Una muerte que causó alegría

La noche del viernes 7, cientos de chilenos se reunieron en la céntrica plaza Italia, de Santiago. Estaban felices. Soltaron globos y bebieron champaña. El motivo: el fallecimiento, horas antes, de Manuel Contreras Sepúlveda, un hombre al cual hasta sus compañeros de armas consideraban sádico. Mano derecha de Pinochet durante la dictadura, dirigió la Dina (responsable de miles de asesinatos y desapariciones), fue uno de los principales impulsores del Plan Cóndor y autor intelectual del asesinato de Orlando Letelier… muy pocos lo lloraron.

Valparaíso, Chile.- La muerte del jefe de la policía política de la dictadura militar, Manuel Contreras Sepúlveda, reavivó el debate de los derechos humanos en el país.

Pese a que muchos chilenos se quedaron con la sensación de que Contreras no saldó sus deudas con la justicia y con las víctimas –fundamentalmente porque en las cárceles en las cuales estuvo gozaba de algunas comodidades–, purgó más años de prisión que la mayor parte de los grandes asesinos latinoamericanos.

El exjefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) murió a las 22:20 horas del viernes 7, en el cuarto 801 del Hospital Militar de Santiago. Aunque no se reveló la causa de su muerte, se estima que fue resultado del agravamiento de las diversas enfermedades que lo aquejaban: cáncer de recto, diabetes mellitus tipo dos, trombosis venosa profunda, hipertensión arterial, enfermedad diverticular del colon, depresión reactiva, mielodisplasia, entre otras.

Contreras pasó sus últimos 20 años en la cárcel, desde que el 30 de mayo de 1995 la Corte Suprema ratificó una sentencia condenatoria en su contra por su participación culposa en el asesinato en Washington, el 21 de septiembre de 1976, de Orlando Letelier, exministro de Salvador Allende.

Cumplió condena hasta enero de 2001, pero no recuperó la libertad por tener otras causas pendientes que lo mantuvieron en prisión domiciliaria. Luego de un breve periodo en libertad, volvería a la celda en enero de 2005, en la emblemática causa por el secuestro calificado del sastre Miguel Ángel Sandoval Rodríguez, el 7 de enero de 1975.

Este juicio, que implicó la caída de la plana mayor de la Dina, significó el triunfo de la tesis que sostiene que los secuestros son crímenes que se siguen cometiendo mientras no aparezca el cadáver de la víctima y que los crímenes de lesa humanidad, como la desaparición de personas, son inamnistiables e imprescriptibles.

Contreras murió sin ser despojado de su grado de general, pese a los más de 500 años de condena que acumulaba en medio centenar de sentencias definitivas emitidas por la Corte Suprema.

La posibilidad de que muriera con los honores de un general generó escozor entre las víctimas de la represión y sus familiares. El sábado 8, la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos envió una carta al comandante en jefe del ejército, Humberto Oviedo, en la que repudia la protección dada a Contreras. “A pesar de los sólidos antecedentes jurídicos, usted ha permitido que Contreras no fuera degradado de su rango de general, teniendo los instrumentos para ello a través del Código de Justicia Militar, Art. 222”.

Reacciones

El debate sobre el tipo de funeral que recibiría había comenzado a finales de julio, cuando se supo que agonizaba. El 30 de ese mes, el ministro vocero de gobierno, Marcelo Díaz, expresó que “no corresponden homenajes respecto de individuos que hayan sido condenados a delitos que merezcan pena aflictiva”.

A poco de conocerse la muerte de Contreras –conocido como Mamo– cientos de manifestantes se agolparon a las puertas del Hospital Militar, en la comuna santiaguina de La Reina. Algunos mostraron fotos de sus familiares desaparecidos en las que hacían la eterna pregunta que el occiso nunca respondió: “¿Dónde están?”.

En la céntrica plaza Italia casi 1 millar de personas se reunieron aquella noche para celebrar, con globos y champaña, su muerte. Algo similar a lo ocurrido el 10 de diciembre de 2006, cuando murió el dictador Augusto Pinochet.

El profesor de derecho constitucional y de filosofía del derecho Fernando Atria expresó en radio Bío Bío –el jueves 13– que dichas celebraciones pueden ser comprendidas si se considera “que Contreras y sus superiores creyeron que podían decidir quiénes podían vivir y quiénes no; decidir con quiénes compartir el mundo y con quiénes no. Por eso no puede esperarse que ningún miembro de la especie humana quiera compartir la Tierra con ellos”.

Para evitar que crecieran los cuestionamientos en materia de derechos humanos, el ejército dispuso un funeral secreto y rápido. El cadáver de Contreras fue sacado del Hospital Militar por una puerta lateral a eso de las 04:00 horas del sábado 8, cuando los manifestantes y periodistas habían abandonado el exterior del nosocomio.

Un puñado de familiares y dos representantes del ejército acompañaron el cadáver de Mamo en las ocho horas y 40 minutos que mediaron entre que murió y fue cremado en el cementerio Católico.

El carácter fugaz y secreto de las exequias no impidió la polémica sobre el papel del ejército en la dictadura y su relación con la Dina y Contreras. Oviedo debió comparecer el martes 11 ante la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados.

Allí reconoció que la imagen de Contreras aún está en la galería de los 64 directores que desde 1886 ha tenido la Academia de Guerra, “para situarla en el lugar de honor y privilegio que la comunidad nacional e internacional hoy le reconoce”. Se justificó diciendo que Contreras fue director (en 1974) y que “la historia no se puede cambiar”.

La constatación de que el ejército aún homenajea a Contreras ha sacado chispas. El politólogo Claudio Fuentes manifestó el lunes 17, en su columna del diario El Mostrador, que para el gobierno “debiese resultar inaceptable que las instituciones armadas honren la memoria de personajes asociados a violaciones de los derechos humanos”.

Fuentes, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Diego Portales, estima que para lavar la imagen del ejército, el Ejecutivo “debiese organizar un acto público del más alto rango presidencial para retirar del cuadro de honor de directores a quienes han sido condenados por violación a los derechos humanos”.

Hay que recordar que la Dina funcionaba independientemente de la jerarquía militar chilena y Contreras sólo respondía ante Pinochet. Esta agencia represiva es responsable de alrededor de la mitad de los 3 mil 200 homicidios cometidos por la dictadura y de la casi totalidad de las cerca de mil desapariciones forzadas.

Sádico y prepotente

La vida de Contreras se vio marcada por la trágica muerte de su madre, Aída Sepúlveda, en 1935 cuando él tenía seis años. Estando delicada de salud pero no grave, una enfermera le aplicó una inyección en la que se coló una porción de aire que le provocó una embolia.

“La madre comienza a convulsionar y grita: ‘Mis niños, mis niños’. Y uno de sus niños, a quien ella le ha apodado Mamo, la escucha claramente escondido detrás de un armario. Él presencia ese momento turbador en que una madre joven –su madre– muere”. Mientras otros familiares lloran, “Mamo enmudece”.

Así describe ese episodio el periodista Juan Cristóbal Peña en el libro Los malos (ediciones UDP, 2015), del que es coautor.

Ese acontecimiento cambiaría su vida. Al poco tiempo, su padre se emparejaría con la media hermana de su madre, Helena Hurtado. Ésta nunca lo quiso debido a que, a diferencia de sus hermanos, él tenía la tez oscura.

Contreras provenía de una familia con larga historia en el ejército. Su abuelo, Manuel Contreras Canelo, fue soldado del regimiento Esmeralda, combatió en la guerra del Pacífico (1879-1883) y participó de la ocupación de Lima. Su padre llegó a ser coronel.

Desde que en 1944 llegó a la Escuela Militar, en Santiago, proveniente de la sureña ciudad de Osorno, Contreras siempre fue el mejor en todos los cursos. Fue “primera antigüedad” al salir –en 1948– de la Escuela Militar; fue el mejor de su promoción en la Academia de Guerra y también lo fue en el curso de posgrado de Oficial de Estado Mayor, en Fort Benning, Georgia, donde se capacita a los oficiales latinoamericanos en “lucha contrasubversiva”.

Según sostuvo el viernes 14 el periodista Manuel Salazar en la nota Auge y caída del fundador de la Dina, en el semanario The Clinic, en la Escuela Militar Contreras se convirtió en el “protegido” del entonces teniente Pinochet.

Ya en aquellos años, este oficial destacó por su prepotencia y sadismo. En 1991 el capitán retirado Alejandro Barros Amengual reveló, en entrevista con la periodista Alejandra Matus, que Contreras los “obligaba a introducir la cabeza en las tazas de los baños y después tiraba la cadena, acción que él, graciosamente, llamaba ‘el shampoo’”.

En 1960, cuando Contreras ingresó a la Academia de Guerra, Pinochet fue su profesor de estrategia. Entonces afianzaron su peculiar complicidad: aquél aportaría su inteligencia y éste su vocación de poder.

Por entonces, los sesenta, era difícil no tomar partido por uno de los dos bandos en pugna en la Guerra Fría. En un artículo del Memorial del Ejército –de julio de 1968– Contreras manifestó su “visión” política: “La guerra de guerrillas se gana matando guerrilleros y conquistando a sangre y fuego sus guaridas, sometiendo a estricta vigilancia a la población, que es la base de la cual la guerrilla vive y crece”.

En 1972, cuando es designado comandante de la Escuela de Ingenieros Tejas Verdes, de San Antonio, Contreras ya era todo un conspirador. “Junto a un par de coroneles y algunos capitanes comenzó a recolectar información y a diseñar un aparato de inteligencia capaz de infiltrar y desarticular las organizaciones de izquierda”, como se afirma en el sitio especializado en derechos humanos Memoria Viva.

Para acometer dichas labores, Contreras se valía de un grupo de informantes entre los que había agentes de la CIA y de los organismos de inteligencia de Irán y Brasil.

Tras el golpe, Contreras se convirtió en el amo y señor de la ciudad de San Antonio. Su regimiento fue una verdadera universidad del crimen político. Allí iban a capacitarse uniformados de todo el país en técnicas de tortura e interrogación para emprender los mayores horrores vividos en la historia de Chile.

La “inteligencia” de Contreras

La cercanía con Pinochet le permite al entonces coronel Contreras ser invitado, a finales de septiembre de 1973, a una reunión de la Comunidad de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional. En dicha instancia, los presentes coincidieron en la necesidad de crear un organismo que centralizara las tareas de inteligencia.

Contreras pidió la palabra y dio a conocer un plan que parecía largamente preparado. Gracias a esta gran presentación y al apoyo de su protector, Pinochet, convenció al Estado Mayor de encargarle a él la misión de crear una oficina que coordinara el trabajo de inteligencia de las fuerzas armadas y de orden. Así nació la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos y, en junio de 1974, oficialmente la Dina.

Tanta era la cercanía entre Pinochet y Contreras que éste pasaba a buscar a diario al dictador a su residencia y juntos se trasladaban al edificio Diego Portales, sede provisional del gobierno tras el golpe militar. Allí desayunaban y coordinaban las tareas de inteligencia y represión.

“Ese era el momento en que el jefe de la Dina desplegaba todo su encanto. El tema no eran sólo los opositores y grupos de izquierda que pronto estuvieron bajo control. Tanto o más peligrosos eran los altos funcionarios de gobierno que podían amenazar el poder absoluto de Pinochet”, señala Peña en Los Malos.

Pinochet y Contreras fueron los principales impulsores del Plan Cóndor, mecanismo de concertación de las dictaduras sudamericanas para intercambiar información y eliminar opositores, que operó entre mediados de los setenta y mediados de los ochenta, con el apoyo de Estados Unidos.

No por casualidad la reunión fundacional se desarrolló en una vieja mansión de Santiago, entre el 26 y el 28 de noviembre de 1975. El encuentro fue inaugurado por Pinochet pero fue Contreras quien estableció los objetivos: “Capturar e interrogar a los enemigos de izquierda que aún pululan en América Latina y eliminar a los que viven como exiliados en otras partes del mundo”, como se informa en el libro Operación Cóndor (2004), del periodista John Dinges.

Contreras se veía a sí mismo como el capo de la lucha antimarxista mundial, razón por la cual se rodeó de los grupos fascistas más despiadados del mundo, como la italiana Avanguardia Nazionale, la francesa Nouvelle Ecole y el Movimiento Nacionalista Cubano.

En su locura asesina, Contreras pensó que no había límites. El 21 de septiembre de 1976 un comando de la Dina, que actuó en coordinación con un grupo de anticastristas cubanos, asesinó en Washington al excanciller chileno Orlando Letelier y a su secretaria, Ronni Moffitt.

En julio de 1977 el FBI detuvo a anticastristas cubanos que identificaron al agente de la Dina Michael Townley como autor material del atentado.

Debido a la presión de Estados Unidos, Pinochet disolvió la Dina el 12 de agosto de aquel año. En su remplazo creó la Central Nacional de Informaciones, a la cabeza de la cual nombró al principal enemigo de Contreras en el ejército: el general Odlanier Mena.

El 20 de marzo de 1978 Carlos Forestier, vicecomandante del ejército, le comunicó a Contreras que por decisión de Pinochet, había sido dado de baja del ejército. Poco antes de ser sometido a esta humillación, había sido ascendido a general de brigada.

De ahí en adelante se dedicó a actividades comerciales y, sobre todo, a defenderse de las implicaciones judiciales, en Chile y el extranjero, de su despiadado paso por la Dina.

En entrevista con Proceso, el periodista Juan Cristóbal Peña expresa que hay tres factores claves para entender por qué Contreras derivó en un monstruo carente de humanidad.

Afirma que el primero tiene que ver con él resentimiento generado a partir del desprecio de su madrastra. El segundo tiene relación con el contexto de la Guerra Fría, durante la cual se potenció entre los oficiales chilenos la noción de “enemigo interno, con que quedaron marcadas todas las expresiones de marxismo o de izquierda”. Y el tercero: “El inmenso poder (del) que lo dotó Pinochet, que lo hizo perder toda perspectiva de realidad y creer que podía determinar quién debía vivir y quién no”.

Peña piensa que el ejército no ha roto con la figura de Contreras ni con la de Pinochet. Estima que ello se refleja no sólo en los homenajes que éstos y otros violadores de los derechos humanos siguen recibiendo (fotos, medallas, estatuas), sino que también en el hecho de “que se ha negado a entregar información que podría ser útil en casos de derechos humanos”.