El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos enfrenta retos enormes desde Washington. Los republicanos podrían evitar la designación de un embajador y restringir el presupuesto para la operación de la nueva oficina en La Habana. Si hicieran esto último, podrían desatar una crisis presupuestaria rumbo a 2016 y perder muchos votos en los comicios venideros. Así, el presidente Barack Obama, los legisladores y los aspirantes presidenciales mueven sus piezas con gran cautela, sabiendo que se juegan su futuro político y la relación de su país con Latinoamérica.
WASHINGTON.- La reapertura de las embajadas de Estados Unidos y Cuba, en La Habana y Washington este 20 de julio, es un punto de partida en la nueva relación bilateral, pero no el fin de sus problemas: los expertos vaticinan que el Congreso estadunidense no levantara el embargo económico impuesto a la isla.
El control del Partido Republicano en la Cámara de Senadores y de Representantes del Congreso federal estadunidense será un obstáculo para la nueva relación bilateral que buscan los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.
William LeoGrande, experto en el vínculo Estados Unidos-Cuba y coautor del libro Back Channel to Cuba: The Hidden Negotiations Between Washington and Havana, dice en entrevista que los republicanos incluso podrían bloquear la posibilidad de que Obama envíe a un embajador a la isla.
“El presidente tiene que enviar al Senado –para que la apruebe– la nominación de su candidato a embajador en Cuba, pero por las mismas reglas de esa cámara y el control republicano creo que no será confirmado”, explica.
Así, el fin de una era de aislamiento contra Cuba por parte de Estados Unidos está lejos de hacerse realidad, puesto que el proceso legislativo para levantar el embargo económico y confirmar a un embajador está en manos de los republicanos, y ellos, a su vez, de los legisladores de origen cubano.
En el proceso de confirmación de un embajador, la postulación primero tiene que ser aprobada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que preside el republicano Robert Corker, del estado de Tennessee.
Los miembros de este comité que se oponen abiertamente al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba son Marco Rubio, republicano por Florida y aspirante a la nominación presidencial de su partido, y el demócrata por Nueva Jersey Bob Menéndez, ambos de origen cubano.
La regla establece que las nominaciones de embajadores se aprueban por mayoría simple. Esto puede lograrse pese a la oposición de Rubio y Menéndez… pero sólo en el caso de que la mayoría de los 10 republicanos y nueve demócratas que integran el Comité deje solos a sus colegas a la hora de la votación.
Si la propuesta se avala pasa a consideración del pleno del Senado, y es ahí, por regla, donde la oposición de un solo legislador puede congelar y anular la nominación. De las 100 curules del Senado, 54 están en manos de los republicanos, 44 en las de los demócratas y dos son independientes.
De acuerdo con LeoGrande, Rubio, Menéndez e incluso Ted Cruz, senador republicano por Texas y también aspirante a la nominación presidencial de su partido, pueden frenar el envío de un embajador a Cuba.
“Obama puede nombrar a un embajador de manera temporal sin la aprobación del Senado, cuando el Congreso se encuentra en receso, pero sólo es por un tiempo limitado. Por ello creo que el presidente podría dejar a Jeffrey DeLaurentis –jefe de la misión diplomática en Cuba– al frente de la embajada hasta que termine su mandato (20 de enero de 2017). Él sabe que su nominación no tiene futuro en el Senado”, asienta LeoGrande.
El levantamiento al embargo económico impuesto a Cuba el 19 de octubre de 1960 se percibe entonces como una misión casi imposible, o por lo menos sin futuro mientras los republicanos tengan el control legislativo. De los 435 legisladores que integran la Cámara de Representantes, 244 son republicanos, 188 demócratas y hay tres curules vacantes que también podrían ser republicanas.
La permanencia del embargo
El proceso en el Congreso estadunidense para acabar con el embargo es como un camino minado. Se requiere de un proyecto de ley aprobado y unificado por las dos Cámaras para que se anulen las dos leyes que lo mantienen en vigencia: la Helms Burton, promulgada en 1996 y que fortalece a una de 1960, y la de Prohibición de Viajes de Turistas a Cuba, instaurada en el año 2000 y que robustece a las legislaciones anteriores.
“Una norma en este sentido no será aprobada, no por lo menos en este Congreso dominado por los republicanos”, asegura LeoGrande, profesor de la materia de Gobierno en la prestigiosa American University.
Desde el 17 de diciembre del año pasado, cuando Obama anunció que restablecía las relaciones diplomáticas con Cuba, ha pedido en tres ocasiones al Congreso federal levantar el embargo económico al país caribeño.
“Los estadunidenses y los cubanos estamos listos para seguir adelante, y creo que es tiempo de que el Congreso haga lo mismo. Por ello hago un llamado al Congreso para que tome los pasos necesarios con el fin de levantar el embargo que prohíbe a los estadunidenses viajar y hacer negocios en Cuba”, machacó Obama el miércoles 1, cuando notificó a su país de la reapertura de la embajada en La Habana.
Desde el año pasado a la fecha, en el Congreso estadunidense se han presentado seis proyectos de ley para levantar el embargo económico a Cuba, todos en el Senado. Todos siguen congelados.
Las propuestas apenas difieren en matices. Sólo una, la elaborada por el senador republicano por Arizona, Jeff Flake, integrante del Comité de Relaciones Exteriores, plantea la anulación total del embargo.
“El embargo es la base de la política aislacionista con Cuba, no tiene efecto en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, que son prerrogativa del Poder Ejecutivo; pero sí las dificulta en términos incluso económicos”, sostiene LeoGrande.
En la Cámara de Representantes –por lo menos en la actualidad y hasta después de que pasen las elecciones generales de noviembre de 2016– no se avizora la presentación de iniciativas similares a las que existen en el Senado.
Se sabe, como apunta LeoGrande, que en el Senado por lo menos 45 de los 100 legisladores comparten la idea de Flake, pero esto no implica que el proyecto de ley tenga posibilidades en el pleno.
“El líder de la mayoría representativa, en este caso Mitch McConnell, republicano por Kentucky, es quien agenda y autoriza el proceso de votación en el Pleno; y no permitirá que llegue a esto ninguna legislación para levantar el embargo, así la apoyen 45 senadores”, subraya el analista.
El dinero
Otra amenaza a la nueva relación diplomática con Cuba es el financiamiento de las operaciones de la embajada estadunidense en La Habana.
El próximo 30 de septiembre termina el año fiscal 2015 para el gobierno estadunidense. Para mantener en funciones la embajada en Cuba, con o sin embajador formalmente aprobado, Obama requiere de fondos autorizados por el Poder Legislativo. En la Cámara de Representantes se analiza una legislación al respecto.
El representante de origen cubano por Florida, Mario Díaz Balart, preparó una serie de enmiendas para negarle el financiamiento requerido al Departamento de Estado.
LeoGrande pronostica que si Díaz Balart no logra que avance su propuesta formal, podría buscar medios alternos, como reformar el presupuesto del Pentágono.
“Esta situación provocaría un problema muy grande entre la Casa Blanca y el Congreso por el presupuesto para el año fiscal 2016. Incluso se correría el peligro de dejar sin fondos al gobierno federal y provocar su cierre, aunque sea temporal”, señala el profesor de la American University.
Ante un escenario así –y con las elecciones presidenciales tan cercanas–, los republicanos tendrían que claudicar o bien buscar otro procedimiento para cumplir con sus objetivos.
Como sea, el asunto Cuba no está en la mente de los electores estadunidenses, excepto entre los cubanos-estadunidenses. La situación económica y no la política exterior puede definir la elección presidencial en Estados Unidos.
Aunado a todo esto, Obama ya advirtió a los legisladores que se oponen a financiar la embajada en Cuba que usará su poder constitucional y vetaría cualquier proyecto de ley que buscara frenar el relanzamiento de relaciones. Esto aumenta la amenaza de un posible cierre del gobierno federal, lo que a su vez exhibiría a los republicanos ante la mayoría de electores.
Acabar con el embargo a Cuba no se avizora ni siquiera ante la remota posibilidad que tienen los demócratas de retener la Casa Blanca y recuperar la mayoría en el Senado en los comicios de noviembre de 2015. “Es casi imposible que recuperen la Cámara de Representantes en las próximas elecciones, y quién sabe si incluso lo logren en las de 2017. Tampoco se prevé que recuperen el control del Senado”, enfatiza LeoGrande.
Jeb Bush –exgobernador de Florida, aspirante a la nominación presidencial republicana y a quien según las encuestas le dan mayor posibilidad de ser contendiente de los demócratas en noviembre– ha sido ambiguo en sus declaraciones sobre las nuevas relaciones con Cuba.
“Se le preguntó sobre al asunto”, dice LeoGrande. “Sólo respondió que, si gana la Presidencia, no ha pensado en volver a romper las relaciones diplomáticas con Cuba. Sabe que no sería bueno para la política exterior estadunidense, sobre todo en términos de la relación con los países latinoamericanos”.
Actualmente, de los 15 candidatos a la candidatura presidencial republicana, sólo Cruz y Rubio han asegurado que, de ganar, romperían inmediatamente las relaciones con Cuba.








