en hechos reales, otros son ficciones que construyen personajes e historias tomando trozos de realidad. Esta ha sido de terror creciente. De ahí han surgido los guiones. Podemos destacar La reina del sur, novela homónima de Arturo Pérez Reverte, producida por Telemundo con un costo de 10 millones de dólares. Le siguen varias que no sólo recrean el asunto sino que han abierto un filón más: las mujeres que, recuperadas de la muerte de su marido, amante, novio, se convierten en jefas de cárteles temibles. Usan pistola y tacones; son hermosas con la fuerza de un hombre, crueles por venganza o para sobrevivir.

Hay tres compañías campeonas en la producción de este tipo de telenovelas. La principal es Telemundo que, en convenio bien con la productora mexicana Argos, bien con Caracol Televisión de Colombia ha elaborado telenovelas como El cártel, El cártel 2 o El cártel de los sapos, Dueños del paraíso, Sin senos no hay paraíso, Ojo por ojo, Los victorinos, El señor de los cielos, La viuda negra y Señora Acero.

Las obras que tienen por protagonista a mujeres son además de las mencionadas arriba: Rosario Tijeras, Mariposa, Las muñecas de la mafia, La viuda de la mafia, La diosa coronada, Camelia la texana.

Sean hombres o mujeres quienes asumen el rol principal de las narraciones televisivas, lo común es que prive el crimen. Las escenas muestran masacres perpetradas con armas largas de mira telescópica, granadas de mano, pistolas de grueso calibre. Vemos también violaciones, tortura, asesinatos a mansalva. Mucha de la violencia es gratuita, se regodean en ella con el afán de mantener una tensión insoportable.

En los productos elaborados en México aparece la PGR, y en los que se sitúan en Estados Unidos o en la frontera la presencia de la DEA es infaltable.  Algunos miembros del ejército y de la policía mexicanos están coludidos con los delincuentes. En cambio ninguno del vecino país acepta soborno.