En abril de 2011 salió a la luz una noticia que convirtió a San Fernando en sinónimo de “narcohorror”: el hallazgo de 47 fosas clandestinas de las que fueron exhumados 193 cadáveres.
El secretario de Gobierno de Tamaulipas, Morelos Jaime Canseco Gómez, se apresuró a explicar que la mayoría de las víctimas eran pasajeros de dos autobuses que el 24 y el 29 de marzo de ese año transitaron por la carretera 101 que conecta Ciudad Victoria, la capital del estado, con la frontera norte del país.
El control que Los Zetas ejercían sobre esa ruta no comenzó en los días previos al hallazgo de las fosas. El camino era suyo desde tres meses antes, por lo menos. Las fichas técnicas de las fosas de San Fernando indican que en éstas había víctimas de ataques anteriores a marzo de 2011 –uno de éstos ocurrido en enero de ese año.
Durante esos cuatro meses el Estado mexicano cedió a Los Zetas el control de esa importante carretera –una de las principales rutas migratorias hacia Estados Unidos– a pesar de que entre el 16 y el 23 de mayo de 2011 la entonces Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) citó a declarar a 19 choferes y a un gerente de Ómnibus de México. Este último declaró que esa compañía avisó a la delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en Tamaulipas que grupos armados estaban secuestrando a pasajeros. Pero la dependencia no hizo nada, según reportes internos de la SIEDO a los que tuvo acceso la reportera.
Estos papeles consignan que la SIEDO confeccionó una lista de 127 pasajeros mexicanos, dos estadunidenses y un guatemalteco que fueron bajados de los autobuses entre el 23 y el 30 de marzo de ese año. Precisan que ocho sobrevivientes indicaron, en diferentes momentos, el lugar donde se encontraban las fosas clandestinas cavadas por Los Zetas. Más aún, los sobrevivientes también señalaron la existencia de campamentos en los que había entre 80 y 90 personas secuestradas.
San Fernando, Tamaulipas, ya era conocido a escala internacional debido a la masacre de 72 migrantes, los cuales iban en dos camiones de carga que cruzaban ese municipio. En agosto de 2010 sus cuerpos fueron descubiertos a la intemperie porque los asesinos no tuvieron tiempo para enterrarlos.
¿Cómo fue posible que la tragedia se repitiera de manera sistemática en el mismo sitio y no se conociera hasta abril de 2011, ya con 193 víctimas mortales?
El 17 de enero de aquel año los jóvenes Leonardo Rafael Ventura Tavera y Noé Cortés Hernández, de San Felipe Torres Mochas, Guanajuato, fueron capturados por Los Zetas cuando cruzaban San Fernando en un auto particular. Los familiares de Leonardo interpusieron en Guanajuato una denuncia tres días después del hecho.
En abril informaron a la Procuraduría General de la República (PGR) que el cuerpo se encontraba en una brecha cuya ubicación les indicó un sobreviviente. En efecto, fue hallado el 8 de abril en esa brecha, cuando las autoridades buscaban las fosas. Pero no fue sino hasta 2015, gracias a la intervención de peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense, que funcionarios de la PGR les notificaron del hallazgo; el cadáver había permanecido cuatro años en una fosa común de Tamaulipas. En el traslado a la Ciudad de México perdieron parte del esqueleto.
Cables diplomáticos
Antes de que el gobierno de Tamaulipas informara sobre los secuestros de los autobuses ya se contaba con información de que algo pasaba en esa carretera.
El cable número 20110215 enviado al Departamento de Estado por el consulado de Estados Unidos en Matamoros –y desclasificado por la organización National Security Archive– indica que en febrero de 2011 comenzaron a encontrarse autos calcinados en las carreteras, y empezó a saberse del secuestro de pasajeros que viajaban en autobuses, e incluso de asesinatos por fuego cruzado. Uno de éstos ocurrió el 13 de febrero de ese año, donde falleció una mujer que viajaba en un autobús de la línea Futura, según consignó la agencia Notimex. Un día después 23 pasajeros de un autobús que transitaba por la carretera entre Ciudad Victoria y Matamoros fueron obligados a bajar y despojados de sus pertenencias.
El cable 20110406, redactado el 6 de abril de ese año –una vez descubiertas las fosas–, menciona los primeros datos que recibió el consulado de Estados Unidos en Matamoros por parte de funcionarios mexicanos: Los cuerpos probablemente eran de narcotraficantes, secuestrados o víctimas de la violencia carretera. El reporte termina con un comentario: “De acuerdo con fuentes oficiales, al menos 24 personas han sido secuestradas en las carreteras de Tamaulipas en semanas recientes, incluido un grupo obligado a bajar de un camión interurbano el 23 de marzo”.
El cable 20110408, del 8 de abril de ese año, dirigido al Departamento de Estado, revela una historia que apenas comenzaba a publicarse en algunos diarios regionales: “El 19 de marzo miembros del crimen organizado secuestraron a 24 personas de un autobús público originario de San Luis Potosí que viajaba a Reynosa. El 24 de marzo secuestraron a 12 personas de un camión originario de Michoacán. También el 24 plagiaron a los 48 pasajeros de un camión de Guanajuato que iba a Reynosa. Los tres cerca de San Fernando”.
Secuestros masivos
Pero no fueron sólo tres casos. Tampoco seis, como declaró tras ser capturado uno de los perpetradores de estos crímenes: Édgar Huerta Montiel El Guache. Según la búsqueda hemerográfica realizada por este equipo de investigación, fueron más los episodios en que Los Zetas detuvieron, secuestraron o asesinaron a pasajeros de autobuses en otras rutas.
El 17 de marzo y el 5 de abril de 2010 la tragedia había tocado ya a dos grupos de migrantes, el primero de 17 y el segundo de 23 personas. Provenían de los estados de Querétaro, San Luis Potosí e Hidalgo. Desaparecieron cuando se aproximaban a ciudad Miguel Alemán, Tamaulipas, según una nota de El Universal del 17 de marzo de 2011.
A principios de 2011 se hicieron más frecuentes los plagios masivos, y para marzo de ese año ocurrían con sólo días e incluso horas de diferencia. A las terminales llegaban más maletas que pasajeros. A pesar de ello las líneas de autobuses no dejaron de vender boletos.
El 18 de marzo de 2011 desaparecieron cinco michoacanos de Purungueo que viajaban en un camión de Ómnibus que salió de Morelia. El 19, según el cable 20110408 de la embajada estadunidense, 24 personas fueron bajadas de un autobús que partió de San Luis Potosí. El 21 de marzo de ese año fueron secuestrados 23 migrantes oriundos de San Luis de la Paz, Guanajuato, que se trasladaban en un autobús particular que se dirigía a Camargo, Tamaulipas.
El 24 de marzo se registró el rapto de 12 personas que viajaban en un Ómnibus de México que salió de Morelia. Ese mismo día Los Zetas plagiaron a los 48 pasajeros de un autobús proveniente de Guanajuato que iba a Reynosa, según consignó el citado cable 20110408.
Los días 25 y 26 de marzo fueron detenidos otros camiones de las líneas Ómnibus y Futura que se dirigían a Reynosa y Matamoros.
El 28 de ese mismo mes otros tres autobuses fueron interceptados por Los Zetas: dos de la compañía Ómnibus de México (uno que partió de Morelia, el otro de Celaya), y el tercero de la línea Futura que salió de Guanajuato con destino a Matamoros. Los tres fueron detenidos a la altura de San Fernando. Sus pasajeros fueron bajados. Los cadáveres de algunos de ellos fueron encontrados en las fosas; otros se encuentran desaparecidos.
Uno de los pasajeros de ese autobús que partió de Guanajuato era Eleazar Martínez Camacho, quien después sería el primer guanajuatense identificado en las fosas de San Fernando. Viajaba con tres amigos que también desaparecieron. Del mencionado camión de la línea Futura fue bajado un grupo de jóvenes de Irapuato que iban a ser contratados en Estados Unidos como jardineros.
Un día después, el 29 de marzo, también fue plagiado un autobús que salió de Querétaro con destino a Matamoros. El 1 de abril de 2011 desapareció en un camión Martín Vega Arellano, el primer queretano identificado en las fosas de San Fernando.
Ha sido difícil determinar las marcas y los números de los autobuses de los que fueron bajadas personas, debido a que pocas notas informativas consignan esos datos y otras confunden el origen y los destinos. De acuerdo con la búsqueda hemerográfica realizada para esta investigación, las líneas que trasladaron a esos pasajeros fueron Ómnibus de México, Transpaís, Futura, ADO y Pirabús.
“Ninguna de las compañías de autobuses ha presentado una queja formal sobre los ataques de los miembros del crimen organizado a los autobuses o a los pasajeros, a pesar del hecho de que los secuestros habían sido generalizados. (…) Las autoridades sólo habían recibido dos reportes no oficiales de dos de los secuestros masivos de pasajeros del 24 de marzo, aunque en privado las autoridades reconocieron que los secuestros son comunes”, dice el citado cable número 20110408.
El control carretero de Los Zetas se extendió por otras regiones de Tamaulipas y estados colindantes, donde también ocurrieron desapariciones masivas, principalmente en Coahuila y Nuevo León.
El escándalo mediático por el hallazgo de las fosas no frenó el fenómeno. El periódico de McAllen The Monitor, así como diarios mexicanos y redes sociales, dieron cuenta del secuestro, el 16 de julio de 2011, de cuatro autobuses en San Fernando que fueron rescatados por el Ejército gracias a los mensajes que iban enviando algunos pasajeros.
Otros secuestros de autobuses se repitieron los días 14, 16 y 29 de septiembre de 2011. En esta última fecha desaparecieron 14 artesanos que viajaban en un autobús marca Dina, modelo 1983, que salió del municipio de Tecamachalco, Puebla, con destino a Tamaulipas.
En la primera semana de septiembre de 2014 fue detenido otro camión que cubría el trayecto Ciudad Victoria-Matamoros, y del cual seis jóvenes fueron obligados a bajar, según una nota del diario El País publicada el 25 de ese mes.
En enero de 2015 Tamaulipas encabezaba la lista de casos de secuestro en el país: Según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), la entidad con más desaparecidos entre 2007 y 2014 es Tamaulipas, con 5 mil 293 casos (23% del total).
El problema continúa. Las carreteras siguen siendo un peligro. Una alerta del Departamento de Estado, emitida el pasado 13 de abril, pide a sus ciudadanos evitar cualquier carretera de Tamaulipas: “Algunos objetivos de los grupos delictivos son autobuses de pasajeros públicos y privados que viajan a través del estado. Estos grupos a veces toman a todos los pasajeros como rehenes y exigen el pago de rescates’’.








