Para el economista Arturo Ortega Blake, nacido en Delicias, Chihuahua, el episodio histórico del Batallón de San Patricio en Churubusco –formado por 260 irlandeses “que defendieron el 20 de agosto de 1847 con bravía la bandera mexicana, siendo atrapados por los invasores” yanquis– lo obsesionó. A su entender, no se había estudiado suficientemente, además del origen irlandés de su segundo apellido. El resultado es Ecos de gloria, en cuyas fuentes bibliográficas cita unos 200 volúmenes, aunque asegura haber consultado el doble. La epopeya de John Reilly y sus muchachos, explica el autor, está narrada en forma novelada, pues en México los libros de historia son considerados aburridos.
La histórica defensa de la Ciudad de México esgrimida por el joven John Reilly y sus compatriotas irlandeses del Batallón de San Patricio contra las fuerzas de Winfield Scott, durante la invasión estadunidense en 1847, se narra con amena intensidad a través de Ecos de gloria. El batallón de San Patricio y la guerrilla mexicana, una “novela ensayo” de Arturo Ortega Blake que la Editorial Planeta circula en estos días.
“La participación de los muchachos de Irlanda (y otros pocos extranjeros) en esa guerra es un episodio poco conocido. A ellos los unió una gran empatía con México, y mi intención fue escudriñar las entrañas de aquellos valerosos combatientes al tratarse de un periodo fundamental que nos marcó como nación y necesitaba ser estudiado más a fondo”, dice Ortega Blake.
“Fue la primera guerra expansionista estadunidense, y México e Irlanda poseían fuertes semejanzas. Países agricultores ambos, con vecinos muy poderosos, no eran esclavistas, y además compartían una misma fe católica. El uno por ciento de la población de Estados Unidos en 1847 era católica y a quienes profesaban esta religión se les discriminaba muchísimo.”
El conmovedor libro de 400 páginas comienza en febrero de 1847, luego de la batalla de La Angostura, donde tras pasarse del lado mexicano, algunos de los 78 “colorados” irlandeses (entre quienes destacan John Reilly, James Humprey, Dennis Conahan, Francis O’Connor, Patrick Dalton, James McDowell, Art O’Brian y Alexander McKee) cuestionan ante el jefe del batallón de “Los Patricios”, Francisco Moreno, por qué el general Antonio López de Santa Anna ordenó la retirada del Ejército mexicano en vez de apresar al primer líder de la intervención yanqui, Zachary Taylor.
El capítulo noveno, “Los motivos de John Reilly”, abunda en las razones de los irlandeses para pelear con el bando mexicano, imaginando una conversación entre Reilly, Humprey y Conahan, quien al calor de un café les cuenta su llegada a América:
–Primero, la crisis de la papa; después vendí herramientas y animales para pagarme el viaje en una húmeda bodega en un barco a Nueva York, y por último me alisté en un ejército más ambicioso que el mismo británico… El primer día, en el mero muelle nos etiquetaron de inferiores… Nos inscribimos en el ejército estadunidense porque ahí se consigue comida y paga rápidamente, pero fue ahí en donde más nos discriminaron…
Reilly apunta:
–Tenemos más en común con ellos (los mexicanos), que con los yanquis.
“Entonces, Alexander McKee toca una melodía celta en su armónica.”
Vuelve Ortega:
“No quería contar sólo ese momento de la decepción en La Angostura sólo con cifras y fechas, sino detallar una narrativa de los sucesos que provocaron desconcierto en las filas mexicanas por aquella decisión errónea de Santa Anna. Desde entonces, el mexicano empezó a ver superior al yanqui.
“Pero lo que se perdió no fue únicamente la guerra por culpa de Santa Anna, sino a acusa de cinco presidentes mexicanos: Carlos María Bustamante, Mariano Salas, Manuel de la Peña y Peña, Valentín Canalizo, y José Joaquín Herrera. Hubo tremenda corrupción en nuestros generales y también del clero, con el obispo Pablo Vázquez y Sánchez Vizcaíno, y el arzobispo José Lázaro de la Garza y Ballesteros, quienes se aliaron al mando de Winfield Scott cuando atacó brutalmente Veracruz en marzo de 1847.”
Ortega Blake informa de los enfrentamientos, las intrigas mexicanas, y el avance de la tropa estadunidense citando periódicos de la época (El Monitor Republicano, The New York Herald), al igual que por boca de los irlandeses y demás personajes de Ecos de gloria –algunos imaginarios, como el indio mezcalero desertor Yuw–. Revela asimismo cómo tras el desembarco de Scott, el Batallón de San Patricio se unificó a la guerrilla del padre Celedonio Domeco Jarauta y de qué manera los gringos cooptaron soldados de nuestro país al establecer la Mexican Spy Company (Compañía Mexicana de Espías), comenta el autor:
“Para muchos estudiosos, la creación de la Mexican Spy Company fue el inicio de la Central Intelligence Agency (la CIA), aunque el registro de la agencia como tal se diera unos 50 años después.”
La narrativa aumenta en suspenso y alcanza sus capítulos climáticos (13 al 16) en “Churubusco, la felonía”, cuando unos 260 irlandeses defendieron el 20 de agosto con bravía la bandera mexicana, siendo atrapados por los invasores; en “El Molino del Rey”, y “Juicios y sentencias”, donde 30 de ellos son enjuiciados en la Corte de San Ángel (25 condenados a muerte) y 42 en la de Tacubaya (30 ejecutados). La leyenda del Batallón de San Patricio reza que su ejemplo dio pauta a la historia oficial para edificar el culto a los Niños Héroes.
“John Reilly solamente sería flagelado, marcado con hierro candente, rapado y obligado a trabajos forzados.”
“Erin Go Bragh”
El miércoles 29 de julio, en el Portal de Peregrinos del Museo Nacional de las Intervenciones en Coyoacán, Arturo Ortega Blake presentó Ecos de gloria. El Batallón de San Patricio y la guerrilla mexicana, acto abierto gratuitamente al público con la participación de la poeta Kyra Galván, Gilberto Tejeda, Carlos Mayer, así como la directora del exconvento Cecilia Genel Velasco.
Nacido en Delicias, Chihuahua, un siglo después de los hechos que narra, Arturo Ortega Blake estudió economía en la UNAM, Holanda y Hungría. Ha escrito otras novelas históricas como Frontera de papel. Tres hermanos en la guerra México-Estados Unidos (2004); La papisa Juana. Ioannes Angelicus (2005) –traducida al polaco y al portugués–; Leif, el hijo de Erik. Los vikingos que descubrieron América a principios del siglo XI (2006); Nebra. Lectores de los astros en la Edad de Bronce (2006), y Ardiente cañaveral (2012).
–¿Cómo nació su interés por el tema del Batallón de San Patricio?
–Desde muy pequeño tanto la historia como la literatura me llamaron la atención. En cierta ocasión oí que mi familia hablaba acerca del origen incierto del apellido Blake y me entusiasmó investigarlo.
“Por el embajador de Irlanda en México entre 1999 y 2005, Art Agnew, supe que los Blake llegaron a la isla de Ellis, Nueva York, según el primer censo de migraciones irlandesas al continente. Se dice que George Washington prefería reclutar irlandeses para combatir a los británicos, por su valentía. La cultura celta siempre me intrigó.”
Eventualmente se acercó a la brigada del comandante John Reilly (Clifden, 1817?-Veracruz, 1850) y leyó la novela Batallón de San Patricio (1954) de la oaxaqueña Patricia Cox (1911-2000).
“Era el libro obligado, sobre todo descriptivo de Reilly, si bien deja fuera a los demás; pero cuando lo redactó ella contaba con muy poca información y yo pensé que debía haber más, así que fui a la Universidad de Texas, en Austin, y viajé a Houston en 1994 para hallar nuevo material y realizar mis propias pesquisas.”
Las fuentes bibliográficas al final de Ecos de gloria citan unos 200 volúmenes, aunque él asegura que consultó el doble.
“Decidí darle forma de relato novelesco, pues en México casi nadie suele leer libros de historia por considerarlos aburridos. A decir de mi esposa Socorro Ortuño, Ecos de gloria es una novela-ensayo por la cantidad de biografía que cubro. Mi intención es que a partir de algo así surjan otros investigadores aparte de Gilberto López y Rivas (La guerra del 47 y la resistencia popular en la ocupación) para que mencionen lo que fue la brillante defensa de la Ciudad de México por los irlandeses, al grito de Erin Go Bragh (Viva Irlanda).
“John Reilly tenía 30 años, y yo tomo a los principales muchachos irlandeses: el médico Humprey; a Patrick Dalton, muy cercano a Reilly o su vecino David Conaham, vecino suyo en Irlanda. Alexander McKee era medio poeta, el típico joven que rechazaba la esclavitud y brindaba alegría a los demás “cabezas de papa” (como les llamaban despectivamente los yanquis), con sus melodías en la armónica. Yo no inventé eso, lo saqué de una carta que encontré donde McKee cuenta que una vez de chico va a tocar armónica en una taberna y le pagan cinco cervezas, se las toma y se emborracha. Otro que me dio mucho gusto incluir es a Roger Dunham, de los que desertan del ejército de Scott en Tantoyuca, Veracruz.
“Ellos venían a buscar un modo de vida para su familia, ya había experiencias anteriores de irlandeses migrantes, y el batallón lo dirigía Francisco Moreno. Él los organiza para ser la conexión con las fuerzas mexicanas. Moreno era un cadete muy joven que hablaba inglés y esperaba formar un batallón.”
Para Ortega Blake el secreto de cada relato novelado estriba en lo siguiente:
“Uno como autor debe sentir los personajes, meterse en su piel, y una de las muchas cualidades que me atrajo de los irlandeses es su sensibilidad… quien mejor la personifica es John Reilly. Él entendía a los mexicanos por ser tan parecido a ellos, fue el gran promotor de que más irlandeses se pasaran a las filas del Batallón de San Patricio.”
En 2010, el conjunto folk The Chieftains grabó con Ry Cooder (Buena Vista Social Club) el álbum San Patricio, donde figuran Lila Downs, Los Tigres del Norte, Linda Ronstadt y Chavela Vargas. Y cada año la ciudad de Clifden celebra un festival de música mexicana e irlandesa en honor a John Reilly en el mes de septiembre.








