Tras 30 años realizando documentales críticos y de denuncia, el colombiano Diego García-Moreno vislumbra “una luz de esperanza, palabra que había desaparecido en mi país en más de 50 años de guerra que hemos padecido” con Clan-Destinos. Recién estrenado en México, su nuevo filme muestra a niños de barrios pobres y conflictivos de Bogotá estudiando distintas disciplinas culturales en el proyecto gubernamental denominado Centros Locales de Arte para la Niñez y la Juventud (Clan).
Realizador cuyo prestigio ha trascendido a nivel mundial, García-Moreno manifiesta que su nación ya ha empezado a vivir el posconflicto:
“Aunque todavía no está definido ese proceso de paz, se siente que hay una fatiga total de la guerra. Existe una necesidad de rearmar los tejidos sociales y esto se ve al seguir a esos ocho niños por los Clan. Ahí, guiados por artistas, ellos se encuentran en un proceso de aprendizaje artístico que les ha cambiado su vida, aunque residan en casas que reflejan la mala situación económica de Colombia.”
Durante seis meses filmó en los Clan, proyecto creado en los barrios humildes de la capital colombiana por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) hace tres años, a los que acuden niños y niñas de manera gratuita para aprender teatro, música, cine, literatura y pintura, en apoyo al Plan de Desarrollo Bogotá Humana de su gobierno:
“Dentro de los Clan me encontré una comunidad indígena que había sido desplazada del Pacífico y sus hijos también asisten a los Clan, espacios independientes fuera del esquema de los colegios públicos, a los cuales hace tres años la actual administración del gobierno de Bogotá invitó a muchos artistas quienes ya cuentan con una experiencia y trayectoria al trabajar en barrios.
“Es gente conocedora de la importancia que juegan el arte y la cultura en una sociedad: grupos de teatro, músicos, cineastas, fotógrafos, bailarines, cantantes, poetas, en fin. Formalizan su actividad recibiendo un dinero del Estado, pero les dieron una libertad muy interesante. Actualmente unos 60 mil niños acuden a dichos Centros bajo los parámetros de estos artistas, fuera de la disciplina normal.”
En el documental, las familias de los ocho chicos relatan los cambios positivos que han tenido sus hijos, quienes laboran en los Clan con pasión y entregados a distintas áreas.
“Allí no distinguen a nadie, ni marginan a nadie”, cuenta el cineasta que vino a México para el estreno mundial de Clan-Destinos en la 9 edición del Festival de la Memoria Documental Iberoamericano, efectuado del 5 al 9 de agosto en el Cine Morelos de Cuernavaca. Clan-Destinos tuvo la primera proyección el pasado 4 de agosto en La Nana, Fábrica de Creación e Innovación de ConArte, ubicada en la colonia Guerrero de la Ciudad de México. En el Cine Morelos se presentó ayer sábado 8 de agosto; y en este mismo lugar, el domingo 9 será su última exhibición, a las 12 horas.
Una llamada extraordinaria
García-Moreno estudió cine en la Escuela Nacional Superior Louis Lumiére en París. Trabajó en el Instituto Nacional Audiovisual de Francia, donde se dedicó a la construcción e investigación de ficciones interactivas.
En Medellín, fundó con su hermano Sergio la productora Alucine. Creó documentales para cadenas de televisión nacionales. Con La balada del mar no visto, de la ficción pasó a documentales de autor relacionados con la cultura y la violencia, como Moravia y el mar, Beatriz González ¿Por qué lloras si ya reí?, Y como para qué de arte de qué…?, y El corazón, entre otros.
Actualmente reside en Bogotá, donde formó su compañía productora Lamaraca. Ha trabajado como docente en las universidades de los Andes, la Nacional y Del Rosario. García-Moreno destaca a Proceso que es un cineasta independiente; pero Clan-Destinos fue un encargo:
“Fue una llamada telefónica muy extraña, porque generalmente yo hago las películas muy libres. Hace año y medio me hablaron de la Secretaría de Cultura de Bogotá para decirme que estaban interesados en que yo realizara un documental sobre un proyecto que estaban desarrollando, de formación en arte, con jóvenes de barrios populares. Yo les manifesté que no realizaba trabajos institucionales, ni hacía propaganda oficial, y me expresaron que no deseaban eso.
“Yo no conocía el proyecto de los Clan, les propuse que quería conocerlo y luego les daría la respuesta. Me fui 15 días a los Centros del sur de Bogotá y me fasciné. Empecé a ver una importancia social impresionante. Pensé que no debía quedarme sólo en el colegio, sino que debía ver cómo influye ese proyecto en la sociedad. Así que empecé el proceso que más me gustó: ver las implicaciones en sus propias casas, en sus propias familias. Y acepté filmar el documental.”
Recalca que la base fundamental de su trabajo ha sido la cultura, “tocando el conflicto y la guerra, porque era inevitable en Colombia no tocar esos tópicos”. Confiesa su obsesión por la expresión artística:
“Siempre me ha fascinado ver el efecto y la actitud social de los artistas. Ello crea formas de convivencia diferentes, fundamentales, necesarias para contrarrestar conflictos; y trabajadas desde niños, me parecen más interesantes todavía. Esto se debía documentar porque hay muchos opositores a este tipo de formación y mucha gente a nivel de la educación básicamente se va por el lado tecnicista. Se cree que el desarrollo simplemente está en las nuevas tecnologías; pero es importantísimo mantener la esencia humanista que contiene el arte, la cual va a dar otro tipo de ciudadanos.”
–La narco cultura ha transformado todo, ¿verdad?
–Toca todos los niveles de la vida. Hay que recuperar lo esencial del arte porque éste no está marcado por un hecho presente: la superficialización, donde el único interés es el dominio, el poder y el dinero. Hay que volver al espíritu, la convivencia y la reflexión.
–¿Qué papel debe tener el artista e intelectual, cuando las sociedades están entre la violencia como México o Colombia?
–En cierta forma, nuestro papel es recordarle a este mundo la tragedia, y recordando la tragedia uno modifica las visiones del futuro. El arte siempre ha sido lo mismo: el relato de todo lo que afecta a la humanidad, y al ejercerlo, construirlo, uno ve el papel de la belleza.
“Y si no tenemos la fascinación de que la belleza es posible, nos vamos al hueco.”
–¿Qué quiere decir usted con “recordando la tragedia”?
–Por ejemplo, cada obra griega son el recuerdo de un dato que aborda la condición humana, que es el aspecto trágico. La vida tiene unos instantes de referencias mortuorias muy fuertes.
“Entonces, ¿qué se hace? Recordar eso, y en ese sentido lo digo. Si nos vamos a la gran literatura, se recuerda el sentido trágico de la vida como lo hace Gabriel García Márquez…
–Cuando los creadores e intelectuales son apáticos ante la violencia, ¿qué recomienda?
–Cuando son artistas, hay sensibilidad. Creo que todo el buen arte tiene su fondo político. En las épocas de crisis surge mucha sabiduría y muchos actos colectivos insólitos e inesperados.
Así es su mensaje para México:
“Los artistas e intelectuales deben ser los críticos de las políticas, y también son una voz guía importante. La palabra y el enfrentamiento es una voz guía que tiene que salir y manifestarse continuamente. En estas épocas ocurren dos cosas: o te escondes, o sales a la tribuna pública. Creo que este es un momento de la tribuna pública. ¡Es urgente! ¡Hay que ser valerosos!”
García-Moreno subraya que ConArte (Consorcio Internacional Arte y Escuela A. C., de México), y el Idartes de Bogotá, ya están laborando juntos:
“Vengo al Festival de la Memoria con el apoyo de ConArte. Al enterarse de la existencia de esta película, se identificaron. Idartes creó los Clan, y como ya empezaron a trabajar juntos, hay mucha experiencia para compartir. Esta experiencia con los niños es una iniciativa que puede ser un trabajo en conjunto interesante, no sólo para México sino Latinoamérica. Veo una luz de esperanza, palabra que había desaparecido en mi país en más de 50 años de guerra que hemos padecido.”
Lucina Jiménez, directora de ConArte, explica que en septiembre próximo un grupo de formadores de ConArte irá a Colombia “y en octubre, personas de los Clan vienen a México para un intercambio de experiencias que ayudará a crear una ciudadanía y cultura de paz entre los dos países”.
La doctora en antropología redondea:
“Estamos compartiendo realidades similares de violencia.”








