Hace un año, las autoridades de la secundaria 10 mixta Fernando Hernández Alcalá fueron acusados de solapar el bullying entre el alumnado y otros ilícitos, hasta que Antonio Rivas Morales dejó la dirección. Sin embargo, quedaron otros de los inculpados, como la subdirectora Aranzazu Souza Bermejo, quien, según declaran varios profesores inconformes, sigue haciendo de las suyas en el plantel. Y, lo peor es que el nuevo director del plantel, José Luis Ramírez Contreras, casi nunca está.
En la secundaria 10 mixta Fernando Hernández Alcalá persisten las irregularidades pese a la salida del director Antonio Rivas Morales, a quien los padres de familia denunciaron hace un año por tolerar el bullying, el hostigamiento laboral y otras irregularidades.
En un escrito entregado a este semanario, un grupo de profesores aseguran que la subdirectora Aranzazu Souza Bermejo permite la venta y consumo de drogas dentro del plantel, ubicado en Isla de La Palma 2305, entre Isla Baru e Isla Madagascar, colonia Jardines de la Cruz, en Guadalajara.
Una de ellas, Sandra Margarita Tapia Guillén, de segundo “B” turno matutino y con 11 años de carrera magisterial, sostiene que Souza Bermejo, a quien este semanario señaló por el contubernio con Rivas Morales en julio de 2014 (Proceso Jalisco 505), descalifica a los profesores que denuncian la venta de estupefacientes.
El pasado 22 de abril, dice, se intoxicó con un pan que le dio uno de sus alumnos, por lo que pidió ayuda médica. Souza Bermejo no sólo se la negó, sino que incluso se burló de ella e impidió que una ambulancia de la Cruz Verde la trasladara a urgencias.
Narra la profesora Tapia Guillén: “Cuando comencé a pasar lista para iniciar la clase de matemáticas, el niño Jorge Salazar me dio una mantecada con un papelito rojo. Él siempre vende pastelillos pero yo nunca le había aceptado uno. Y aunque siempre me ofrecía uno de plátano, yo jamás aceptaba porque no me gustan. Pero ese día lo acepté porque, me dijo, era de elote y lo había llevado exclusivamente para mí.
“Traía su canasta llena. No me dejó tomarlo, él mismo me lo dio. Como siempre llevo mi café, me comí el panecillo y a los 40 minutos comencé a sentir mareos y vomité a mitad del patio. Llegué a la coordinación como pude para que llamaran una ambulancia y me quedé tirada en el piso. Un editor de libros fue quien me auxilió, porque de la dirección nunca me dieron ayuda.”
Alguien tomó mi celular y le marcó a mi mamá. Quien llegó poco después y al verme en el piso llamó a la Cruz Verde. Veinte minutos más tarde llegó un paramédico en una motocicleta y comenzó a darme los primeros auxilios. En ese momento salió de su oficina la subdirectora y comenzó a burlarse.
“A poco no conoce las mañas de su hija”, le dijo Souza a la madre de Tapia. La profesora le reclamó a la subdirectora porque, dice, nunca se ha preocupado por su salud.
En ese momento arribó la ambulancia que el paramédico había solicitado, pero la subdirectora no permitió que la atendieran, relata la profesora. Su madre decidió llevarla al hospital Ángeles del Carmen, donde la auscultó el médico internista Yohan Daniel Robles Castillo.
Según el reporte clínico que le expidió, Tapia presentaba “dolor abdominal tipo cólico severo, visión borrosa, boca seca, náuseas, debilidad muscular generalizada y cefalea intensa; todo ello derivado de la ingesta de alimento contaminado seis horas previas a su atención”.
Y concluyó: por los signos y síntomas detectados, la paciente presenta “un síndrome toxicológico de tipo anticolinérgico”.
La profesora Tapia lamenta la bajeza que cometió su alumno y advierte: “No comprendo por qué muchos niños conocen el contenido de esos panes y los consumen”; menos aún, dice, que la subdirectora sea “sumamente permisiva” en ese aspecto, pero intolerante ante las denuncias de los profesores.
Souza “nos desprecia –sostiene Tapia–. Nos trata peor que a basura, ya que ni agua para tomar nos pone. Llevamos años sufriendo de acoso laboral y ella, dentro de su cubículo, siempre está fumando; además, nunca tiene horario”.
La profesora Sandra Margarita Tapia presentó su queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) contra la subdirectora Souza Bermejo y el personal de la Cruz Verde del Sur “que resulte responsable por presunta violación al derecho a la legalidad y seguridad jurídica y negativa de atención médica”.
Su queja quedó arraigada con el número 2885/2015-II. El 22 de junio, el segundo visitador de la CEDHJ, César Alejandro Orozco Sánchez, pidió solicitar al presidente municipal de Guadalajara, Ramiro Hernández García, entregar los nombres de los funcionarios involucrados en ese caso en un término de ocho días hábiles. Los presuntos implicados deberán rendir un informe sobre su actuación.
Asimismo, el visitador pidió al director de la secundaria 10 mixta, José Luis Ramírez Contreras, que requiera a Souza Bermejo a presentar un informe en un término de 15 días naturales contados a partir de la notificación. Y le advirtió que, si la subdirectora incumple ese trámite, la comisión dará “por ciertos los hechos materia de la queja”.
Según el portal de Transparencia de la Secretaría de Educación de Jalisco, Ramírez Contreras es el director del plantel. Su sueldo mensual es de 47 mil 520 pesos, aunque los profesores inconformes aseguran que se presenta a laborar una vez a la semana y permanece sólo unos minutos.
Él, dicen, se la pasa en las instalaciones de la Sección 47 del SNTE, pues es secretario particular del líder, el maestro Miguel Rodríguez Noriega. Para sustentar sus afirmaciones exhiben recortes periodísticos en los cuales se observa a Ramírez en eventos relacionados con el sindicato.
En uno de ellos, del vienes 10, cuando hubo una protesta nacional de maestros que se oponen a la evaluación educativa, un compañero ingresó al edificio del SNTE que se ubica por la calle San Juan de Ulúa 1149, en la colonia Guadalupana.
Se dirigió a la oficina del secretario técnico de la Sección 47 del sindicato, de donde sacó una botella de vino para mostrársela a los maestros, y les dijo: “Aquí está el dinero de ustedes… ¿Para eso les pagamos? ¡No se vale!”.
Las amenazas de Ricardo
El 11 de junio pasado el profesor Lorenzo Roberto Zúñiga Dietrich presentó una denuncia ante la Fiscalía General del Estado contra Ricardo “N” por amenaza de muerte. El acusado es amigo de María de la Luz Meza Casillas –quien funge como prefecta en el plantel y labora dos turnos– y de la subdirectora Souza Bermejo, asegura el denunciante.
En su querella, Zúñiga Dietrich relata que el 13 de mayo por la tarde, cuando llegó a la secundaria 10 mixta a dar clase fue interceptado por Ricardo, quien le dijo que era la última vez que maltrataba a su familia.
Al parecer, Ricardo estaba drogado cuando lo amenazó. Las agresiones prosiguieron. El día 18 de ese mismo mes, Ricardo le gritó a Zúñiga que él y su padre eran sicarios, según expuso el profesor en su denuncia.
Tres días después, a la hora de la salida, Ricardo detuvo a la profesora María de Jesús Martínez, amiga de Zúñiga, y la amenazó con destituirla.
“El lunes antepasado Ricardo se metió a la escuela por el estacionamiento, utilizando un control remoto que pocos maestros tenemos. Nuevamente me abordó. Me tendió una mano, mientras en la otra traía un objeto que no alcancé a distinguir, e insistió en que me iba a matar. Yo estaba con el profesor Jorge Zambrano Ramírez y la maestra Martínez”, relata Zúñiga.
Según varios maestros, Ricardo –quien presuntamente es pareja sentimental de Meza Casillas– se encarga de distribuir la droga entre los estudiantes de la secundaria. Zúñiga comenta a la reportera que el mes pasado encontró a tres alumnos –una niña y dos niños– con síntomas de haber ingerido alguna droga.
Zúñiga les pidió que lo acompañaran a la dirección, donde estaba la subdirectora. Le pidió llamar a los padres de los alumnos, pero ella se negó y dijo que no estaban drogados.
Los profesores inconformes se quejan también de la falta de mantenimiento al inmueble que se encuentra lleno de grafitis. Los baños de los hombres, dicen, están sucios, una barda está a punto de caerse y los dos laboratorios están en pésimas condiciones, incluso muestran fotografías de ellos.
Piden también una auditoría ante la presunción de aviadores y se quejan porque la subdirectora exige al encargado de la cooperativa escolar, Juan Carlos Velazco, una cuota por manejar la tienda dentro del plantel.
El profesor Zambrano Ramírez pide respeto a sus derechos laborales, pues le cambiaron sus horarios de clases sin avisarle, incluso presentó una demanda ante el Tribunal de Arbitraje y Escalafón, que quedó registrada en el expediente 1328/2011-C. Hasta el cierre de edición no había obtenido respuesta.








