En el contexto de las artes visuales, las becas del Sistema Nacional de Creadores (SNC), lejos de beneficiar a los artistas, los han convertido en profesionales muy vulnerables. Sin una estructura que les permita exhibir, poner en valor y vender sus creaciones, la mayoría de los artistas necesitan las becas del Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) no tanto como un apoyo para producir sino, principalmente, como un seguro de desempleo.
Creadas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y gestionadas a través del Fonca, las becas operan bajo una irresponsable ambigüedad que permite utilizarlas como subvención para artistas que carecen de demanda mercantil –la mayoría de los becados–, como reconocimiento para creadores de comprobado éxito comercial como Pedro Reyes y Gabriel de la Mora que, a través de galerías como la inglesa Lisson y la mexicana OMR, respectivamente, asisten a ferias tan importantes y lucrativas como Art Basel; y como excedente para autores que la solicitan aun cuando tienen obligaciones laborales de tiempo completo: Saúl Villa, director de artes Visuales de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.
Sin sorpresas favorables, el lunes 22 se dieron a conocer los resultados de la edición 2015 del SNC. Con 338 postulantes, la sección de artes visuales fue favorecida con 50 seleccionados. Sin describir los criterios utilizados para calificar la calidad de las obras, el Comité de Selección para escultura, fotografía, gráfica y pintura, integrado por Gerardo Suter, Jan Hendrix, Kiyoto Ota y Arnaldo Coen, seleccionó, entre otros, a los pintores Berta Kolteniuk, Luis Argudín y Daniel Lezama: ¿Qué atributos percibió el jurado en la obra de Kolteniuk, en qué consiste lo propositivo y significativo de su proyecto, y cuáles son los premios que ha recibido –categorías que exige la convocatoria–; cómo va a cumplir Argudín con su compromiso cuando tiene obligaciones de tiempo completo en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Nacional Autónoma de México; y cómo se justifica que existiendo un recorte presupuestal en el subsector cultural, se le vayan a regalar casi 400 mil pesos anuales durante tres años a un artista de tan alta cotización comercial como Lezama?
Activo desde 1993 y con numerosos artistas beneficiados repetitivamente durante los 22 años que ha durado el programa, el SNC no puede ocultar su fracaso. En el ámbito internacional, los artistas mexicanos más reconocidos –Gabriel Orozco y Damián Ortega– no han necesitado la beca para integrarse en el mainstream. En el escenario local, escultores tan exitosos comercialmente como Javier Marín, Jorge Marín y Rivelino tampoco han recurrido al estímulo oficial. Invadido por artistas oficialistas que no se avergüenzan de drenar el presupuesto público, la beca no ha promovido la libertad de expresión ni ha generado programas de beneficio social para los mismos artistas.
Convertido en un paliativo que los distrae de necesidades más apremiantes –como un sistema de seguridad social y una estructura comercial para sus creaciones–, el SNC es un programa fallido que Rafael Tovar, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, debería reestructurar o cancelar.








