El sindicato que la hizo posible, vigente

Al prohibir en 1960 la exhibición de La sombra del caudillo, adaptación de Julio Bracho a la novela de Martín Luis Guzmán, y cuya censura prevaleció durante tres décadas, el gobierno de Adolfo López Mateos impidió además que las ganancias recaudadas por este polémico filme se destinaran a crear una clínica para los agremiados del Sindicato de Trabajadores Técnicos y Manuales (STyM) de la industria cinematográfica nacional.

Según relata su secretario general, Juan Carlos Garrido, originalmente la clínica fue planeada para habilitarse en el edificio de la colonia Del Valle, donde se hallan las oficinas del STyM, que en octubre cumplirá 70 años de fundado.

“De hecho, este edifico, aquí en la calle de Fresas número 12, hoy es nuestra sede sindical, proyectado para albergar la clínica. Los comienzos de la construcción de este edificio datan de 1954. Por aquel entonces la sede se ubicaba en la calle de Versalles, por el Cine Versalles donde realizábamos las asambleas. Ya que nuestro sindicato se sostiene por las cuotas de los compañeros agremiados, para llevar a cabo nuestros proyectos siempre hacen falta fondos. Por razones de economía nos trasladamos acá hacia 1974.

“Los compañeros técnicos del STyM y de las otras cuatro secciones conjuntadas en el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) participaron voluntariamente en la filmación de La sombra del caudillo, esperando que luego de su exhibición en salas comerciales del país recabaran los fondos requeridos para culminar la construcción de la clínica, conforme deseo de Julio Bracho para nuestro gremio.”

Al fin se estrenó durante el mandato de Salinas de Gortari un 12 de noviembre de 1990 en la Cineteca Nacional, sin que su director Julio Bracho pudiera verla en cartelera (Proceso, 733); falleció en 1979. La actriz Diana Bracho, hija del cineasta, señaló entonces:

“La exhibición de La sombra del caudillo, película producida originalmente por el STPC, no es un favor, sino el pago de una vieja deuda con todos nosotros. Fue una película que provocó mucha euforia, porque era de los trabajadores para los trabajadores, se hizo en cooperativa, para que los trabajadores del cine tuvieran un servicio médico. Todos trabajaron gratis, y quienes cobraron, recibieron el mínimo: tenía una cosa muy esperanzadora; era un símbolo.

“El Politécnico hizo una función muy valiente a la que fui con mi papá, con Elena Garro y su hija Helena Paz: me impactó… Yo tenía una copia muy mala de La sombra del caudillo en video que nunca veía porque era malísima. Mi padre elaboró una lista de los militares que se opusieron a la cinta, y todos los días checaba los obituarios para ver cuál se había muerto para tacharlo de la lista.”

Pero no fueron los militares quienes ordenaron el veto:

“Concretamente, se opusieron Gustavo Díaz Ordaz, que era el secretario de Gobernación y luego, los que lo sucedieron en la cartera: Luis Echeverría y Mario Moya Palencia. La censura de La sombra del caudillo le pesó toda vida a Julio Bracho, entró en una depresión de la que nunca se recuperó y la tenía muy presente mi padre, aunque no hablaba mucho de eso.”

Juan Carlos Garrido anunció que Diana Bracho será la invitada de honor para la proyección de la cinta restaurada digitalmente; el 20 de agosto, a las 17:30 horas en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario, donde el STPC y el STyM con la Filmoteca de la UNAM le entregarán el guión original de La sombra del caudillo.

“También se va a presentar en la Cámara de Diputados el 2 de septiembre, nos la pidieron”, apunta Juan Carlos Garrido, al tiempo que su coordinadora de prensa y relaciones públicas, Victoria Ortiz, tercia:

“Hemos estado en conversaciones con la dirección del Foro Chapultepec, La sombra del caudillo es una joya del cine nacional y un documento histórico, de análisis social y discusiones políticas. El 70 aniversario del sindicato se cumple en octubre y para celebrarlo nos ofrecieron el foro donde proyectarla y hacer una mesa de debate, a 55 años del rodaje.”

La Filmoteca de la UNAM, el STPC y el STyM también otorgarán reconocimientos a Salvador Vázquez Orozco, Fernando Ramírez Moreno, y Enrique Lechuga Morales por su intervención en el mencionado filme, estelarizado por luminarias como: Ignacio López Tarso, Carlos López Moctezuma, Kitty de Hoyos, Prudencia Griffel, José Elías Moreno, Roberto Cañedo, Antonio Aguilar, Noé Nurayama y Narciso Busquets.

Temores infundados

Si bien durante la década de los sesenta cuando Julio Bracho filmó La sombra del caudillo, el número de agremiados en el STyM de la República Mexicana ascendía a 5 mil, para 2015 los afiliados apenas suman 370.

–¿Cuál es el principal reto de su administración?

–El primero es generar empleos para nuestros miembros y, segundo, continuar nuestro acercamiento con los productores fílmicos para invitarlos a que tengan plena confianza y absoluta seguridad de trabajar con nosotros. Estamos en una franca apertura para poder volver a estar en una plataforma donde el productor cinematográfico se sienta confiado, este año cumplimos 70 años al pie del cañón con nuestro compromiso a favor del cine.        

“Siempre hemos mostrado apertura de criterios para llegar a buenos acuerdos con los productores. Si podemos apoyar a la industria sería benéfico para nuestros agremiados, y así evitar ser desplazados por gente sin capacidad profesional, además de tener un respaldo en una inversión protegida por la gente del STyM, con calidad y experiencia comprobadas internacionalmente.

“Buscaremos realizar mesas de trabajo con productores fílmicos, cambiar la imagen de nuestros agremiados… Y es que muchas personas todavía se espantan cuando oyen la palabra sindicato. Pero el STyM no es un sindicato charro que te va a poner banderas de huelga y echarte abajo un proyecto fílmico, nada más lejos de la realidad. Son temores infundados. Si el productor, por ahorrarse unos pesos, decide no pagar prestaciones sociales y contrata a otras personas improvisadas en el cine, obviamente la gente que vive de este medio se queda sin trabajo.”

Ejemplifica que se han beneficiado “específicamente sus amigos” que no son de la industria.

“Por decir una cifra, si hay diez películas filmándose a duras penas agarramos una, pues sus contratos prefieren no pagar la seguridad social. Eso nos ha pegado, no existe alguien que les diga ir con la gente altamente calificada del sindicato que se dedica en un cien por ciento al cine. Hacemos un llamado a las autoridades culturales para regular de alguna manera esta situación y consolidemos una industria que merece fortalecerse.”

Nacido un 18 de noviembre de 1964 por el barrio de la Villa de Guadalupe, con un año y medio al frente del sindicato, Garrido concluye:

“El gobierno federal debe apoyar la rehabilitación de viejos cines para que asista gente de escasos recursos a matinés y proyecciones fílmicas a precios accesibles, donde la familia pueda disfrutar de alimentos baratos y el público se olvide de comprar películas piratas.

“Aparte, es importante atraer la producción fílmica extranjera que ha decaído en los últimos años por el miedo a filmar en nuestro país, sería muy favorable que el gobierno federal, Imcine o Conaculta volvieran a dar ese apoyo a la industria con derramas económicas sustanciales.”