El INBA de Francis Alÿs (2 y último)

Valorado y sobrevalorado por el mainstream y el sistema museístico nacional, Francis Alÿs no es un pintor: es un productor de imágenes pintadas.

Concentrado en la narración sin atender el proceso o la problematización de la composición pictórica, sus pinturas son ilustraciones en técnicas pictóricas que, como él mismo señala, traducen escenarios y situaciones que no pueden ser expresados, filmados o actuados. Sustentada curatorialmente en un ambicioso discurso que no se percibe en las obras, la exposición Francis Alÿs. Relato de una negociación, exhibida en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo desde marzo de este año en esta capital, evidencia no sólo la relevancia comercial de la pintura como disciplina, sino también la pobreza de la propuesta pictórica del famoso postconceptualista.

Curada por Cuauhtémoc Medina a petición –u orden– del artista (Proceso, 2022), la exhibición no manifiesta “un más allá de la práctica pictórica usual” como señala el texto curatorial. Por el contrario, descubre una apropiación de la composición y comunicación visual del rotulismo mexicano que evidencia tanto la sobrevaloración del autor como la desigualdad de la gestión gubernamental. Utilizadas por Alÿs desde 1993, estas estéticas populares, interpretadas en el mainstream como una oscilación entre lo absurdo y lo fantástico, han logrado que los espectadores no vean la simpleza de lo que miran, sino la sofisticación de un discurso que sólo aquellos que desconocen la complejidad de la excelencia pictórica pueden aceptar. En lo que corresponde a la utilidad comercial, diversos medios han publicado que la venta de pinturas es lo que permite al artista mantenerse y patrocinar sus costosos proyectos.

Integrada por aproximadamente 95 imágenes pictóricas de pequeñísimo formato que forman parte de tres proyectos realizados entre 2000 y 2011 en México, Gibraltar y Afganistán –más uno abortado en La Habana-Cayo Hueso–, la exposición del Tamayo es la tercera individual que presenta el belga en la Ciudad de México. Con una deficiente versión de su repetitiva acción pictórica, Leak (Goteo) –1995, Gante; 2003, París; 2004, Jerusalén–, que no logra completar el trayecto del Tamayo a la Sala de Arte Público Siqueiros con la huella de dos chorros lineales de pintura –se interrumpe al llegar a la calle de Tres Picos a la altura de la Embajada de Canadá–, la presencia simultánea de su compatriota Francis de Smedt en dos museos genera el cuestionamiento sobre la desigualdad que existe en la gestión museística del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Mientras los numerosos becarios del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) carecen de espacios institucionales para exponer su producción, Francis Alÿs ocupa dos recintos ubicados en lugares privilegiados de la ciudad. Ausente de espectadores en ambos, el del belga es un testimonio del colonialismo, desigualdad y arbitrariedad que existe en la construcción gubernamental de valor artístico.