El Archivo General como Centro Cultural, para largo

Uno de los dos edificios anexos al Palacio de Lecumberri, hoy Archivo General de la Nación, está sin concluir y debió haberse inaugurado desde hace tres años, informa Juan Pablo Ortiz, el arquitecto colombiano al que se le asignó el proyecto. Además, con el recorte económico que acaba de sufrir, la intervención al Palacio que le dará el carácter del Centro Cultural está en el limbo, como también lo expone su colega Julio Amezcua, cuyo despacho, ganador de la licitación, no ha sido contactado por las autoridades.

Un recorte del 40% en el presupuesto del proyecto para dos anexos del Archivo General de la Nación (AGN), uno de ellos el de Documentación, quedará inconcluso hasta nuevo aviso, e indefinida la intervención al Palacio de Lecumberri como Centro Cultural.

Ello imposibilita que el conjunto pueda estar listo para las celebraciones del centenario de la Constitución Política de México, como se había anunciado.

Y es que la transformación del AGN (ubicado en Eduardo Molina 113, Col. Penitenciaría Ampliación, delegación Venustiano Carranza) se puede definir en dos procesos: el iniciado en 2009 con la construcción del inmueble del Laboratorio que servirá para tratamiento y digitalización de documentos, ya culminado, y el de Depósitos Documentales que albergará el archivo que actualmente se sitúa en las siete crujías de Lecumberri.

En dicho archivo se alojan desde planos arquitectónicos, cartografías del siglo XVI al XX, libros de valor histórico, documentos oficiales, periódicos y revistas del siglo XVII al XX… unos 375 millones de hojas, así como material gráfico, de audio, video y rollo de microfilmes.

A principios de mes el AGN publicó en el Diario Oficial de la Federación cuatro lineamientos que se pueden ver en su página web (www.agn.gob.mx): el uso de sistemas automatizados en gestión y control de documentos, de organización y funcionamiento, de concentración, y conservación de archivos.

Una vez que el inmueble central quede desocupado, el despacho mexicano AT 103 de Julio Amezcua y Francisco Pardo, ganador del concurso Ideas para el Desarrollo Arquitectónico Conceptual del AGN convocado en 2010 –cuyo jurado estuvo integrado por los especialistas Francisco Covarrubias Gaitán, Bernardo Gómez Pimienta, Felipe Leal, Luis Ortiz, Enrique Santoyo y Ramón Vargas Salguero–, intervendrá el edificio principal, crujías y jardines para darle el sentido cultural.

Su labor de AT 103 consistirá en hacer del inmueble un espacio extrovertido con un museo de sitio, biblioteca, de exposiciones temporales, así como un área administrativa, y otra para consultas, así como para disfrute de sus jardines.

Por lo cual Amezcua explicó a Proceso que pese a haber solicitado en varias ocasiones ser recibido por María de las Mercedes de Vega, directora del AGN desde 2013, no ha tenido respuesta. Incluso, dijo, si se iniciaran trabajos mañana mismo la intervención arquitectónica no podría concluir su parte en 2017, fecha que ella anunció a la prensa en marzo.

Este semanario la buscó desde finales de febrero en relación al proceso de intervención en Lecumberri; en mayo se insistió, pero fue postergada en su oficina debido a la “veda electoral”.

Tecnología de punta

Vía telefónica desde Bogotá, Colombia, el arquitecto Juan Pablo Ortiz, del despacho del mismo nombre, y creador del Archivo General de Bogotá y del de la petrolera colombiana Ecopetrol, comenta a Proceso acerca de la situación actual de la construcción de los dos edificios anexos.

Egresado de la Universidad de los Andes de la capital de ese país, Ortiz ha desarrollado proyectos arquitectónicos de programas complejos tanto ahí como en Estados Unidos y México, y comentó que para el del AGN fue el gobierno mexicano quien lo contactó luego de realizar tres visitas al Archivo colombiano.

“Después del proyecto ejecutivo que desarrollamos en 2010 ahora ya está terminado el edificio de Laboratorios, y el de Depósitos está parado por el momento, ya deberíamos haberlo terminado pero nos quitaron dinero este año, algo así como el cuarenta por ciento de los recursos.

“En este momento está prácticamente parado, pero teniendo recursos creo que podríamos terminar el año entrante o principios de 2017. Lo más complejo de ese edificio es la estructura, y con lo que quedó de presupuesto no sé si alcancemos a terminarla, de ahí seguirían los acabados, que no son complejos, aunque los equipos sí son más especializados.”

El anexo de Documentación tiene unos 20 mil metros cuadrados (152 kilómetros lineales), mientras que el de Laboratorios mide alrededor de 6 mil metros cuadrados, con un exterior de “precolados” de concreto que deja entrar la luz y al mismo tiempo sirve de vista pues genera un juego óptico.

–¿Cuál será la novedad de estos nuevos complejos respecto al archivo de Colombia?

–Que estos edificios tendrán tecnología mucho más contemporánea, de manejo de nivel de temperatura y control de humedad, un equipo más moderno, diseñado rigurosamente para el ahorro energético y aun así capaz de producir energía. Por ejemplo, la cubierta de unos cuatro mil metros cuadrados es solar y además va a producir energía, y a su vez inyectar energía a la red de México. Es un edificio diseñado con todos los protocolos de seguridad para mantener los documentos del Archivo General de una manera adecuada.

El arquitecto expuso que fue en marzo pasado cuando vino por última ocasión a nuestro país, donde además de ver los trabajos se presentó como panelista en Mextropolis 2015, un festival que reúne a los mejores arquitectos, urbanistas, diseñadores, historiadores y sociólogos nacionales e internacionales, para dialogar e impulsar la revalorización urbana y la difusión del patrimonio artístico de la ciudad. Ahí, Ortiz explicó detalles del proyecto del Archivo mexicano, mismo que puede consultarse en Youtube al cruzar su nombre y el del festival en la página de Arquine Digital.

–¿Qué tomó en cuenta para que estos edificios tuvieran una armonía con el edificio principal de Lecumberri?

–Hicimos una investigación previa de planos antiguos del edificio, y tratamos de apegarnos al plan maestro de antes de 1900, lo que nos permitió crear una armonía con la geometría básica de ese plan. Tratamos de tener cuidado con las alturas, y tomar la del panóptico como referencia para no rebasar el edificio de Lecumberri.

“También al destruir el edificio de Renapo (Registro Nacional de Población) para construir los anexos en parte de ese espacio, tratamos de generar un nuevo frente hacia el costado norte y Tepito y, lo más importante, reconstruir la fachada hacia la avenida Eduardo Molina, darle una continuidad a todo el frente como espacio público. Esa fue la operación urbana más importante que nosotros hicimos, sabemos hacer edificios pero lo que más nos importaba era aportar espacio a la ciudad.”

Ortiz explicó que al hacer esos movimientos se abrieron dos nuevos frentes: sobre Eje 1 Norte, y sobre Eduardo Molina, mismos que fueron aprovechados, pues poco después se incorporó la Línea del Metrobús que utilizó esa esquina (como estación Metrobús Archivo General), generando una nueva dinámica urbana.

–¿Cuál es la principal diferencia que tendrán estos edificios con toda la parte cultural del Archivo?

–La diferencia es que estos edificios son de acceso restringido, el de Depósito se puede decir que es privado y de alta seguridad y no entrarán más de seis personas, según entiendo, y en el de laboratoristas habrá un número más variado de personal para que trabajen en el mantenimiento.

–¿Le ha reflejado algún reto?

–De principio a fin siempre es un reto, pero tengo el privilegio de hacer un proyecto tan importante como es este fuera de mi país para el Archivo más importante de América Latina. Nuestra especialidad siempre ha sido trabajar en edificios públicos, así que entendemos la manera en que debemos actuar cuando ocupamos recursos públicos de los mexicanos, sabemos el compromiso.

–Después de terminar los edificios, ¿qué va a pasar con los documentos?

–La idea es que al terminar estos edificios pasen toda la documentación y lo demás quede liberado para que se siga con la parte cultural, pero es un proceso largo, porque pasar los documentos no sólo es tomarlos y pasarlos, muchos de ellos requieren de un proceso especial en los laboratorios de restauración y algunos procesos físico-químicos para bajar la cantidad de hongos que puedan tener, están en un estado lamentable.

“Me contrataron en parte porque necesitaban una solución rápida, requerían de un arquitecto que conociera del tema y que pudiera hacer un proyecto, y debimos haber terminado este edificio yo creo que hace tres años, arrancamos en 2010. Y unos dos años de obra. Sí, ya deberíamos tener este edificio inaugurado. Estamos a la espera de recursos, creo todo está dado para que México tenga un Archivo Nacional como se merece.”

Intervención cultural

A decir de Julio Amezcua, su trabajo para intervenir el espacio del AGN y darle el carácter de Centro Cultural no sólo no tiene fecha de inicio, si fuera a iniciar mañana no terminarían en 2017 para el centenario de nuestra actual Constitución Política, “son muchos metros cuadrados, sería imposible”.

Según dijo:

“Lo que avanzamos lo hicimos a título personal, pero llegó un momento donde tuvimos que frenar porque no había recursos, involucra demasiadas especialidades para poder llevarlo a cabo.”

–¿En qué momento iniciará el proyecto?

–Esa pregunta se la tendrían que hacer a la directora. A pesar de que la hemos buscado, no hemos tenido contacto alguno con ella desde que entró –en agosto de 2013–, no hemos tenido ninguna respuesta. A lo mejor acaban el edificio de Documentación, pero incluso con eso sería imposible terminar en un par de años, acorde a nuestro proyecto. Son demasiados metros cuadrados, no hay manera, debimos haber empezado a trabajar desde 2010.

“Algo que no ha entendido este gobierno, ni ningún otro, es que el AGN es tan valioso como el Museo Nacional de Antropología, la diferencia es que uno tiene piedras y el otro papeles, pero papeles con toda la historia de nuestro país. Todo ese dinero que se gastaron en la Estela de luz –1,300 millones de pesos–, pudieron haberse ocupado para el Archivo, el festejo del Bicentenario hubiera sido digno si se hubiera usado para el AGN.”

Amezcua abundó en la idea del Centro Cultural, mismo que se rige por tres estrategias: conectar, consolidar y activar. En ello se basó el análisis sobre los cambios históricos de la edificación. Y abundó:

“Cada una de esas estrategias tiene una acción específica tanto a nivel urbano como local. Conectar: Lecumberri, en su carácter de prisión, fue un espacio aislado, introvertido, tiene un asentamiento natural de dos metros en los últimos dos años, lo cual permite tener dos niveles muy claros, uno que conecta jardines y parque, y otro que le llamamos ‘nivel ciudad’, en donde se pueden controlar los accesos.

“La segunda estrategia es consolidar, pues ha tenido modificaciones arquitectónicas a lo largo del tiempo, y para nosotros lo importante era no falsear y agregar cosas que no fueran útiles, por ejemplo el domo que se hizo en la década de los ochentas –cuando se convirtió en Archivo– techó este espacio central. Hoy en día está arañando las crujías porque tiene distintos sistemas estructurales, la techumbre está sobre el pilote y el resto del edifico son zapatas corridas, lo que genera movimientos desiguales. Así que es importante retirar esa cubierta para tener un vestíbulo mucho más generoso.

“Y activar, reorganizando el conjunto de edificios desde adentro para ofrecer un espacio público digno.”

–El coordinador de proyectos del AGN, Jesús Velázquez, comentó que aunque no han entrado a trabajar aún, el proyecto sufriría cambios, como el hecho de conservar el domo en lugar de quitarlo.

–No lo sé porque ni siquiera me he sentado a hablar con ellos, la realidad de las cosas es que se deberían respetar los lineamientos y decisiones que tomó el jurado del concurso, especialistas que decidieron que entre doce proyectos lo que planteamos en el nuestro era la mejor solución. Entiendo que todos los proyectos desde su conceptualización hasta su conclusión tienen cambios, pero creo que lo importante es que siempre sean en favor de la estructura.

–Dado que todo ese espacio del AGN ya está construido, ¿cómo intervenirlo sin quitarle su valor?

–Tiene tantas cosas valiosas arquitectónicas que lo único que hicimos fue entenderlo estructuralmente y crear un dispositivo para que te puedas   mover dentro de, en este caso un vestíbulo que te va dirigiendo a distintos espacios en lugar de pretender que todo parezca del siglo XVIII. La idea es  darle una lectura clara al edificio desde su origen al día de hoy, tratamos de ser muy sutiles, poco llamativos y respetuosos de su valor. Gran parte de su superficie es un parque, y en esa zona de la ciudad no hay uno solo, ese es el chiste de la propuesta de hacer espacios públicos.

–¿Cuánto tiempo creen que necesiten para la intervención?

–Una cosa es la proyección, y en paralelo ciertas adecuaciones… Incluso si comenzáramos mañana sería imposible darte una fecha.

El Palacio de Lecumberri se inauguró en 1900, y durante 75 años funcionó como Penitenciaría del Distrito Federal. Se le llegó a llamar la Universidad Negra. Ahí llegaron presos políticos e intelectuales de la talla de David Alfaro Siqueiros, José Revueltas y Heberto Castillo, hasta que en mayo de 1977, por decreto presidencial, se convirtió en Archivo General de la Nación.