En repudio a la corrupción gubernamental y de los partidos, la mayoría de los guatemaltecos votaron el domingo 6 por un candidato presidencial percibido como ajeno a la clase política: Jimmy Morales, un popular comediante de televisión quien ni siquiera figuraba en las primeras encuestas electorales. Pero la apuesta por este candidato entraña peligros: el partido que lo postula, el FNC Nación, es una fusión que incluye a un grupo de militares de extrema derecha.
Ciudad de Guatemala.- “Cuando pasamos, nos dio miedo de que nos fuera a agarrar la migra, así que con el Neto conseguimos un disfraz de vaca, y yo bien pilas agarré la parte de adelante, y al Neto, que no sabía a lo que se metía, le tocó la parte de atrás. Y yo que me había comido unos tacos con chile chipotle”, cuenta Nito, personaje bigotudo, cuyas botas y sombrero lo identifican como vaquero de la región oriental de Guatemala.
Se escuchan las risas del público.
Nito es el productor y actor guatemalteco Sammy Morales. Él y su hermano Jimmy, quien interpreta a Neto, forman el dúo cómico Nito y Neto y desde hace 17 años se han mantenido al aire en los canales de televisión abierta 3 y 7 con el programa Moralejas.
“Estos hermanos se convirtieron en los cómicos del fin de semana. Las personas que no tienen cable, y que son la mayoría en este país, veían a Nito y Neto en todas sus payasadas. A veces el sketch no es muy gracioso, pero es muy guatemalteco. Es una comicidad popular, barata y sencilla”, afirma Ramiro MacDonald, semiólogo de la Universidad Rafael Landívar.
En el largometraje Un presidente de a sombrero, estrenado en 2007, Nito y Neto interpretan a dos vaqueros que se lanzan a la Presidencia de Guatemala. Es una parodia de la demagogia y la corrupción que caracteriza la oferta electoral en el país.
Como si se tratara de una profecía, ocho años después, en medio de la crisis política que atraviesa Guatemala a raíz de un gigantesco escándalo de corrupción conocido como “La Línea”, Jimmy Morales se quitó el sombrero y el bigote falso y se lanzó en pos de la Presidencia como candidato del Frente de Convergencia Nacional (FCN) Nación. Contra los pronósticos iniciales, este minúsculo partido, que ni siquiera figuraba en las encuestas, saltó al segundo lugar en la preferencia de votos un mes antes de las elecciones y ganó con 23.8% de sufragios la primera vuelta de los comicios, el domingo 6.
Voto de protesta
Al mismo tiempo que el gobierno de Otto Pérez Molina se venía abajo con la renuncia masiva de los integrantes de su gabinete, el encarcelamiento de la exvicepresidenta Roxana Baldetti y el desafuero del presidente, el instituto político de éste, el Partido Patriota (PP), se desintegraba.
Manuel Baldizón, del partido opositor Libertad Democrática Renovada (Lider) encabezaba las encuestas y parecía el mejor para llenar el vacío que dejaba el PP. Pero el supuesto involucramiento de su compañero de fórmula, Edgar Barquín, en otro gran escándalo convenció a muchos votantes de que un gobierno de Baldizón resultaría tan corrupto como el de Pérez Molina.
Dos meses después de que la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG, financiado por las Naciones Unidas), destapara “La Línea”, salió a luz el escándalo conocido como “Lavado y Política”, donde se señala que Barquín, durante su gestión como presidente del Banco de Guatemala, utilizó su posición para encubrir las actividades de una red de lavado de dinero encabezada por Francisco Morales Guerra, alias Chico Dólar.
Según la CICIG, la organización lavó en el sistema bancario unos 937 millones de dólares del narcotráfico, fondos que posteriormente fueron utilizados para financiar las campañas políticas de Lider y del partido Gran Alianza Nacional en la contienda electoral de 2011. Varios diputados de Lider también están acusados de participar en la red de Morales Guerra.
Sobre Baldizón ya pesaban otros señalamientos; entre ellos, evidencia de que su libro Rompiendo paradigmas contiene material plagiado de varios autores, y un informe publicado por la Oficina en Washington para América Latina en 2011, en el cual se afirma que la fortuna familiar del candidato proviene del tráfico de piezas arqueológicas.
Una alianza entre Lider y el PP en el Congreso, que bloqueó el primer intento de desaforar a Pérez Molina, terminó de cimentar la percepción de que los dos partidos eran como dos caras de la misma moneda.
Los manifestantes que salieron a la calle semana tras semana para exigir la renuncia de Pérez Molina también comenzaron a expresar su rechazo hacia toda la clase política y transformaron el lema de campaña de Baldizón, “Le toca”, en “No te toca, Baldizón”, frase que se viralizó en las redes sociales.
En este contexto de profunda crisis política Morales saltó a la palestra. Según la encuesta de Contrapoder y Canal Antigua, 35% de los encuestados aseguraban que votarían por Baldizón; 12.9%, por Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), y 10.4% por Morales.
El 10 de agosto, una encuesta publicada por el diario Prensa Libre reflejó el impacto negativo del caso “Lavado y Política” en la opinión pública. 24.9% de los encuestados aseguraba que votaría por Baldizón, mientras Morales se colocaba en segundo lugar con 16.2%, y Torres bajaba al tercero con 14.7%.
Una semana antes de la primera vuelta electoral, Baldizón instó a sus candidatos locales a hipotecar sus vehículos y viviendas para acarrear votantes a las urnas y dijo que con el voto “les darían en la madre” a sus opositores. El rechazo del electorado se intensificó y la última encuesta publicada por Prensa Libre –48 horas antes de las elecciones– mostró un resultado sorprendente: Morales había desplazado a Baldizón y lideraba el pelotón con 25% de la intención de voto. El candidato de Lider tenía 22.9% y en tercer lugar aparecía Torres con 18.4%.
El pronóstico resultó acertado. Morales logró una sorpresiva victoria con 23.85% de los votos. El segundo lugar se lo disputan Torres, con 19.76%, y Baldizón, con 19.65%, una diferencia tan marginal que deberá realizarse un reconteo parcial para establecer quién pasará a la segunda vuelta contra Morales el próximo 25 de octubre.
“La encuesta de Prensa Libre ayudó a conducir el voto anti-Baldizón. El fenómeno Jimmy Morales fue un instrumento para que Baldizón dejara de encabezar las tendencias electorales. Se logró el objetivo de que Baldizón no pasara (a la segunda vuelta), pero ahora viene la pregunta: ¿Tiene la calidad para ser presidente?”, pregunta Sandino Asturias, director del Centro de Estudios de Guatemala.
Militares en las sombras
“Sé que algunos tienen la duda de si soy Nito o si soy Neto. Soy Neto, no soy bonito pero soy coqueto”, dijo Morales desde el escenario. Desde el público se escucharon risas. Con la siguiente frase que pronunció se quitó la máscara del comediante y se puso la del político: “Pero lo más importante no es saber si soy Nito o si soy Neto, sino que a ustedes les consta que no soy corrupto ni soy ladrón”.
Quienes asistieron a la presentación oficial de FCN Nación el 22 de junio, en el Paseo La Sexta, en la capital, aplaudieron efusivamente.
Con esa frase, “ni corrupto ni ladrón”, Morales ha logrado colocarse en el imaginario del votante como el candidato antisistema. Por ser nuevo en la esfera política, se le ha criticado por su falta de experiencia, pero esto es algo que a su vez le permite proyectarse como el único candidato que no ha sido salpicado por escándalos de corrupción. Entre sus adeptos hay muchos que aseveran que “no es un candidato perfecto, pero merece el beneficio de la duda”.
También ha buscado proyectarse como un David luchando contra el Goliat de la contienda: Baldizón. Mientras que Lider fue sancionado por las autoridades electorales por exceder el gasto de campaña permitido por la ley, con un total de 5.3 millones de dólares, Morales ganó la primera vuelta con una modesta campaña de 480 mil dólares y un manejo hábil de las redes sociales.
Pero Morales, el supuesto outsider de la política, está mucho más enraizado en el establishment político de lo que sus adeptos creen. Tras un intento infructuoso de aliarse con el partido MIO-País, de Luis Rabbé, quien se postuló este año como candidato a diputado de Lider, en 2011 participó como candidato a la alcaldía del populoso municipio de Mixco, con el minúsculo partido ADN, pero alcanzó menos de 6% de los votos.
Dos años después, fusionó su propia agrupación política, Nación –la cual no había logrado inscribir como partido–, con el Frente de Convergencia Nacional (FCN), fundado por militares retirados de extrema derecha pertenecientes a la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala.
Por ello no sorprende que en una entrevista con un panel de seis periodistas en el programa Destino 2016, de Canal Antigua, el pasado 6 de junio, haya manifestado que a su criterio no se cometió genocidio contra el pueblo maya ixil durante el conflicto armado interno.
Para evitar el desgaste político que podría suponer un vínculo con actores castrenses tras la caída estrepitosa del gobierno del general retirado Pérez Molina, Morales se esfuerza por minimizar los orígenes militares de su partido y se excusa aseverando que en la Guatemala de la posguerra no existe un solo partido donde no participen actores militares.
“El sector militar siempre ha sido uno que opera en la sombra. Son los fundadores del partido y es poco creíble que no tengan influencia”, afirma Javier Brolo, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales. “Lo que destaca de Jimmy Morales es la contradicción de ser antisistema en su discurso pero perteneciente a un partido muy conservador y de derecha”.
Cuando se dirigió a sus simpatizantes en el Paseo La Sexta, repitió un guión bien memorizado. Dijo que es hijo de una viuda de clase trabajadora y que de niño vendió plátanos en el mercado de Santa Luisa para ganarse el sustento. Se jactó de ser egresado de la estatal Universidad de San Carlos, “la universidad del pueblo”. Tampoco faltaron las referencias a la fe cristiana, tan importantes en el país de América Latina con el mayor número de cristianos evangélicos.
Las alusiones a la fe cristiana frecuentemente se traducen en aseveraciones moralistas. “La familia es el primer formador. Después tenemos la escuela y la iglesia. Si hablamos de la corrupción, viene de una mala formación en el hogar”, dijo en la entrevista con Canal Antigua. También se pronunció en contra del aborto y a favor de la pena de muerte, citando la Ley del Talión como justificación.
Las propuestas drásticas para combatir la criminalidad no son nada nuevo y ganan adeptos en un país donde la mayoría de la población favorece la pena de muerte y 30% avala el linchamiento, según encuesta publicada por Prensa Libre en 2007. Pérez Molina, militar retirado, ganó las elecciones prometiendo “mano dura” para combatir a la delincuencia, y Baldizón también incluye la pena capital en su oferta de campaña.
“Nacionalismo cristiano”
Los candidatos de origen militar con un discurso evangélico y moralista tampoco son algo nuevo en la historia política de Guatemala. Basta recordar al exdictador Efraín Ríos Montt, quien enfrenta juicio por genocidio, quien era integrante de la secta pentecostal Iglesia del Verbo y cuyo discurso aludía a los valores familiares.
En entrevista con Eduardo Valdizán, de Canal Azteca, el 16 de junio, Morales definió su base ideológica como un “nacionalismo cristiano”, pero frunció el ceño cuando Valdizán citó a Franco y a Hitler como ejemplos de regímenes que se autodefinían como nacionalistas.
En las entrevistas, su capacidad histriónica le da una ventaja sobre otros candidatos. Morales se ve relajado frente a las cámaras, no lo intimidan las preguntas incisivas y habla en tono enérgico y contundente, incluso cuando el contenido de su mensaje es vacuo o simplista. En contraste, el semiólogo MacDonald describe la imagen de Torres, candidata de la UNE, como “una señora regañona”.
Torres se divorció del entonces gobernante Álvaro Colom en 2012, en un intento de eludir el escollo constitucional que impide a los familiares cercanos de un mandatario ser candidatos a la Presidencia. Como encargada de aplicar el programa de transferencias condicionadas del gobierno de la UNE, logró construir una base política importante en el interior del país, pero goza de poca simpatía entre los votantes urbanos y entre la clase empresarial.
De cara a la segunda vuelta del 25 de octubre, el papel del sector empresarial –el cual rompió sus vínculos con el PP tras el escándalo de “La Línea” y rechaza contundentemente a Baldizón– podría ser decisivo. Por el momento, afirma Asturias, el sector privado pareciera decantarse por Morales, a quien percibe como “controlable”, aunque también hay empresarios que apoyan a Torres.
Por otra parte, Torres tiene a su favor una infraestructura partidaria sólida, algo de lo que carece Morales. “Sandra Torres podría ganar si logra fijar en la mente del electorado que Jimmy Morales es improvisado. El voto de Morales es difuso, su partido no tiene estructura ni identidad y es demasiado urbano. La presencia de Torres le complica mucho las cosas. Le hubiera sido mucho más fácil competir contra Baldizón, aunque igual podría ganar si logra conectarse con las demandas de la gente”, afirma Édgar Gutiérrez, director del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos.
Después de la primera vuelta, los guardaespaldas de Morales se multiplicaron. De un día para otro ha dejado de contar chistes, frunce el ceño e inclina la quijada hacia arriba, como si buscara despojarse del papel de hombre sencillo que salió adelante vendiendo plátanos en el mercado de Santa Luisa.
Morales, el actor, pareciera asumir un nuevo papel en el escenario político.
Proceso trató en tres ocasiones de entrevistarlo para la elaboración de este reportaje, pero su asistente dijo que su agenda estaba sobrecargada y por el momento no podía atender a los medios. l








