A contrapelo del discurso oficial, el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea no ha impulsado en México sino un ínfimo crecimiento de la economía y el empleo, sostiene un informe de la consultora holandesa Ecorys, financiado por la Comisión Europea. El documento –entregado al inicio de las negociaciones para renovar el acuerdo comercial, tras 10 años de vigencia– va más allá: señala que, en la práctica, la llamada cláusula democrática del tratado “no ha sido utilizada, pese a las violaciones a los derechos humanos observadas” en este país.
BRUSELAS.- Desde hace 15 años, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUE), los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no han cesado de proclamar lo exitoso que ha resultado ese acuerdo en la creación de fuentes de trabajo, oportunidades de negocios y en el desarrollo general del país.
Apenas el pasado 11 de mayo, el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, y Cecilia Malmstrom, comisionada europea de Comercio, afirmaron en esta ciudad que gracias a ese tratado se habían “multiplicado” el comercio y las inversiones, y se habían generado empleo y crecimiento económico tanto en México como en la UE.
Lo dijeron en la presentación de un estudio del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) que evaluó los resultados del TLCUE y concluyó que ese acuerdo “ha tenido muy importantes efectos positivos en el comercio bilateral” y “ha sido muy positivo en términos de inversiones”.
Posteriormente, el 12 de junio, en ocasión de la cumbre mexicana con la UE (también en la capital belga), Peña Nieto resaltó otra vez la importancia económica del TLCUE e hizo hincapié en el hecho de que la Unión Europea es el segundo inversionista más grande de México (“con una inversión acumulada de más de 151 mil millones de dólares”) y su tercer socio comercial (“con un intercambio bilateral de 64 mil millones de dólares”).
“Es de esta dimensión, es de este tamaño, la relación que tenemos la UE y México”, alardeó el presidente.
Sin embargo, un extenso reporte de la consultoría holandesa Ecorys, financiado por la propia Comisión Europea, aporta en algunos aspectos una visión distinta.
El documento –que Proceso pudo consultar– asevera que la entrada en vigor del tratado elevó el salario real de los trabajadores mexicanos entre 0.24 y 0.45%, y 0.02% el de los europeos. Y en el caso del producto interno bruto, el diagnóstico indica que México salió ganando un aumento de 0.34% y la UE, uno de 0.01%.
Los menos favorecidos del TLCUE fueron los trabajadores menos capacitados, precisa Ecorys, y abunda que “los cambios sobre la pobreza y desigualdad” que se pueden atribuir al tratado “son muy pequeños”.
El convenio, que atrajo la instalación de miles de empresas europeas con altos estándares de responsabilidad social en sus países de origen, tampoco fomentó mejoras en los derechos laborales de los mexicanos (pues el acuerdo no contiene cláusulas a ese respecto, se explica) y aquellas fueron “limitadas” en relación con las condiciones de trabajo de las mujeres, sostiene Ecorys.
Respecto al fortalecimiento de los derechos humanos, el reporte expone que no se observaron “grandes efectos” del TLCUE en la materia.
Explica que una “característica innovadora” en su tiempo fue la determinación de conducir una relación comercial (la de México y la UE) basada en el respeto de la democracia y los derechos humanos. Y para tal propósito se incluyó una cláusula que prevé la suspensión de las relaciones comerciales en el caso de violaciones de los derechos humanos, lo cual, recuerda el reporte, “marcó el inicio de un mayor enfoque” de ese tema en los TLC.
Sin embargo, hace constar el reporte, “en la práctica esta cláusula no ha sido utilizada a pesar de las violaciones a los derechos humanos observadas”.
Dinámicas globales
El documento, de 218 páginas y cuyo título es Reporte técnico interino. Evaluación ex post de la implementación del TLCUE-México, fue solicitado a Ecorys por la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea. Forma parte de los materiales oficiales a disposición de los negociadores europeos en el proceso de modernización del TLC con México, cuya fase previa a las negociaciones está en curso.
La firma, con sede en Róterdam, deberá entregar un reporte final el próximo noviembre.
En esta evaluación interina (que entregó el pasado 11 de mayo), Ecorys afirma que el comercio bilateral de bienes entre la UE y México se expandió más del doble desde que entró en vigor el TLCUE; pero aclara que, en el caso de las exportaciones, sólo siguieron las tendencias globales de ambos socios.
Lo mismo ocurre en cuanto al comercio de servicios y los flujos de inversión: los cambios “están alineados” al desarrollo de sus dinámicas de globalización comercial y no se originan por la simple implementación del TLC bilateral.
Los flujos comerciales aumentaron, aunque, matiza otra vez el reporte, éstos equivalen a un “pequeño” crecimiento respecto a la participación de las exportaciones totales de cada uno: la participación mexicana en las exportaciones europeas creció 1.1% (de 3.8% en 1999 a 4.9% en 2013), mientras que a la inversa esa cifra apenas alcanzó 0.2% (de 0.5 a 0.7% en el mismo periodo).
El reporte confirma una tendencia observada desde hace años y que ha sido criticada por organizaciones no gubernamentales: el comercio bilateral “está concentrado en un número limitado de sectores”, sobre todo en las exportaciones mexicanas a la UE.
En 1994 sólo dos sectores químicos (el de químicos orgánicos y el de combustibles minerales, aceites, ceras y carbón sub-bituminoso) y tres industriales (maquinaria eléctrica y sus partes, equipo de telecomunicaciones, grabadoras de sonido y de televisión; vehículos; y reactores nucleares, calentadores, aplicaciones mecánicas y de maquinaria y computadoras) acaparaban 70% de esas exportaciones; en 2013, esos mismos sectores representaron 73%.
Negociaciones
A principios de 2013 la UE y México decidieron comenzar un proceso de renegociación (“modernización” o “actualización”) del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (Acuerdo Global) en su totalidad, y no usar las cláusulas de revisión sectorial (en agricultura, servicios e inversiones) del mismo.
En octubre de ese año comenzaron las “reuniones exploratorias” y en junio pasado se anunció que ambos socios habían terminado el llamado Estudio de Visión Conjunta, en el cual definieron el potencial mutuo de iniciar una renegociación.
Con ese documento, Malmstrom se comprometió a solicitar en los próximos meses a los 28 gobiernos de la UE su autorización para sentarse a la mesa a renegociar el acuerdo con el gobierno de Peña Nieto. Hasta el momento, las autoridades mexicanas y europeas han manejado con hermetismo el contenido de sus negociaciones informales y se han limitado a dar información poco precisa.
No obstante, en diversos documentos europeos se insiste en la protección de sus inversiones.
El mencionado reporte de la consultoría Ecorys advierte que el actual capítulo de inversiones del TLCUE promete proteger a los inversionistas europeos, pero no contiene ninguna provisión para cumplir ese compromiso, salvo para los servicios financieros.
En cambio, apunta Ecorys, el capítulo 11 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) contiene “fuertes cláusulas de protección de inversiones”: asegura los flujos de inversión directa y también al capital accionario y los valores, así como a la deuda financiera y la propiedad inmobiliaria, además de que el “tratamiento nacional” incluye el establecimiento, adquisición, expansión, gestión, conducción, operación y venta de todo tipo de inversiones en todas las actividades económicas.
Más todavía, las reglas del TLCAN excluyen la nacionalización o la expropiación directa o indirecta y autorizan a los inversionistas privados (y no sólo a gobiernos) el acceso al mecanismo de disputas.
En otro documento, el que acompaña a la Consulta pública sobre el futuro de las relaciones comerciales y económicas UE-México (abierta el pasado 30 de junio y que terminará el 31 de agosto), se hace notar que actualmente hay 16 acuerdos bilaterales de inversión entre igual número de Estados miembros de la UE y México, lo cual hay que modificar.
El documento refiere que estos acuerdos de protección jurídica “difieren en su nivel de ambición y crean inconsistencias potenciales en el tratamiento de los inversores de la UE en el país”.
Pese a lo anterior, el mercado mexicano es tan apetitoso, que el estudio del BBVA recomienda a los europeos hacer inversiones en los sectores energético y de telecomunicaciones de México, que tras su apertura al capital privado experimentarán, según su diagnóstico, “un crecimiento potencial a mediano plazo”.
Para animar a los inversionistas en otros sectores de la economía nacional, el banco español advierte que los costos laborales en México son 20% más bajos que los de China, lo que lo vuelve más “competitivo”; más, remarca BBVA, si se considera que la población mexicana en edad de trabajar está en aumento y el peso se ha devaluado 90% desde que entró en vigor el TLCUE, hace 15 años, mientras el yuan se ha apreciado 24% en el mismo periodo.
El costo del trabajo en México es de 6.8 dólares por hora en el sector manufacturero, por lo que el país “está bien posicionado” respecto a otras naciones, presume el banco español en su estudio. En Brasil ese monto es de 10.7 dólares; en España, de 28.1; en Estados Unidos de 36.3; en Canadá, de 36.9, y en Alemania, de 49 dólares.








