Dólares de arena

Por las playas de arena blanca de Las Terrenas en Samaná, provincia de la República Dominicana, vagabundean jóvenes dispuestos a prostituirse con los turistas por unos cuantos dólares; Anna (Geraldine Chaplin) es una abuela que lleva tres años de relación con Noeli (Yanet Mojica), una bella mestiza que encuentra siempre la forma de cobrarle sus servicios.

Dólares de arena (República Dominicana-México-Argentina, 2014) aborda el tema del turismo sexual combinando la realidad económica con la fantasía, a nivel personal, de los turistas que buscan llenar los vacío afectivos de su vida. La pareja de realizadores Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, mexicano y dominicana respectivamente, amalgaman afectos y dinero en un constante vaivén entre la demanda amorosa y la crudeza del provecho pecuniario; mérito poco común en el tratamiento de estos temas.

Ni todo es lucro ni todo es cariño entre Noeli y esta inglesa decadente, de la cual se entrevée una vida fracturada allá en Francia donde vive un hijo que no quiere saber de ella. El miasma de la mezcla sexo y capital contamina las relaciones a cualquier nivel; el dinero media también en la pareja de la chica con Yermi (Ricardo Ariel Toribio). Los realizadores impresionan con la naturalidad de los diálogos, muy pocos, y con el manejo corporal de sus actores; cada personaje engaña al otro porque se miente a sí mismo, sólo por momentos dicen la verdad, así viven y deciden estar lo más cómodos posible; bailan y no dejan de disfrutar el momento.

Geraldine Chaplin avasalla al espectador con una actuación formidable donde expone los estragos del tiempo en su cuerpo desnudo; Anna sabe que camina por el filo de la navaja pero prefiere fantasear con que no. No hay explicaciones, los rostros dejan adivinar el diálogo interior, la duda en cada uno, el querer convencerse a sí mismos; la necesidad monetaria es un hecho, como lo es el amor, sin importar la edad. Supongo, que inconscientemente, los directores crearon este ritmo ternario de movimiento interno, duda y autoengaño con sus personajes, gracias al empeño por evitar maniqueísmos en estas relaciones de prostitución.

El ritmo lento de las secuencias, el empeño por trasmitir la vivencia del momento sin aclaraciones ni motivaciones directas, puede pasar por superficial; Anna juega y busca tesoros como niña con Neoli, quien se refiere a su protectora como la Doña. El pragmatismo no impide disfrutar la vida y cada uno respeta al otro, muy a su manera, la que queda en estas condiciones.

Dólares de arena es una cinta que hay que tomar en cuenta, se trata de un trabajo muy bien pensado y elaborado; el punto de partida es la novela homónima de Jean-Noël Pancrazi, Dollars de sable publicada por Gallimard; el título mismo, el nombre de una especie de erizo de mar, extiende la metáfora en varias direcciones; Israel Cárdenas y Laura Guzmán transfieren el encuentro de dos varones a una relación lésbica entre una mujer vieja con una joven, situación poco explorada en el cine.