El día que le regalan una camioneta Hummer por su cumpleaños, Poncho (Fernando Sosa Solís), chavo fresón de una universidad privilegiada de Monterrey, sale junto con su amigo El Greñas a conectar mota. Se internan al barrio marginal de Santa Catarina donde vive el narcomenudista La Bomba y sus secuaces que van a abrirles las puertas del infierno, con sicarios, tortura y todos los lugares típicos del ya respetable género del cine de narcos.
Los jefes (México, 2014) es una fábula moral que podría subtitularse “los peligros del conecte en el México de hoy”, específicamente en el norte del país; conviene verla mejor como un musical, el primero que estrena Cartel de Santa, la famosa banda rapera de Monterrey que compone y toca sobre narco, violencia, drogas y sexo, machismo y corrupción; en suma, la realidad que vive la gente, sobre todo los jóvenes. Los títulos de sus canciones son elocuentes, “Asesinos de asesinos”, “Cannabis sativa”, “México lindo y bandido”.
Claro, como afirma MC Babo, vocalista principal y guionista, El Perro en la película, la realidad es mucho peor; ni quien lo dude. Los jefes se vale de estereotipos como el niño bien pero pacheco, los sicarios desalmados, el narco terrorífico pero sentimental que hasta se vomitó cuando cortó su primera cabeza, las chavas gruesas, y demás. Lo importante es que estas caricaturas funcionan porque son como ventanitas a una realidad mucho peor.
Ocurre que ese mundo de desmanes y trasgresiones compone su propio orden, depende de jerarquías, exige definir el rol y el grado de poder de cada quien, por eso los apodos que sitúan y rebelan cualidades esenciales; es, en sí, una sociedad de estereotipos que El Babo, el director Jesús Rodríguez, Chiva MF, como todos los miembros de la banda que actúan en la película junto con los no actores que se actúan a sí mismos, conocen muy bien. La paradoja es que esos monigotes parecen auténticos.
Sale sobrando cualquier crítica que descalifique la película porque saltan las deficiencias de producción, tomas forzadas, errores de continuidad, o abuso de planos en picada. Quien no quiera tomar en serio a Los jefes, por lo menos que no pierda de vista que se trata de un espectáculo, más allá del cine de palomitas, que capta la dimensión aterradora y fascinante de lo que se vive en México, o la pérdida de la ciudad de Monterrey, como declara el director. Los jefes es un trabajo concebido y realizado por gente que viene de ahí, que no fue a buscar la noticia.
Las deficiencias académicas las compensa el ritmo del sonido, obviamente gravado en posproducción, la banda sonora, los diálogos y sus juegos de palabras, las letras de las canciones; aunque inacabado, el estilo no falta, incluso en las composiciones de los planos, fijos y o de secuencias pretenciosas, y en las coreografías de los personajes, o los columpios de imágenes del video clip al largometraje y viceversa.








