Grupo UdeG: fracaso político

Primero el descenso de su equipo de futbol, los Leones Negros. Tenían en sus manos un buen distractor masivo para tanta muchachada que sólo anda a la búsqueda de frivolidades. Pero, bueno. Por décadas, le funcionó a este grupo ofrecer como carnada el trampolín para los puestos públicos. No importa que para tal logro se pague el costo de la cooptación y la mediatización. Los administradores universitarios tienen convertida a la universidad en un surtidor de supuestos cuadros políticos. El tránsito de las aulas a los corredores del poder es la simbiosis cruda, que la define. No escapa de esta deformación ninguno de sus personajes emblemáticos. Pareciera ser un ejercicio exitoso, aunque ahora les empieza a cambiar el sentido del viento.

En el pasado fueron la Federación de Estudiantes Socialistas de Occidente (FESO) y la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), que ya son historia. Lo reciente se borda con la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). Su dueño y señor, Raúl Padilla, quiso hacer de ella una incubadora donde calentar los polluelos de la grilla. Aristóteles, gobernador, proviene de esta “escuela de cuadros”. Fue diputado primero, luego alcalde y ahora se pavonea como gobernador. Trotan estos “cuadros” con los colores del acorazado PRI, aplanadora que no había sufrido deterioro, a pesar de que estuvo tres sexenios alejado de la titularidad del Poder Ejecutivo estatal, por aquello de las concertacesiones salinistas con el PAN.

Ricardo Villanueva Lomelí venía siguiéndole las mismas pisadas a Aristóteles. Aristóteles, junto con su camarilla desde luego, le franqueó el mismo camino. Todo indica que traía la bendición de su padrino común, Raúl Padilla, y también la obsecuencia del centro, donde se atan todos los cabos sueltos. Tras la alcaldía de Guadalajara iría por la plaza de gobernador, un esquema de continuidad que no les fallaría. No contaban con que su retador, Enrique Alfaro Ramírez, les descarrilaría tan onírico plan, trillado pero invicto, enarbolando los colores del partido del Movimiento Ciudadano (MC).

Del capo de este grupo universitario extraviado, Raúl Padilla, hay que decir que ha sido mimado mucho tiempo con la cantilena de la habilidad y la viveza extremas. Sus apologistas le aplican a la letra aquello del refrán sobre Jalisco: Nunca pierde; y cuando pierde, arrebata. Alentó a sus ganosos a copar las filas del PRD, hasta que se apoderó de él. Promovió esta práctica cuando la dinámica política nacional apuntaba a que la izquierda conquistaría los puestos de gobierno y perduraría en ellos. Una mala lectura. El PRD se llenó en todo el país de trepadores y convenencieros, como el propio Padilla, y dieron al traste con esta perspectiva. Ahora es un partido que desfondó su base social y para su futuro se contemplan el desencanto y la decepción generalizada.

Antes de que se apoderara esta deformación del PRD nacional, en Jalisco los padillos ya lo habían tornado una piltrafa. Desvaído como partido, convertido en caricatura, ya no rinde frutos sazones. Es la razón por la que Celia Fausto y Enrique Velázquez, chapulines perredistas de curul en turno, no consiguieron nada al saltar sin red del Congreso estatal a una regiduría en Guadalajara y en Zapopan. Triste la calavera para estos polichinelas, acostumbrados a jugarle al ensarapado en los repartos. Alguna vez les iba a fallar la pichada.

Padilla ya había tomado providencias para trances de esa laya. Se veía previsor. Si le fallaba el PRD en dotar de fuero a sus títeres, el PRI no se le iba a rajar. Al ver a la aplanadora en plan de regreso triunfal, volcó allá a sus favoritos. Los marcó con el sello de la casa: UdeG y PRI, hermanos de leche, una deformación que clama al cielo. No había poder humano que destrabara tal nudo gordiano. Para no arriesgar posibles infidelidades, metió a la cartelera a la familia. A Trino, su hermano, lo hizo primero rector para darle proyección. Vino después la curul federal y luego la permuta con la local. Iba otra vez por la federal, en el mismo distrito, el más seguro, el más priista, el XIII, al oriente de la ciudad. Pero lo atropelló el tráiler naranja. Como a los coheteros malos, se le cebó.

Lo mismo le pasó a Leobardo Alcalá Padilla, primo hermano de Raúl. Lo puso éste a contender por la alcaldía tapatía hace buen tiempo, antes que Aristóteles. Sólo llegó a regidor. Luego fue diputado federal por el VIII Distrito. Ahora estaba soñando ya con la curul local del mismo octavo. Pero también se lo chupó la bruja naranja. En la boleta apareció, para el ocho federal, Mariana Fernández, hija de Samuel Fernández Ávila, que ha sido directivo en la Escuela de Derecho. También pertenece a esta banda de chapulines padillistas, a pesar de su juventud. La cargó al barranco el descarrilamiento.

Abril Alcalá Padilla, hermana de Leobardo, prima hermana de Raúl, le bailó en la danza de la curul federal del Distrito VI. Enrique Aubry Palomino, raro, pero también traía conchinchi padillista en el Distrito 14 local, con las siglas del Verde Ecologista. La misma historia para Verónica Juárez, por la curul local del distrito 16. Todos estos personajes invictos mordieron el polvo ante la embestida naranja, que les atropelló sin misericordia.

Enrique Alfaro ofreció una rueda de prensa la misma noche de los comicios. Dijo dar por terminada la guerra sucia que produjo la campaña. Ahora se impone la serenidad de la victoria. Hablaría con Aristóteles para llegar a acuerdos de gobernabilidad, que es lo que merecemos los electores. Aristóteles se expresó al día siguiente en los mismos términos sobre el asunto y confirmó que hablaron ambos por teléfono y llegaron a algunos acuerdos. Tanta civilidad anonada. Este redactor acudió al comité del MC, para saber en corto de esta sana actitud política. Interrogó a Enrique Ibarra Pedroza sobre lo expuesto. Ibarra confirmó la postura, como oficial, en cada uno de sus puntos.

¿No desgastó lo suficiente las relaciones sobre todo la insidiosa guerra sucia que salió de las troneras de la UdeG?, fue la pregunta central. Sí, vino como respuesta. Pero lo que sigue es tender puentes. Eso lo afirmó Ibarra con toda claridad. Es lo que conviene ahora. El grupo UdeG sale debilitado en extremo. Todas sus fichas fueron abatidas. Pero la derrota más estrepitosa les viene de no haberles salido su jugada maestra. Socavarían Tlajomulco, aprovechando que el equipo naranja se apuntalaba para conquistar la capital. Con esa partida desinflarían todo el proyecto naranja. El carro completo los dejó turulatos.

Peor queda el cuadro con su malhadada encuesta electoral, despachada el último día de campaña. Se inscribe en el desprestigio académico y en el incremento de pérdida de credibilidad. La presentaron como resultado de sesudos análisis, bajo cuidadosa metodología, siendo una burda treta de campaña. Toda su parafernalia enconosa se vino al suelo tres días después, desmentida por los resultados reales. Daba por ganador a su favorito Ricardo Villanueva. Quedó exhibida al mostrar no sólo una equivocación, sino una diferencia de más de 20 puntos porcentuales. La cura para la universidad vendrá de que sus docentes y alumnos no dañados por el virus de la grilla acomodaticia se arrisquen ya las mangas y se pongan a trabajar en serio, para recuperar el prestigio perdido. Para eso tendrán que hacer a un lado a esos próceres administrativos que la mantienen sumida en mafufadas electoreras y en la grilla insulsa. Salud.