El SNTE es un sindicato curioso, como sólo ocurre en México: agremia tanto a los trabajadores como a sus patrones. Controla a todos, a los que mandan y a los que obedecen. Por eso no se le entienden bien sus desplantes. Ahí está, es muy poderoso y le sirve de puntal al gobierno, además, para muchas de sus tropelías, como las electoreras por ejemplo. A cada paso vemos que se generan conflictos en él y por él. No nos cansamos de admirar, por un lado, el empecinamiento de muchos de sus trabajadores y, por el otro, el cinismo de sus dirigentes, que no dejan de dar la espalda a sus agremiados. Indefectiblemente aparece avalando siempre al gobierno en turno.
Dentro del inmenso abanico de conflictos desatados por la “reforma estructural estrella”, la educativa, en Jalisco se vive uno muy particular que sacude a las instituciones formadores de profesores. Éstas promueven a los maestros a especialidades y posgrados. Hace más de 30 años, la UPN fue creada para ofrecer una universidad al magisterio. En Jalisco posee varios módulos con programas avanzados. Eso no impide que el gobierno estatal las trate como si fueran pinchurrientas escuelitas de segunda. El Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM) está confrontado al rojo vivo. Ya se habló de ello antes en nuestra revista (“Una demanda que nadie quiere oír”, en Proceso Jalisco 555). Pugna entre los profesores y la directora Liliana Lira. Este jaloneo merece ser revisado con más detenimiento, pues hay muchos elementos por clarificar.
Todas estas escuelas “superiores” están controladas por el SNTE. En Jalisco hay dos secciones poderosas: la 16, que controla a las escuelas federales, y la 47, que se entiende con las estatales. Ambas controlan y manipulan, de acuerdo con la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ), todos los nombramientos. El bastón de mando se esconde en el poder ejercido en la delegación sindical de cada institución. Hay un escalafón, pero en la designación de las nuevas plazas, el incremento de horas y el otorgamiento de interinatos, el SNTE domina todo. Los concursos de oposición han mermado un poco esta discrecionalidad. No se sabe cuántas plazas siguen controlando la autoridad y el sindicato. Pero, en general, nada escapa a esos filtros. Por supuesto que las direcciones son las cerecitas de cada pastelito escolar.
En cada espacio educativo hay un jefe, con el que tienen que reportarse los que ahí laboran. El modelito de control es clientelar, corporativo, antidemocrático, etcétera. Todos los vicios y las contumacias de controles y chantajes que conocemos, hacen su agosto en los centros escolares. Al ISIDM lo controla un “cacique maestro” de nombre Néstor Estrada. Su nombramiento es de 48 horas, titular C (el más alto), obtenido gracias al sindicato, pues nunca ha trabajado en la institución merced a que es “comisionado”. Nunca fue director, pero ni falta que le hace. Quiere serlo. Miembro del comité de la Sección 47, ha manipulado a sus incondicionales. Esto le ha permitido manipular todo el tiempo al ISIDM.
Recién nombrado secretario de Educación Francisco Ayón, surgió el rumor de que Estrada sería nombrado director. Un amplio grupo de académicos se inconformó y elevó al secretario su molestia, cuestionando ese posible acto y proponiendo que las formas de nombramiento de directivos fuesen de manera más decente: colegiadamente, a través de personas con un perfil académico mínimo. Le presentaron dos oficios firmados casi por el pleno total de la planta de académicos, en los que fijaron su postura para esta nominación.
La respuesta de Ayón fue ingeniosa. Como detectó que el malestar no se reducía a este instituto, sino que parecía ser un mal generalizado, decidió que las direcciones de todas estas instituciones formadoras y de superación académica fueran elegidas mediante una promoción. Cada aspirante presentaría un plan de trabajo, sería sujeto a una entrevista exhaustiva y mostraría su currículum. La convocatoria fue recibida con buenos ojos y sentó un precedente (en las unidades de la UPN, mediante muchos años de lucha ya lo habían conseguido). La mayoría de los nominados para directivos eran académicos, no de las huestes del SNTE. Éste buscó mediatizar a botepronto todos los procesos, infiltrando las comisiones que calificarían a los aspirantes. En el ISIDM, Liliana Lira, la aspirante más fuerte, ganó la posición a pesar de las maniobras oscurantistas de la Sección 47.
El golpeteo del sindicato empezó de inmediato, pues muchos de los directores elegidos mediante este mecanismo no son personajes de su agrado ni responden a sus tácticas de control grupal tradicional. O sea que se les salieron del redil y, si abrieron portillos, la amenaza de la dispersión está latente. El sindicato contraatacó sobre estos nombramientos sacándose de la manga un mentado “examen psicométrico” para aplicarlo a estos personajes ganadores. Mediante tal truco, más o menos al estilo del modelo de la evaluación que está implementando el INEE para fregar a todos los maestros en el país, los directores de estos institutos de superación aparecieron como no acreditados. Al menos eso dijeron desde el sindicato y lo propalaron a los cuatro vientos, buscando su desacreditación.
La pugna entre el charrismo del SNTE y estos directores subió de tono. Así como el sindicato infiltró las comisiones y contraatacó con su examen psicométrico, los nuevos directores empezaron a realizar cambios, limpias y reestructuraciones con el fin de adecentar sus centros. Estos golpes llegaron al corazón mismo de las mañas charras del sindicato. Por supuesto que se han registrado arbitrariedades y errores de algunos directores también. Son pifias que han generado inconformidad, desde luego. En el caso concreto del ISIDM, la supuesta pugna es ficticia. Los trabajadores académicos y administrativos trabajan normalmente. Aquí apareció otro personaje sindical, Armando Romo, que pertenece a otra facción sindical. En el SNTE los golpes bajos están a la orden del día. Romo está interesado en desplazar del control a Néstor Estrada para ponerse en su lugar. Así “protege” el sindicato a sus maestros.
Los bandos se encuentran en pie de guerra. El sindicato tremola “la defensa” de sus agremiados agraviados, pero no se pronuncia en contra de Ayón, que fue quien generó la medida de esta nueva fórmula de nombramientos. Es evidente que el sindicato promueve esta lucha con un objetivo muy definido: tumbar a todos los directores que fueron designados “sin su participación”. Francisco Ayón está recurriendo a la estrategia de convocar a todos los directores y analizar caso por caso, para poder defender la vigencia de su iniciativa. Seguramente cederá con algunos y terminará negociando el paquete de las plazas con el sindicato para calmar los ánimos.
En el ISIDM laboran muchos académicos egresados de la UdeG. No provienen del seno normalista. El sindicato no busca tanto ahí sacar del puesto a la directora Lira, sino recuperar el control. En la última elección, muy reñida por cierto, los “sindicales” perdieron el control de la delegación. Su piedrita en el zapato es entonces la base magisterial. Como se ve, la lucha en Jalisco entre los trabajadores de la educación y sus directivos, entre los auténticos maestros y sus caciques sindicales, apenas anda dando los primeros pasos.








