La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, hizo de todo para aprovecharse del triunfo de la Selección chilena de futbol en la pasada Copa América. Se dejó ver en todos los partidos, lloró en la victoria, se convirtió en visitante frecuente de los vestidores, llevó a los futbolistas al Palacio de la Moneda y movilizó a los medios afines para que la mostraran como la aficionada número uno. Buscaba mejorar su imagen pública, que en cinco años cayó de 84% a 27% de aprobación. Pero hasta ahora no lo ha logrado. Al contrario, consiguió que las manifestaciones estudiantiles tuvieran resonancia internacional, igual que los casos de corrupción que marcan a su gobierno.
VALPARAÍSO, CHILE.- El esfuerzo desplegado por la presidenta Michelle Bachelet para que la participación de la Selección chilena en la Copa América se convirtiera en una gran fiesta que le permitiera aumentar su aprobación se mostró inútil.
Fue a todos los partidos; visitó y se fotografió en el vestidor con jugadores sudorosos y triunfantes; se puso la camiseta de “la Roja” –como se denomina popularmente a la Selección– y quiso ser reconocida como la hincha número uno.
Luego de que Chile se coronara –el 4 de julio frente a Argentina– organizó una visita inmediata de los jugadores al Palacio de La Moneda, sede de gobierno. Así, los futbolistas tuvieron que acudir apenas terminado el partido, sin bañarse y en algunos casos con tacos y shorts, como Gary Medel, Eduardo Vargas y Jorge Mago Valdivia.
En su ansiedad por empaparse de la gloria del triunfo, se alejó de la tradición que determina que las visitas al palacio de gobierno (el máximo símbolo de la República) por parte de deportistas triunfadores en torneos internacionales deben ajustarse al protocolo y la elegancia que impone el dieciochesco edificio diseñado por Joaquín Toesca.
Números rojos
La vinculación de Bachelet con “la Roja” no se ha traducido hasta ahora en mejoras en su índice de aprobación. Según un estudio demoscópico de la consultora GFK Adimark, dado a conocer el lunes 6 y que refleja la realidad de junio, Bachelet es aprobada por 27% de los chilenos. Esto es, dos puntos menos que en mayo –la tasa de respaldo más baja de sus dos gobiernos. Estas cifras contrastan con 84% de respaldo y 11% de rechazo con que terminó su primer mandato, en marzo de 2010.
La encuesta semanal de la consultora Cadem, difundida también el lunes 6, aseguró que la popularidad de Bachelet descendió de 28% a 23% en la semana previa a la final de la Copa América.
Sin embargo, este estudio y el de Adimark no consideraron el posible efecto positivo que podría tener para Bachelet su protagonismo en el triunfo de Chile en esta Copa América, el primero de su historia, que fue celebrado hasta en el más recóndito lugar de Chile.
Una de las áreas peor evaluadas en el mes que se jugó la Copa América –que copó la agenda informativa de los noticiarios– fue la educación. Sólo 18% respaldó al Ejecutivo en este tema. Cabe considerar que los profesores iniciaron el 1 de junio una huelga contra el proyecto de “Carrera Docente”, paro que aún se prolonga y tiene detenida las clases en más de 2 mil escuelas primarias y secundarias del país.
La mayoría de las universidades estatales y no pocas privadas se encuentran paralizadas, tomadas o movilizadas por estudiantes, y, pese a la poca cobertura que sus demandas encuentran en los medios, los inconformes siguen moviendo a cientos de miles. Reclaman el cumplimiento de la principal promesa que llevó por segunda vez a Bachelet a La Moneda: entregar “educación pública, gratuita y de calidad”, la que aún no se convierte ni en proyecto de ley.
Además de estos problemas, GFK Adimark asoció las malas cifras a los frecuentes episodios críticos de mala calidad de aire, que este invierno austral han afectado a decenas de ciudades, particularmente a Santiago. Otros problemas son el paro de choferes del Transantiago, que dificultó el ya complicado sistema de transporte urbano de la capital; y el fallido nombramiento del ministro secretario general de Gobierno, Jorge Insunza.
Él debió renunciar el 7 de junio (sólo 27 días después de ser nombrado) por su vinculación con el “caso Soquimich”, un asunto de sobornos y tráfico de influencia que implica a esta empresa minera y que sacude a la política chilena. Bachelet demoró tres semanas en designar a su reemplazo: el entonces ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, el más impopular del gabinete, con sólo 26% de aprobación.
La demora en el nombramiento motivó ácidas críticas desde la oposición de derecha y numerosos comentarios que sugerían que nadie de peso político, que reuniera las condiciones de transparencia que la actualidad impone, quería asumir dicha responsabilidad.
Harta de todo esto, la presidenta respondió –el 18 de junio– a un periodista que la consultó en La Moneda sobre esta materia: “El Ministerio de la Presidencia no está acéfalo. (…) Si nombro rápido hablan de improvisación, si me demoro dicen que me demoro. Saben qué más: terminemos con la lesera (la tontera)”.
Interpretaciones
Bachelet recibió a los jugadores en el salón Montt Varas de La Moneda. Allí, en medio de risas, cantos y bailes, éstos le pidieron que decretara el lunes 6 feriado nacional para facilitar las celebraciones. Bachelet respondió que eso era difícil de hacer porque requería de una ley.
De repente, los futbolistas comenzaron a cantar: “¡Somos campeones, somos campeones!”, y el arquero y capitán de “la Roja”, Claudio Bravo, cerró el círculo al abrazar a otros jugadores, dándole la espalda a la mandataria.
Esta escena fue cortada inmediatamente por el director de Canal 13 –del grupo Luksic– dando tiempo a que Bachelet peleara un espacio y pudiera aparecer nuevamente al frente, en una escena que medio Chile pudo ver.
Los jugadores se asomaron a los balcones de La Moneda que daban a la Plaza de la Constitución, pero, curiosamente, Bachelet no se sumó a esta escena que, en términos de imagen pública, fue potente.
Luego los futbolistas, Bachelet y el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, Sergio Jadue –que está siendo investigado por el FBI por su probable participación en el caso de corrupción que sacude a la FIFA–, salieron al Patio de los Cañones, donde se sacaron una foto oficial, para la cual se sentaron en los peldaños de la tarima, casi a ras de suelo.
Al constatar que no existía mayor programación, Alexis Sánchez, delantero del Arsenal inglés, llenó el vacío al tomar la copa y salir corriendo con ella fuera de La Moneda. Todos le siguieron y allí celebraron con los presentes en la Plaza de la Constitución. Tras unos minutos de “selfies”, bailes y cantos, el equipo partió al complejo deportivo Juan Pinto Durán.
Fue notable que esta celebración –abiertamente promovida por los canales de televisión– reunió sólo a unas 2 mil personas. A 10 cuadras de ahí había otra concentración muchísimo mayor. En la plaza Italia decenas de miles estaban reunidos, y sobre la multitud ondeaba una bandera gigante de Chile que tenía inscrita las frases: “Otra Democracia” y “Educación pública y de calidad”.
Durante la Copa América, Bachelet hizo todo tipo de esfuerzos por no ser abucheada. Al Estadio Nacional, donde Chile jugó los seis partidos de este torneo, ingresó a la Tribuna Presidencial justo cuando los equipos entraban a la cancha.
Resultó llamativo que en el partido inicial (11 de junio), cuando Chile enfrentó a Ecuador, la ceremonia de inauguración no consideró la participación de Bachelet ni de ningún directivo de la Conmebol, cuyas cuentas están congeladas como consecuencia de la investigación del “caso FIFA”.
En entrevista, el periodista experto en campañas políticas Patricio Mery, sostuvo que la presidenta “jugó a ser la hincha número uno de la Selección chilena, con el fin de recuperar sus perdidos atributos blandos de cercanía, credibilidad, confianza y liderazgo”. Estima que el libreto utilizado no es tan descabellado: “con 27% (de aprobación), algo hay que hacer”.
Mery, quien fue encargado comunicacional de los candidatos presidenciales outsiders Marco Enríquez Ominami –que en 2009 sorprendió al obtener 20% de la votación– y Franco Parisi –en 2013 alcanzó nueve puntos– afirma que Bachelet intentó “blindarse con los jugadores de la Selección chilena que poseen altos atributos comunicacionales y de favorabilidad pública”.
Sin embargo, asienta que su plan no resultó por el daño estructural y de credibilidad originado por el “caso Caval”. Este escándalo se originó el 5 de febrero pasado, cuando el semanario Qué Pasa publicó el reportaje “Un negocio Caval”. En éste informaba que el 16 de diciembre de 2013, un día después de la elección presidencial que llevó a Bachelet a la Presidencia, el Banco de Chile –propiedad de Andrónico Luksic– aprobó un crédito de 13 millones de dólares a Caval Ltda., sociedad de la que son dueños el hijo mayor de Bachelet, Sebastián Dávalos Bachelet, y su esposa, Natalia Compagnon.
El dinero fue usado en una operación de compraventa de un terreno en la comuna de Machalí (región de O’Higgins) transacción en la que se usó información privilegiada y tráfico de influencias, como ha evidenciado el proceso judicial que juzga la materia.
Bachelet reaccionó tardía y dubitativamente. El 23 de febrero, de vuelta de sus vacaciones, dijo una frase que se tornaría inolvidable: “Me enteré por la prensa”. Esto no fue creído por la gran mayoría de los chilenos, según coincidieron las encuestadoras.
Patricio Mery –que actualmente asesora al vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas– asevera que “la presidenta era un acorazado que se rompió” con el mal manejo de dicha crisis. “No se va a recuperar ni con la Copa América ni con ningún golpe de efecto, porque el problema que tiene el país no es comunicacional sino político”.
El sociólogo y académico de la Universidad Central, Gabriel Rodríguez, sostiene que “la implicación de la figura presidencial en la Copa América fue alta, eventualmente respondiendo a la idea que esa implicación ante un objeto transversal y masivamente asumido por la ciudadanía como propio, se traduciría en mayores niveles de aceptación tanto a la figura presidencial como a la marcha del gobierno”.
Rodríguez, especializado en sociología del deporte, entre otras materias, considera que es muy probable “que la expectativa de incremento en la valoración ciudadana no se cumpla, en tanto prime en la opinión pública una lectura que perciba un uso meramente instrumental de esta implicación”.
Rodríguez piensa que Bachelet y su gobierno alcanzarán un incremento sustantivo en su respaldo “sólo cuando se despeje la opacidad generada por los casos de corrupción que develan la imbricada relación de la clase política con el poder empresarial” y “se precisen y cumplan las aún ambiguas reformas estructurales comprometidas”.
El gobierno negó que la presidenta haya pretendido aprovecharse de la Selección en beneficio propio. Así lo hizo ver el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, quien en conversación con la prensa señaló el lunes 6 que “el gobierno no hace aprovechamiento de las actividades deportivas”.
Como fuere, Bachelet no fue la única en “aprovechar la visibilidad que otorgaba este torneo para instalar mensajes o ideas. En otro sentido, el jugador chileno –de origen haitiano-mapuche– Jean Beausejour también lo hizo. Apenas terminado el partido con Argentina declaró a radio ADN que dedicaba el triunfo “a la gente que sufrió y fue torturada” en el Estadio Nacional tras el golpe militar de 1973.








