Las declaraciones profundamente racistas de Donald Trump, aspirante a la candidatura presidencial de Estados Unidos por el Partido Republicano, han hecho que muchos socios comerciales del magnate se alejen de él, lo cual se traduce en pérdidas económicas valuadas en millones de dólares. Pero, por otro lado, sus dislates antimexicanos son compartidos por los sectores más conservadores de su país. Con todo, sus posibilidades de ser abanderado republicano son muy remotas.
WASHINGTON.- A Donald J. Trump, uno de los 14 candidatos a la nominación presidencial por el Partido Republicano, sus comentarios racistas contra los mexicanos le están costando unas cuantas decenas de millones de dólares, pero podrían generarle más popularidad y apoyo electoral entre lo más conservador de la sociedad de Estados Unidos.
El pasado 16 de junio Trump –multimillonario y uno de los magnates más reconocidos en el área de los bienes raíces y la construcción– se declaró aspirante presidencial y en su discurso proselitista atacó a los mexicanos.
“Cuando México envía a su gente no está enviando a lo mejor, están enviando a personas que tienen muchos problemas y traen con ellos esos problemas. Están trayendo drogas, crimen; son violadores y algunos, asumo, son gente buena”, dijo Trump al oficializar su aspiración a reemplazar en la Casa Blanca al presidente Barack Obama.
El tono racista y denigrante que utilizó Trump al hablar de los mexicanos enfureció de inmediato a la comunidad latina en Estados Unidos, en México al gobierno y a un sector de la sociedad que le dio importancia.
Trump es un empresario estrambótico y provocador, acostumbrado a llamar la atención de los medios ya sea con palabras peyorativas o por las esculturales mujeres por quienes se hace acompañar, pese a que está casado y que su esposa es también una beldad y personalidad de la farándula en su país.
Las redes sociales fueron los primeros foros donde la gente ofendida por las declaraciones tronó contra el republicano, quien en términos generales fue etiquetado de racista e hipócrita.
Contra la lógica que vaticina el fracaso y el fin de la carrera para cualquier político que en Estados Unidos se exprese contra una minoría étnica, a Trump pareció favorecerle lo que dijo.
Dos días después de anunciar sus aspiraciones presidenciales, una encuesta de la cadena de televisión CNN lo colocó en primer lugar de las preferencias de los votantes republicanos en Nueva Hampshire, sobre los 12 candidatos de su partido que había en ese momento, incluyendo al exgobernador de Florida, Jeb Bush, favorito para ganar la nominación.
Perseguido por las cámaras de televisión y los reporteros políticos y de la farándula, Trump se ufanaba de “compartir la visión que tienen los republicanos” respecto al tema migratorio.
Entre la sociedad estadunidense más conservadora y en la plataforma política del Partido Republicano, es una especie de mantra la oposición a una reforma integral que ofrece la regularización migratoria y laboral de unos 10 o 12 millones de inmigrantes indocumentados, unos nueve millones de mexicanos entre ellos.
Negarse a reformar la leyes de inmigración en los poco más de seis años que lleva la presidencia del demócrata Obama, al Partido Republicano le resultó un éxito político. Logró en el Congreso federal echar abajo dos intentos de reforma migratoria y además esa posición también lo ayudó a consolidar su control de representación dos veces consecutivas en la Cámara de Representantes y a recuperar el que tenían los demócratas en el Senado.
Y todo esto gracias al apoyo de los electores más conservadores del sur del país, que comulgan con ideas como las de Trump en materia migratoria.
Consciente de eso y posiblemente también de que no ganará la nominación presidencial, en su discurso Trump agregó que de convertirse en presidente, construiría en la frontera con México una barda impenetrable para contener el flujo de la inmigración indocumentada y además obligaría al gobierno mexicano a cubrir los gastos de esa monumental obra.
Más allá de las denuncias en las redes sociales y de los llamados a condenar lo dicho por Trump, por parte de algunos líderes de la comunidad hispana en Estados Unidos –como el conductor del principal noticiario de la cadena de televisión estadunidense en español Univision, Jorge Ramos, quien lo hizo en Twitter– al magnate y político le fue bien, electoralmente, en su primera semana como precandidato.
El 22 de junio otra encuesta –ahora de la cadena ABC– lo ubicó en el segundo lugar de preferencia de los electores a escala nacional: Bush tenía 15% de respaldo de los votantes republicanos y Trump, 12%.
Socios enojados
El 24 de junio la suerte económica de Trump comenzó a cambiar y a derrumbarse. Ese día, en un comunicado de prensa Univision anunció que no transmitiría el concurso Miss Universo, el domingo 12, cuya producción, organización y derechos pertenecen al magnate republicano.
“La división de entretenimiento de Univision anunció que la empresa está poniendo fin a su relación comercial con la organización Miss Universo, que pertenece en parte a Donald J. Trump, como consecuencia de sus comentarios ofensivos sobre los migrantes mexicanos”, informó en el comunicado la principal cadena de televisión en español en Estados Unidos.
Molesto, el mismo día Trump, quien hacía proselitismo en Chicago, acusó a la cadena de televisión de romper ilegalmente un contrato y reiteró sus ofensas contra los mexicanos. “Todo lo que dije sobre ellos es cierto”, insistió.
La comunidad hispana de Estados Unidos es, en su mayoría, mexicana o descendiente de mexicanos y es una parte importante de la economía del país; eso lo saben las empresas que han comenzado a fijarse en ellos y a invertir en proyectos enfocados exclusivamente en ese mercado.
Cinco días después del anuncio de Univision, y al darse cuenta de que las ofensas de Trump a los mexicanos no cesaban, sino crecían, NBCUniversal, una de las cadenas de televisión más importantes de Estados Unidos le asestó otro golpe al aspirante presidencial republicano.
NBCUniversal, cadena en la cual se transmitía semanalmente el programa Celebrity Apprentice –del cual Trump es la estrella principal–, anunció oficialmente que dejaría de transmitir los concursos de Miss Universo y Miss USA.
También la semana pasada Televisa y Ora TV –ésta, propiedad de Carlos Slim– decidieron romper sus relaciones comerciales con Trump. Para rematar, el miércoles 1 la cadena de tiendas departamentales Macy’s informó que retiraría de sus aparadores la línea de ropa diseñada por Trump.
Ese mismo día se supo también que Colombia no participará en el certamen Miss Universo y que 5 Rabbit, cervecería latina de Chicago, dejaría de enviar su producto al restaurante del millonario y aspirante presidencial, el Rebar, localizado en el famoso edificio neoyorquino de condominios, la Trump Tower.
Pérdidas mínimas
En la lista de la revista Forbes de los más ricos del mundo en 2015, Donald Trump ocupa el lugar 405, con una fortuna calculada en 4 mil 100 millones de dólares.
El rompimiento de la relación empresarial o de negocios de algunas cadenas de televisión y empresas con Trump, al millonario en términos económicos reales no le afecta mucho.
Él mismo declaró a politico, medio estadunidense que se publica sólo en internet, que el acuerdo con Univision para transmitir el concurso de Miss Universo costó 13.5 millones de dólares por un contrato de transmisión de cinco años.
No obstante, el pasado 30 de junio Trump informó que demandaría a Univision por rompimiento de contrato y buscaría una compensación de 500 millones de dólares.
A politico Trump también le reveló que con NBCUniversal estaría perdiendo unos 65 millones de dólares y que demandaría a la cadena de televisión. Sobre lo que le costará que Televisa y Ora TV no transmitan su certamen de belleza, Trump dijo que no sabía exactamente de cuánto sería la pérdida. Algunos expertos aventuraron una cifra no mayor a 5 millones de dólares.
La eliminación de su línea de ropa de diseñador de los aparadores de las tiendas Macy’s en todo Estados Unidos, de acuerdo con cálculos de expertos en mercadotecnia, representaría para Trump una pérdida anual de por lo menos 3 millones de dólares; lo de la cervecería 5 Rabbit, apenas unos cuantos miles de dólares.
En total y hasta el momento, las declaraciones racistas de Trump hacia los mexicanos le están costando unos 90 millones de dólares, apenas una mínima cantidad del total de su fortuna.
En el Capitolio, los líderes del Partido Republicano se han abstenido de comentar lo dicho por Trump acerca de los mexicanos. Ni lo critican ni lo convalidan porque en el fondo están de acuerdo con el proyecto de amurallar la frontera con México, pero saben que su mejor oportunidad para quitarle la Presidencia a los demócratas el próximo noviembre no es con el magnate como candidato.
Los analistas políticos y expertos en materia electoral, en sus pronósticos ni siquiera le dan la oportunidad a Trump de que termine como segundo lugar en la contienda. Sin embargo, el multimillonario comulga con las ideologías más conservadoras de un sector importante de la sociedad estadunidense.
A los republicanos les conviene que las ideas de seguridad fronteriza, aunque exageradas que propone Trump, se incluyan en parte en la plataforma política de quien vaya a ser su candidato presidencial. Será a ese candidato a quien le toque modular la caracterización que hizo Trump de los mexicanos, tomando en cuenta que el voto latino podría ser clave para definir al ganador de los comicios presidenciales.
A Trump sus palabras racistas no le quitan el sueño, en términos económicos, y políticamente lo hacen más famoso entre el sector conservador de la sociedad estadunidense, donde aún campea el racismo.








