En los últimos juegos de la Selección Mexicana triunfó la indignidad. Lo peor no fue el pésimo futbol, el director técnico incapaz o los jugadores ineficientes, sino el modo en que se consiguieron los triunfos ante Costa Rica y Panamá: regalos arbitrales que pasarán a la historia de la infamia o tal vez a los anales de la corrupción futbolística. Así, se multiplican las voces que exigen investigar si hubo mala fe en esas aberraciones, y aumentan el escrutinio y las críticas sobre la FIFA, la Concacaf y la Femexfut, que han hecho de la opacidad y la transa el reglamento oficioso del balompié.
La imagen del futbol mexicano, maltrecha desde hace años, se derruyó en dos partidos. En sus juegos de cuartos de final y semifinal de la Copa Oro, la Selección Mexicana recibió una serie de ayudas arbitrales que le permitieron alcanzar la final del máximo torneo de la Confederación de Futbol de América del Norte, Central y el Caribe (Concacaf) –organismo implicado en la mayor trama de sobornos en la historia de la FIFA, develada por las autoridades estadunidenses.
México alcanzó la final tras derrotar 2-1 a Panamá el miércoles 22, en un partido lleno de polémica: El árbitro estadunidense Mark Geiger marcó dos penaltis muy dudosos en favor del Tri, expulsó de manera harto rigorista al centroamericano Luis Tejada en el minuto 25 y le perdonó la tarjeta roja al delantero mexicano Carlos Vela por una clara agresión a un contrario.
Pese a la expulsión en el minuto 25, Panamá se fue arriba en el marcador, que se mantuvo 1-0 hasta el minuto 89. En los últimos segundos del partido, el silbante inventó un penalti que devolvió la vida al equipo de Miguel El Piojo Herrera.
En la polémica acción, el defensor panameño Román Torres cayó sobre el esférico en el área grande. Alcanzó a rozar el balón con la espalda, pero jamás con las manos. Como sea, el árbitro marcó la pena máxima.
Al hecho siguió la indignación, el escándalo, golpes, empujones de uno y otro bando y hasta un amague de retirarse del campo por parte del equipo panameño. Después de 10 minutos se reanudó el encuentro y el capitán Andrés Guardado transformó en gol el obsequio arbitral. Con esto empató los cartones y consiguió los tiempos extras. Y la situación empeoró: el de negro marcó otro penalti inexistente que el propio Guardado se encargó de convertir. Con el 1-2 final, México obtuvo su pase a la final del torneo.
Casi inmediatamente, los jugadores caribeños manifestaron su inconformidad contra la Concacaf. Hicieron una manta con toallas y sobre ella escribieron: “Ladrones y corruptos”.
No ha habido sanción por la falta inventada, pero por esa protesta el Comité Disciplinario de la Copa Oro multó a la Selección de Panamá con 15 mil dólares. Además, los jugadores panameños Jaime Penedo y Luis Tejada fueron suspendidos con dos partidos debido a que insultaron al silbante.
El partido, que puede pasar a la historia como uno de los grandes robos en esa competencia, le valió a México y a su entrenador la condena pública, sobre todo porque el Tri había alcanzado la semifinal merced a otro penalti regalado en el juego previo, ante Costa Rica.
Así, México disputa este domingo 26 el título de la Copa Oro frente a Jamaica, que semanas atrás terminó como el peor conjunto en la Copa América Chile 2015, un peldaño por debajo del combinado tricolor. Jamaica es el inesperado finalista tras superar a Estados Unidos, que arribó como monarca defensor y favorito.
Las razones de la pena
“Es indigno y vergonzoso que estemos en la final gracias a la ayuda arbitral con dos penaltis inexistentes. Antes no pasó a mayores, porque le estaban robando el partido a Panamá, que con 10 jugadores realizó una estupenda labor. Desgraciadamente la Selección de México no hizo nada”, afirma Rafael Lebrija, uno de los directivos más exitosos del futbol nacional.
Actualmente en el retiro, Lebrija se sincera: “A mí me daba pena cómo estaban pasándose el baloncito de un lado para otro y sin ocasiones de peligro jugando contra 10 elementos”. Pero el problema va más allá: “Hay algo que está mal. Por lo tanto, hay que enmendarlo y definitivamente hacer una reestructuración total en el futbol mexicano”.
Para Lebrija –quien presidió el club Toluca de 1996 a 2007, y consiguió cinco títulos– el futbol mexicano ya tocó fondo tras el bochornoso episodio en Atlanta. El exdirectivo asevera que la transformación debe ocurrir en todos los niveles, además de limitar el número de extranjeros y naturalizados en la liga, pues sólo impiden el desarrollo de los jóvenes mexicanos: “Hay equipos que tienen nueve y hasta 10 jugadores no nacidos en México”.
A juicio del exdirectivo los foráneos sólo se nacionalizan por conveniencia económica, que en nada beneficia al balompié nacional. Así, es indispensable que la ley sea más estricta con los naturalizados, a quienes “se les hace muy fácil marcharse del país a los dos años”. Si no se logra endurecer las leyes, continúa, debe intentarse un acuerdo entre los clubes.
Hoy en día, para que la Cancillería expida la constancia de naturalización basta con que el interesado acredite una residencia en el país de dos años consecutivos. “Cuando estuve en la Federación (Mexicana de Futbol, Femexfut) logramos reducir de cinco a cuatro el número de plazas para extranjeros. De repente hubo cambio de administración, ¡y en lugar de cinco fueron seis los foráneos! Ésa no es la fórmula.
“Para progresar tenemos que frenar todo esto. En el futbol mexicano tampoco tenemos un tipo de juego definido porque llega un jugador (extranjero) y se va otro. Es muy importante involucrarse a fondo, e incluso imitar a países como Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Colombia, que trabajan bien sus fuerzas básicas y tienen muy pocos extranjeros en sus ligas. ¿Por qué no copiamos ese esquema, incluso para exportar jugadores? Nosotros exportamos 10 o 15 y ellos exportan 200 o 300.”
En entrevista, Lebrija es severo con Andrés Guardado, a quien reconoce como excelente jugador, pero considera que debió lanzar fuera el primer penalti contra los panameños: “Así habría demostrado que en México se tienen principios y valores, porque fue evidente que no hubo penal, sobre todo con el antecedente del partido ante Costa Rica, que tampoco fue penal”.
La idea, dice, también era evidenciar que, de lograrlo, México habría alcanzado la final por méritos propios y no por ayuda arbitral. “Para mí, que soy gente de futbol, no me sabe de ninguna manera estar en la final y ganar la copa. Hay que ganar en la cancha. Es vergonzoso para todos los mexicanos la forma en que vencimos”.
–¿No es demasiada coincidencia que los actos de sobornos y corrupción que investiga el FBI tengan su origen en la propia Concacaf y la Conmebol (la confederación de Sudamérica)? Casualmente la Copa Oro es organizada por uno de estos organismos. ¿Considera que la corrupción ya trastocó el arbitraje? –se le pregunta.
–Le soy sincero: No quisiera meterme en ese punto, porque tiene muchos bemoles. Hay que pensar siempre, como lo hice mientras estuve en Toluca y en Chivas, que el arbitraje ni siquiera se toca; no se habla del desempeño de los silbantes. Pero en lo que se convirtió esta Copa Oro… Eso da mucho que pensar sobre la corrupción que existe en la FIFA.
“¿Cómo es posible que Qatar haya sido elegida sede de una Copa del Mundo cuando el clima en ese país es superior a los 40 grados, y dificulta no sólo el desarrollo de los partidos, sino la asistencia de los aficionados? ¿Cómo se les ocurrió entregar la sede a ese país con 12 años de antelación y no pensar en lo más importante: el clima? Todo eso da para suponer que algo hubo por ahí. Es muy difícil comprobarlo, pero los hechos hablan por sí mismos.”
Las dudas en Concacaf
Los problemas, expresa Lebrija, no sólo se dan a escala mundial: “Pongo un ejemplo de corrupción en la Concacaf. A mí me tocó vivir un episodio en Miami con Alberto de la Torre (entonces presidente de la Femexfut) y Edgardo Codesal, quien buscaba la presidencia de ese organismo. Llegamos a las elecciones y nos avasallaron. La Concacaf tenía todo programado, todo hecho, para la continuidad de Jack Warner. Perdimos por 36-2, además de una abstención”.
En efecto, en abril de 2007, el exárbitro Edgardo Codesal fue arrasado en aquellas elecciones. Cayó ante el trinitario Jack Warner, el otrora poderoso presidente del organismo y exvicepresidente de la FIFA –ahora investigado por el FBI en el escándalo que ensucia a la FIFA. Sólo El Salvador y México dieron su voto por el exsilbante.
Tras los comicios, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, declaró que todo estuvo en orden y “las cosas quedaron tranquilas con los directivos mexicanos. Hablé con la delegación de México, con el presidente Alberto de la Torre, para felicitarlos por haber presentado la candidatura de Edgardo Codesal, aunque finalmente perdieron”.
Ahora Lebrija refuerza sus sospechas de sobornos, corrupción y lavado de dinero en el organismo rector del futbol: “Después de la votación nos fuimos a comer. Estábamos De la Torre, Edgardo y yo cuando Blatter pasó frente a nosotros bailando, como burlándose, siendo que como representante de la FIFA debió guardar compostura. No soy vengativo, pero ahora está pagando todo lo que hizo”.
–¿En los días previos a las elecciones para presidente de la Concacaf notó algo que diera motivos a la sospecha? –se le inquiere.
–Definitivamente no puedo señalar, como el caso de la sede a Qatar, en las que hay razones suficientes. Uno supone, pero es difícil comprobar que hayan dado dinero u otra cosa. Sin embargo, todo hace suponer que así fue.
Un día después del escándalo por la derrota de Panamá, el entrenador de esa selección, el colombiano Hernán Darío El Bolillo Gómez, acusó que la labor del silbante “no fue un error. Con ese tipo de cosas te das cuenta que el árbitro no actuó solo. Hay alguien detrás de todo esto, y nos gustaría saberlo”.
El director técnico aseveró, a la cadena RPCTV de Panamá, que desde la amonestación a Carlos Vela, que a su juicio debió ser sancionado con la tarjeta roja, sospechó de anomalías “en la impartición de justicia. Hay una jugada muy clara en la que Vela pegó y lo vio (el árbitro). Vela no pegó como es normal, porque él va y choca con nuestro jugador y no marcó nada. Fue entonces cuando dije: aquí hay algo, aquí hay algo”.
Al mismo tiempo, la Federación Panameña de Futbol (FPF) emitió un comunicado de prensa en el que exigió la remoción total de los miembros de la Comisión Arbitral de la Concacaf “ante el insultante y vergonzoso arbitraje que se ha dado durante la Copa Oro”.
El viernes 24, el propio presidente de la FPF, Pedro Chaluja, denunció que el partido estuvo amañado y solicitó una investigación “hasta lo último”. En conferencia de prensa realizada en Filadelfia, denunció: “Percibimos que ese partido fue amañado, no por la Federación Mexicana de Futbol, pero sí hay terceros intereses”.
Hasta Diego Armando Maradona –el hombre que cometió la trampa más famosa en la historia del futbol: el gol anotado con la “Mano de Dios” ante Inglaterra, en el Mundial México 86– repudió en Twitter la injusticia perpetrada contra Panamá:
“Me solidarizo con los jugadores #Panamá. El partido debería volverse a jugar y echar al árbitro. La transparencia sigue brillando por su ausencia desde el Mundial de Italia 90, donde el mexicano Codesal nos robó a todos los argentinos.” Edgardo Codesal pitó aquella final, y decretó un penalti muy polémico en favor de Alemania, que le dio el campeonato.
En contexto
El 27 de mayo, a petición de las autoridades de Estados Unidos, la policía suiza arrestó en Zúrich a siete altos funcionarios de la FIFA, sobre todo directivos de la Conmebol y la Concacaf. Entre ellos está el expresidente de esta última organización, Jeffrey Webb, por corrupción, sobornos y lavado.
Desde entonces, los altos mandos de la FIFA, de confederaciones y federaciones decidieron no hacer apariciones públicas. A principios de julio, Blatter determinó no viajar a Canadá a la final del Mundial Femenil, en lo que ha sido su primera ausencia en una Copa del Mundo. Tampoco asistió a la reciente Copa América, en Chile, donde ni siquiera aparecieron los responsables de la Conmebol.
El 27 de junio salió a la luz pública que el FBI también indaga a Justino Compeán, Guillermo Cañedo White y a Alberto de la Torre, quienes podrían estar implicados en actos ilícitos, como sobornos y amaño de partidos, según informó Radiocentro.
Afecto a los reflectores, Compeán, todavía presidente de la Femexfut, no estuvo en Chile para acompañar a la Selección nacional. Al menos nadie se percató de su presencia. Y en la Copa Oro se le vio lejos del equipo. La última aparición pública del titular de la Femexfut fue el 24 de mayo pasado, cuando anunció su salida del organismo.
Compeán, quien también es vicepresidente de la Concacaf, terminará su ciclo en la Femexfut el 31 de julio, pero antes de jubilarse espera el regalo prometido por El Piojo: la Copa Oro. Compeán será relevado en ese cargo por Decio de María, presidente de la Liga Mx.








