Claire (Anaïs Demoustier) queda devastada con la pérdida de su mejor amiga, Laura (Isild Le Besco), que muere dejando una hija recién nacida. En una visita inesperada encuentra al viudo, David (Romain Duris), vestido con la ropa de la difunta alimentando a la bebita. Sorprendida y escandalizada, Claire establece una relación de complicidad con la que, oficialmente, será su nueva amiga, Virginie.
A partir de un cuento (“The new girlfriend”, 1985) de Ruth Rendell, escritora británica recién fallecida, Francois Ozon desarrolla una comedia de situaciones donde se combinan melodrama y el thriller, y se redefinen los roles sexuales. La nueva amiga (Une nouvelle ami; Francia, 2014) es una historia de travestismo en varios niveles, cruce de identidades y abanicos de expresiones sexuales.
Rendell, escritora marxista, de estilo filoso y sin concesiones, ha sido una autora apreciada por cineastas como Claude Chabrol (La ceremonia) o Almodóvar (Carne trémula). A través de los años, Ozon ha desarrollado una manera de asociar suspenso y deseo; a diferencia de su admirado Hitchcock, obsesionado en mantener en vilo a su público; para este realizador galo, el suspenso no es otra cosa más que el drama de acceso al objeto del deseo; sea el de un joven que obtiene la mirada y la caricia de la madre vía la ficción literaria (En la casa), o el de una adolescente que descubre el poder de su sexualidad (Joven y bella).
En principio, Una nueva amiga juega un tanto con la necrofilia; el cuidado de la primera secuencia, la belleza del cadáver, la sensualidad en vestirlo y maquillarlo; o posteriormente la obsesión con la difunta Laura (evocando a Otto Preminger), parecen confirmarlo. A lo que el público asiste, sin embargo, no es a una práctica perversa, sino a la resurrección de la mujer enterrada. La mujer que David va encarnando, en momentos más atractiva que Claire gracias al empleo de colores que logran que una se opaque mientras la otra se expanda, corresponde a la que él lleva dentro. Además, esta ánima, arquetipo femenino, no podría concretizarse sin la mirada y el deseo de la misma Claire por la mujer de David.
En este caso, Ozon desvincula el travestismo de una orientación homosexual; la subversión de David es algo más radical que una salida del closet. “Virginie me permite expresar todo lo que no puedo expresar en mi rol masculino”, confiesa la nueva amiga. La sexualidad se presenta como fuerza misteriosa capaz de invadir cualquier espacio, incluso ese más rígido y definido como es el de Gilles, el marido de Claire, atraído por prostitutas que son travestis. La sociedad fabrica diques contra las mareas sexuales; afortunadamente, a la falta de invención de Gilles se opone la imaginación del eterno femenino al que Una nueva amiga rinde homenaje.








