Desde la época de los hermanos Lumiére, descubrir en la pantalla calles y lugares conocidos asombra y exige reconfigurar la imagen del espacio cotidiano, por ejemplo, la Ciudad de México, desde Los olvidados hasta el Vengador del futuro. Lobos de Manhattan (Wolfpack; E.U., 2015), documental sobre un grupo de hermanos confinados desde la infancia en un departamento del sur de Manhattan, pero sin límite para ver todo tipo de películas en DVD, invierte el proceso: una mente configurada cinematográficamente comienza a experimentar el mundo externo.
Cuando Crystal Moselle, directora del documental, lleva a los hermanos a un jardín, todo les parece una película 3D (tres dimensiones); y cuando van por primera vez a la playa a tomar sol y bañarse en el mar, el impacto sólo puede decodificarse, por lo menos al principio, desde Piratas del Caribe. Así se explica cómo el mayor de ellos, Mukunda, a los 15 años, decidió rebelarse y salir a la calle; sí, pero con una máscara de Michael Myers (el asesino de Halloween) para que su padre no lo reconociera; la policía lo arrestó y pasó una semana en una casa de salud.
El padre, un peruano Hare Krishna, era guía de turistas en Machu Picchu; la madre, hippie americana; Mukunda, Bhagavan, Govinda, Narayana, Krishna, Jagadesh y la hermanita Vishnu, letanía de nombres en sánscrito, crecieron sujetos a la obsesión paterna de protegerlos de las drogas y de la violencia social; sólo él tenía llave del departamento, y como sus creencias no le permitían trabajar (aunque por lo visto sí tomar todo el alcohol que quisiera), su mujer obtuvo un permiso para escolarizar a sus hijos en casa, junto con una pensión del gobierno.
Uno de los chicos cuenta que en las noches el padre también los encerraba en sus recámaras; podía haber un par de salidas familiares durante el verano; o por años, ninguna; pero el suministro de películas, por miles, no cesaba. La relación con el cine se hizo interactiva; aprendieron a copiar, reproducir y actuar las secuencias, a repetir los guiones. De Pulp fiction se saben los diálogos de memoria; Perros de reserva se volvió una de sus preferidas porque había papeles para todos los hermanos; así los conoció la directora, un día en la calle, todos de traje, corbata negra y lentes oscuros.
Sorprende la exactitud del disfraz de Batman en Caballero de la noche (Nolan) hecho con partes recicladas de paquetes de comida, o el maquillaje del Guasón. Perfectamente articulados y relajados ante la cámara, afirman que siempre supieron distinguir entre realidad y fantasía; son conscientes de que tuvieron que recurrir a su imaginación y creatividad para sobrevivir.
Los cinco años que Crystal Moselle convivió con la familia fueron también una campaña de rescate por su parte; postura quizá criticable en muchos puntos, pero inevitable. Aunque el lado oscuro no se explora, se entiende el respeto de la directora hacia esta familia que le permitió acceder a su mundo de película.








